Tras haber fracasado en detener un genocidio en Palestina, haber fracasado incluso en protestar (1) por el secuestro del presidente venezolano con acusaciones totalmente infundadas, (2) la instalación y aprobación de un gobierno títere en el país, (3) el sometimiento de Cuba a sanciones hasta casi su extinción contra la voluntad de una inmensa mayoría de los miembros de la ONU, (4) el lanzamiento de una guerra no provocada contra Irán, (5) la negativa a asegurar un acuerdo en Ucrania, surge una pregunta. ¿Para qué sirve la ONU? Y si la respuesta es que para muy poco, ¿por qué no abolirla y buscar otras soluciones más representativas? Mi modesta propuesta es abolir la ONU, vender el edificio comprado originalmente a Rockefeller y donar las ganancias a los países que lo necesiten.
Imperialismo
Sherena Razek / Intifada Elemental: cómo Palestina deshace el Antropoceno
Filosofía, PolíticaEscribí sobre el río y el mar, sobre el mañana y el sol,
y nada se obtuvo de ello.
Escribí sobre la opresión y la depravación —también sobre la pureza.
Dormí sin probar bocado de pan.
Soñé sin sueños.
Desperté sin echar de menos mis manos ni mis pies ni mi reflejo en el espejo
ni la cosa que llamo mi alma.
Morí y viví. Me prendí fuego a mí misma. Me apagué con mis propias cenizas,
y nada se obtuvo de ello.
Soy todos estos elementos, oh Dios: fuego, tierra, viento y agua.
Su quinto es un dolor que las canciones ciegas no pueden ver, su sexto es esta inmensa
soledad, y su séptimo, desde mi matanza, es la sangre.
Cuando ardí, habité las letras de mi nombre libre como una mariposa:
P A L E S T I N A
— Ibrahim Nasrallah, «Palestina», traducción al inglés de Huda Fakhreddine
La tierra es el único archivo al que acudo, y habita en mi cuerpo. Habla a través de mí en fuego, en árabe, en ausencias, en piedra, a través de hijas y de flores brotadas de la sangre de los mártires. He estado en Palestina solo dos veces en mi vida. La última vez, puse en práctica lo que había aprendido de otras mujeres palestinas sobre el arte de cargar con una patria. Introje clandestinamente dos pequeños recipientes de Palestina en mi equipaje: un contenedor de tierra recogida en Ein Karem, ungida con agua del manantial natural al que llegué a través de un mar de turistas bíblicos parlanchines —fuera de lugar y desconectados—, para mi hermano elegido en el exilio, que debía haber estado allí en lugar de ellos. El otro, de Burqa, era para mí. Cuando entregué unos puñados de Ein Karem a mi amigo más querido, hundió el rostro en la tierra y la respiró. A través de su aroma, regresó.
Aldo Bombardiere Castro / Tercera divagación acerca del Mundial 2026: La argentinidad como síntoma decolonial
Filosofía, PolíticaDos escenas: Messi y Maradona
Escena 1. Miami, Mundial de fútbol 2026. Argentina enfrenta a Cabo Verde por la ronda de dieciseisavos de final. Minuto 72, el marcador emparejado 1 a 1. tiro libre al borde izquierdo del área grande a favor de la albiceleste. El veterano y, hasta antes del Mundial, desconocido arquero Vozinha ordena la barrera apoyado sobre uno de sus palos. Aún no se escucha pitazo del juez, pero Messi, justamente mientras Vozinha continúa ordenando la barrera, remata hacia el lado contrario del portero. Vozinha, nacido hace cuarenta años en alguna de esas islas de roca verdosa y de peces melancólicos, de esas islas otrora esclavizadas por el poder colonial portugués, milita en la segunda categoría del país luso. Pero nada de eso importa. Porque Vozinha, volando de un palo hacia el otro, logra desviar el remate de Messi con ambas manos, arrojando la pelota tras la línea de fondo. El tiempo se detiene por un segundo y un relámpago nos ilumina antes de que se ejecute el corner. Luego lo olvidamos, aunque la luz del relámpago permanece en algún lugar invisible, pero siempre a un paso de resurgir. Entonces lo notamos. Messi, uno de los mejores jugadores de la historia, buscaba hacerle un gol a Vozinha motivado por el mismo tipo de aprovechamiento e inmoralidad con que el poder azota a los pueblos día a día. Motivado por el mismo descaro con que la imperialidad colonial ha destruido el mundo y ha subsumido a los Mundiales de fútbol en la ilusoria espectacularización del capital.
