¿Cuál es el destino que abre el horizonte? ¿Hacia dónde nos orienta? ¿De dónde proviene su estela? ¿Acaso existe un detrás suyo? Pero, ¿qué es el horizonte, si acaso es? O, por el contrario, ¿acaso sólo indica la extensión infinita de todo caminar y, con ello, lo infinito del caminar mismo? Y en tal caso, ¿podría ser que el horizonte tan sólo nos abriera paso para dibujar, en lugar de un mundo nuevo, la proyección perfeccionada de éste? Y de ser así, el horizonte nos permitiría, más que danzar con lo porvenir, ¿únicamente clavar en el futuro la coreografía ya acotada al insípido ritmo de nuestras ilusiones? En ese sentido, todo horizonte sería la prolongación infinita de esta tierra que hoy pisamos, de este cemento sobre el cual nuestros pies a ratos se elevan y de este cemento entre el cual nuestros pies continúan sangrando. Entonces, ¿cuáles encuentros ya ocurridos nos aguarda el horizonte? ¿Qué promesas y luminosas libertades no cesa de recitar a nuestro oído para despertarnos esta misma sed que se jacta de llegar a apaciguar? ¿Qué huidizos deseos estimula, cuáles son los delirios con que nos arrebata, en virtud de cuáles piernas cruzadas nos entierra la daga de su tan deseada como esperable utopía?
sionismo
Mauricio Amar / Palantir y la idiotez sofisticada
Filosofía, PolíticaPalantir ha lanzado un manifiesto y el mundo queda estupefacto ante lo que ya era evidente. Quizá lo que resulta terrorífico para la mayoría es que aquello que está inscrito en la cibernética desde su origen se vuelva nuevamente, esta vez con el objetivo específico de desarrollar la Inteligencia Artificial, autoconsciente. De pronto la estupidez y vulgaridad de Trump se evidencian como adornos superfluos de un poder soberano que entiende que el circo de los deseos más básicos debe seguir funcionando, pase lo que pase, para asegurar la distracción. Ahora, bajo esta capa se asoma abiertamente la otra, que convence a los idiotas más sofisticados, que ya desde hace tiempo venían alegando la degradación del proyecto imperial estadounidense a causa de la introducción de una cultura moralmente liberal. Pero Palantir, con su falsa intelectualidad, llega tarde. Estados Unidos ha entrado en una fase de decadencia irrefrenable y la causa– cosa que el sionista Alex Karp jamás entenderá– no es la cultura Woke, la teoría de la deconstrucción o la crítica del orientalismo, sino la destrucción del propio capitalismo industrial por el neoliberalismo. La paradoja es que Palantir no es hijo del capitalismo industrial, que fue el marco en el que se dio el proyecto Manhattan, tan nostálgico para Karp, sino de su teoría económica destructiva que ha hecho surgir, incluso, una subjetividad macabra como las de estos CEO’s autodenominados filósofos.
Gershom Scholem / A propósito de nuestra lengua: una confesión (1926)
FilosofíaIntroducción y traducción por Gerardo Muñoz.
Introducción
Escrita en diciembre de 1926 y dirigida a Franz Rosenzweig, aunque recobrada en sus papeles póstumos, este breve texto de Gershom Scholem hoy nos parece profundamente profético. Dejando constancia de su malestar ante lo que ya se asomaba como un descarnado proyecto de ‘nation state building’, para Scholem la política catastrófica nacionalista solo podía entenderse tomando en cuenta la “actualización de la lengua hebrea” que se encaminaba a catástrofes venideras. Acotada a la medida de las exigencias unificadoras del proyecto nacional, el hebreo se despojaba de su dimensión sagrada para integrar la nueva época de nacionalismos lingüísticos bajo el imperativo de una gramática ajena a la posibilidad de los nombres. Al igual que Erich Auerbach quién veía desde su exilio en Turquía el ascenso de una nueva cultura global del esperanto, para Scholem la inserción instrumental sobre la lengua pronto se tornaría contra sus hablantes [1]. Es probable que Scholem no desconociera el breve texto de Franz Rosenzweig «Neuhebräisch?» (Neohebreo) publicado ese mismo año enDer Morgen, el que notaba el asalto de una “neolengua” validada a la fuerza, puesto que la raíz del judaísmo residía en su dimensión espiritual, al margen de todo horizonte del estado nación y del mando político [2]. La nacionalización del hebreo en tanto que lengua viva entonces se transformaba en otro apéndice de la condición nihílica de la modernidad, que además terminaba por abdicar lo más íntimo de un pueblo, el judío, como experiencia exílica permanete; esto es, como remanente en un mundo que tambien es remanente de dios [3]. Visto así, podemos decir que la operación política del Sionismo como ideología nacional tardía no solo consiste en construir una legitimidad territorial pseudomítica, sino que emerge como un dispositivo de secularización que, mediante la destrucción interna de su lengua, intenta trasplantar un fondo teológico al marco de una legalidad regulada por una forma estatal homogénea. Lo que Scholem denomina hacia el final de su texto la “vía apocalíptica” es el sobrevenido de un proceso de erosión ética al interior de una lengua que ahora ha quedado huérfana del don de la experiencia así como de la promesa de redención. La irrupción del mal como única tonalidad intramundana se vuelve proporcional a la pérdida de contacto con la herencia de la lengua a la que hemos sido arrojados. Y como hemos notado en tiempos recientes, ahora podemos ver con claridad que no es una mera coincidencia histórica que la destrucción de Palestina esté teniendo lugar a la par de la destrucción de las lenguas y mundos hacia la configuración de la Inteligencia Artificial [4]. Una lengua a la medida de la fuerza del juicio ha terminado volviendo permanente la catástrofe de nuestra propia destrucción, tal y como hace exactamente un siglo atrás Scholem ya nos había alertado. –
