Francesco Sticchi / Un nuevo lenguaje para el conflicto

Filosofía, Política

Fuente: Le parole e le cose

En La máquina blanda, William Burroughs describe el lenguaje como un virus (y hoy podríamos decir que los virus son lenguajes), un flujo de información que modifica cuerpos y sistemas relacionales según su propia lógica interna. La Guerra Fría, como también señaló Gregory Bateson con la noción de cismogénesis (generación negativa por separación), fue un lenguaje de oposiciones binarias, que se desarrolló parasitariamente a través de una continua escalada de posiciones. Acumular bombas atómicas por decenas de miles en cada bando, lanzarse a guerras continuas por cuenta de terceros, construir fronteras y líneas de influencia arbitrarias, todas estas y otras operaciones no hacían sino encarnar y reproducir la lógica lingüística de los bloques enfrentados. La guerra abierta en Ucrania, como ya se ha mencionado en las intervenciones de Ida Dominijanni, Lea Melandri y Nadia Urbinati, nos presenta una nueva semiosis binaria. En todas partes se oye hablar repetidamente de liberalismo-autoritarismo, de occidente-oriente y, por supuesto, de amigos-enemigos. Más allá de la hilaridad que provocan estas oposiciones, y de la constatación de que este léxico nunca ha desaparecido del debate público, lo que resulta especialmente inquietante es cómo estas dicotomías parecen ser el único recurso ante las crisis urgentes del presente y del futuro próximo. Las grandes urgencias ecológicas, políticas, económicas y, por tanto, también semióticas de nuestro tiempo no encuentran otra respuesta que en el pomposo «¡Apretar las filas!» Nunca ha estado Europa tan unida políticamente como en su rechazo frontal al imperialismo ruso, se afirma en muchos sectores con un mal disimulado optimismo desesperado. Sin embargo, esta aparente unidad no es, de nuevo, más que una expresión del lenguaje de la guerra posicional y un movimiento reactivo, y por lo tanto carente de toda fuerza creativa. Occidente no se recompone en torno a las nociones de bienestar, de futuro, de prosperidad, de reanudación de la democracia tras décadas de vaciado de sus estructuras, sino sobre el orden, el frente y el rearme, incluso de aquellas comunidades que habían hecho del desarme un valor político aparentemente innegociable. Junto al enemigo de ahora (Rusia), se piensa en los enemigos de después (China), en los verdaderos amigos y en los falsos amigos, que se decretan y establecen en función de las necesidades contingentes. Las figuras neocon que son corresponsables de las tragedias y masacres en Oriente Medio vuelven a ser noticia, y Hillary Clinton habla con ligereza de convertir a la resistencia ucraniana en los nuevos muyahidines afganos, sacrificando a toda una población para desangrar al eterno enemigo, siguiendo el manual de la Guerra Fría.

Aldo Bombardiere Castro / Geopolítica: tablero de guerra

Filosofía, Política

“Las consignas «No a la guerra», «Paz», «Ni con Putin ni con Biden» parecen débiles e impotentes si no encuentran su fuerza contra Putin y contra Biden. La oposición a la guerra debe basarse en una enérgica lucha contra las diferentes formas de capitalismo y soberanía en disputa e igualmente movilizadas en la organización de la dominación, la explotación y la guerra.” Maurizio Lazzarato, La guerra en Ucrania, Revista Disenso.

“La guerra es una mierda.” Inna Afinogenova, periodista de Ahí les va (RT en Español).

La guerra es una mierda. Y esa es nuestra tragedia.

Dentro de las múltiples perspectivas de abordaje interpretativo que resiste el acontecimiento de la invasión rusa a Ucrania todas remiten a un denominador común. Se trata de interpretaciones que descansan sobre un mismo “horizonte de sentido”: la geopolítica. La ironía está en que tal horizonte de sentido geopolítico, antes que permitirnos vislumbrar y crear nuevas formas de vida y modos de habitar la existencia, porta una amenaza angustiante: el advenimiento del sinsentido.