Mauricio Amar / Palantir y la idiotez sofisticada
Filosofía, PolíticaPalantir ha lanzado un manifiesto y el mundo queda estupefacto ante lo que ya era evidente. Quizá lo que resulta terrorífico para la mayoría es que aquello que está inscrito en la cibernética desde su origen se vuelva nuevamente, esta vez con el objetivo específico de desarrollar la Inteligencia Artificial, autoconsciente. De pronto la estupidez y vulgaridad de Trump se evidencian como adornos superfluos de un poder soberano que entiende que el circo de los deseos más básicos debe seguir funcionando, pase lo que pase, para asegurar la distracción. Ahora, bajo esta capa se asoma abiertamente la otra, que convence a los idiotas más sofisticados, que ya desde hace tiempo venían alegando la degradación del proyecto imperial estadounidense a causa de la introducción de una cultura moralmente liberal. Pero Palantir, con su falsa intelectualidad, llega tarde. Estados Unidos ha entrado en una fase de decadencia irrefrenable y la causa– cosa que el sionista Alex Karp jamás entenderá– no es la cultura Woke, la teoría de la deconstrucción o la crítica del orientalismo, sino la destrucción del propio capitalismo industrial por el neoliberalismo. La paradoja es que Palantir no es hijo del capitalismo industrial, que fue el marco en el que se dio el proyecto Manhattan, tan nostálgico para Karp, sino de su teoría económica destructiva que ha hecho surgir, incluso, una subjetividad macabra como las de estos CEO’s autodenominados filósofos.
Alberto Toscano / El eje del caos
PolíticaLa guerra que Israel y Estados Unidos lanzaron contra Irán el 28 de febrero de febrero, con la “decapitación” de la dirigencia del país y el bombardeo de cientos de objetivos militares y civiles —incluida una escuela de niñas en Minab, donde al menos 165 niñas y miembros del personal fueron masacrados— se ha transformado rápidamente en una conflagración regional de consecuencias incalculables.
Aunque ya estaba debilitado por la “guerra de 12 días” israelo-estadounidense de junio de 2025 —que el presidente Donald Trump declaró que había “obliterado” las capacidades nucleares de Irán— y aunque es despreciado por muchos iraníes por su represión asesina de la protesta civil, el régimen iraní aún no ha sido socavado por la pérdida de figuras clave del gobierno, entre ellas el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, el ministro de Defensa y el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés). Anticipando una decimación semejante de sus élites, Irán utilizó una estructura de mando descentralizada para organizar ataques no solo contra objetivos israelíes y estadounidenses, sino también contra infraestructuras energéticas y civiles en los Estados del Golfo de los que depende la estrategia regional de Estados Unidos.
Tariq Anwar / Guerra, capital y abolición
Filosofía, PolíticaLa atrocidad de la guerra impide ver lo que ella verdaderamente es: un síntoma. No el origen del mal, sino su manifestación más brutal, la forma en que el capitalismo resuelve sus propias contradicciones cuando ya no encuentra otro camino. El mecanismo es conocido, aunque su conocimiento no lo vuelva menos obsceno. El capitalismo acumula hasta sobreacumularse, invierte hasta que la inversión deja de rendir, produce hasta que la producción se convierte en su propio obstáculo. Entonces necesita destruir. Y la destrucción más rentable, la que abre nuevos mercados, liquida el capital excedente y relanza el ciclo de acumulación, es la guerra . Los pueblos masacrados son, en este esquema, una variable de ajuste. El petróleo, el gas, las rutas comerciales, los contratos de reconstrucción: esas son las verdaderas líneas del frente. Las armas que se venden para continuar la masacre no son un efecto colateral sino el núcleo del negocio: Biden lo admitió sin pudor cuando explicó que los «paquetes de ayuda» a Ucrania eran, en realidad, órdenes de compra para la industria armamentística estadounidense.