Gerardo Muñoz / El coraje de llamarse Idris Robinson
PolíticaComencemos por los hechos. A finales del mes de junio de 2024, el joven filósofo afroamericano Idris Robison participó junto a otro grupo de colegas en una mesa redonda sobre resistencia y liberación palestina en la ciudad de Asheville en Carolina del Norte. Durante el conversatorio un grupo de militantes proisraelíes interrumpieron el acto de la presentación con altisonantes vituperios y exclamaciones, celulares en mano. Ya desde ese momento las calumnias y las amenazas se dejaban escuchar con nitidez. Poco tiempo después el conversatorio se interrumpe y el conferencista se ve forzado a salir por la puerta de atrás. Se trataba de un conferencista que aludía a Walter Benjamin y a Franz Fanon, al Torah, al mesianismo y a la filosofía de la historia. Esta es la primera escena.
Exactamente un año después, ya hacia finales de mayo y comienzos de junio, aparecen en las redes sociales recortes audiovisuales de la presentación del profesor Idris Robinson que incitaban a contactar a su universidad con el objeto de sentar un escarmiento y dejarlo sin empleo. En un despliegue espectacular del asesinato de biografia, se identificaba con nombre y apellido a la figura, y se explicitaban nexos institucionales con el número de teléfono del rector y de la oficina del decanato de la universidad estatal de Texas. Sobre esos días, entonces, Robison fue formalmente aliviado de responsabilidades universitarias, y posteriormente advertido que sería despedido al año y un día; esto es, ahora en el próximo mes de mayo de 2026, interrumpiendo su proceso de permanencia, hasta hace muy poco una de las garantías sacrosantas de la universidad norteamericana.
Abdaljawad Omar / “La soga es solo para los árabes”: la nueva ley israelí de pena de muerte para palestinos recicla un manual colonial
PolíticaLa imagen del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, exultante mientras intentaba abrir una botella de champán en el pleno de la Knéset por la aprobación de una ley de pena de muerte para palestinos, quedará anclada en la historia como una de esas fotografías que no necesitan pie de foto.
Es la imagen de un país que nunca abandonó realmente el momento colonial en el que nació. No solo heredó prácticas británicas, sino que las mantuvo vivas durante más de 70 años. Ahora vuelve sobre sus pasos para recuperar una de las más oscuras de esas prácticas.
La nueva ley israelí de pena de muerte, que apunta exclusivamente a los palestinos, no surgió de la nada. Fue heredada de un patíbulo que los británicos ya habían construido en la misma tierra, probándolo sobre el mismo pueblo y bajo el mismo cielo. En su estudio sobre la “pacificación” británica de Palestina, Matthew Hughes, historiador militar de la Universidad Brunel, muestra cómo los tribunales militares establecidos por el Mandato Británico en noviembre de 1937 estaban diseñados, ante todo, para la rapidez: un terror ejecutado con tanta celeridad que nadie tenía tiempo de apelar ni de apartar la vista. El jeque Farhan al-Sa’di, anciano dirigente revolucionario qassamita y uno de los principales comandantes sobre el terreno del levantamiento de 1936, fue capturado un lunes, juzgado un miércoles y ahorcado un sábado. Es la misma ley que Israel ha reintroducido hoy.
Alberto Toscano / El eje del caos
PolíticaLa guerra que Israel y Estados Unidos lanzaron contra Irán el 28 de febrero de febrero, con la “decapitación” de la dirigencia del país y el bombardeo de cientos de objetivos militares y civiles —incluida una escuela de niñas en Minab, donde al menos 165 niñas y miembros del personal fueron masacrados— se ha transformado rápidamente en una conflagración regional de consecuencias incalculables.
Aunque ya estaba debilitado por la “guerra de 12 días” israelo-estadounidense de junio de 2025 —que el presidente Donald Trump declaró que había “obliterado” las capacidades nucleares de Irán— y aunque es despreciado por muchos iraníes por su represión asesina de la protesta civil, el régimen iraní aún no ha sido socavado por la pérdida de figuras clave del gobierno, entre ellas el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, el ministro de Defensa y el comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés). Anticipando una decimación semejante de sus élites, Irán utilizó una estructura de mando descentralizada para organizar ataques no solo contra objetivos israelíes y estadounidenses, sino también contra infraestructuras energéticas y civiles en los Estados del Golfo de los que depende la estrategia regional de Estados Unidos.
