En un texto reciente escrito para rememorar la Nakba, el pensador Mauricio Amar proponía de manera velada algo que merece una cuidadosa atención: nuestra época está enmarcada por dos nociones que nos han sido donadas por la experiencia palestina, esto es, la nakba y la intifada [1]. Son dos palabras que, lejos de activar una oposición dialéctica, son el grado de la curvatura de una experiencia histórica que en el presente nos entrega algo un espejo nocturno, que es imagen de pensamiento y tranquilidad. Pensar con claridad es preparar una salida de las ruinas y hostilidades; y en segundo término, rechazar en todo momento el estratagema de la “pacificación” y de los tratados de paz (también en sus formulaciones cosmopolitas) aún enraizados en las turbias corrientes de la barbarie. Las antiguas palabras de Tácito siguen resonando como viejas campanas: “hacen un desierto y lo llaman paz (ubi solitudinem faciunt, pacem appellant). ¿Y qué no es la Pax israeliana sino una guerra sin fin bajo los presupuestos de la usurpación desfigurada del llamado del theos? En nombre de la “paz”, la oscuridad cae sobre la tierra, pues ya no hay garantía de tranquilidad ni de concordia. Y es sólo en la vía tranquilitas que los pensamientos, como ligeras nubes de verano o esponjas del móvil que se inclina sobre una cuna, se amontonan en un lugar de entonación tan imperceptible como provisoria.
sionismo
Miguel Ángel Hermosilla / La caída de la crítica y el estallido de la universidad: Una lectura del genocidio en Palestina
Filosofía, PolíticaVino con todos sus ungüentos
Vino fingiéndose la luz,
Vino demócrata y con cruz.
La virgen de Occidente.
A propósito del fin de la Universidad moderna, que describe Rodrigo Karmy, en La Universidad estallada. Palestina y el devenir de las humanidades, y la desesperación impotente del juicio, la crítica y del discurso universitario respecto de la implosión de la academia, que muestra el fin de una frontera entre un interior/ exterior, expresada en el agotamiento del vínculo moderno entre inteligencia universitaria y mundo social, que habría sido establecido por la soberanización del pensamiento en la Universidad estatal del sujeto moderno, a decir de Thayer, en “La crisis no moderna de la universidad moderna”1, y las nuevas formas de hegemón financiero fundado por las políticas neoliberales a partir de los setentas en gran parte de las sociedades contemporáneas. Nos proponemos aquí, entonces, a partir de una cierta modalidad de diálogo con el texto de Rodrigo Karmy, interrogar la aporía analítica de pensar, el estatuto de la crítica y su relación con la axiomática del capitalismo global integrado, atendiendo a la pregunta; ¿de cuán universitario es también el capital financiero, en tanto que tecnología y administración académica del pensamiento? En ese escenario discursivo, la discusión que Karmy abre respecto de la implosión de la razón universitaria, en el contexto de la violencia genocida del fascismo sionista en Palestina, nos invita a pensar y problematizar, también: ¿Cuál es el lugar de la universidad y la crítica hoy?, ¿qué derroteros epistémicos le esperan al pensamiento, en el paradigma de lo que podríamos denominar; “la caída de la crítica en la facticidad de la violencia equivalencial?”.
Rodrigo Karmy Bolton / Un mensaje de emergencia
Filosofía, PolíticaPalestina bajo fuego. Conversaciones en la era del genocidio, que, por vez primera fue publicado a finales del año 2025 en formato PDF y que circuló sólo en versión digital, hoy se presenta de manera impresa gracias al impulso de Isidora y Gonzalo que, a contrapelo del reino del capital que se impone por doquier, ofrecen un refugio, un pequeño mundo, publicando libros que son una pausa en la que las almas pueden aún respirar el aroma del porvenir. Palestina bajo fuego reúne diferentes entrevistas que me han realizado en diferentes medios nacionales y extranjeros a propósito del genocidio ejecutado por la máquina sionista desde Octubre de 2023 y que permanece, se profundiza y la impunidad israelí campea por el planeta.
En cuanto entrevistas, éstas son conversaciones y, por eso, formas de exploración que ensayan vías de trabajo, experimentan con las palabras para encontrar la justicia del nombre que debería atravesar futuras tentativas. Porque el pensamiento es nada más que eso: una tentativa, nada acabado, un trabajo necesariamente provisorio sostenido en la erótica, el calor y la amistad que nos ofrece el refugio de la utopía. Por eso, aquí no encontraremos nada resuelto, acaso preguntas organizadas, fragmentos de ideas que desarrollaré en otro momento o jamás, pero que, quizás, otros podrán seguir atando y desatando dichos hilos.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: horizonte y utopía
Filosofía, Política¿Cuál es el destino que abre el horizonte? ¿Hacia dónde nos orienta? ¿De dónde proviene su estela? ¿Acaso existe un detrás suyo? Pero, ¿qué es el horizonte, si acaso es? O, por el contrario, ¿acaso sólo indica la extensión infinita de todo caminar y, con ello, lo infinito del caminar mismo? Y en tal caso, ¿podría ser que el horizonte tan sólo nos abriera paso para dibujar, en lugar de un mundo nuevo, la proyección perfeccionada de éste? Y de ser así, el horizonte nos permitiría, más que danzar con lo porvenir, ¿únicamente clavar en el futuro la coreografía ya acotada al insípido ritmo de nuestras ilusiones? En ese sentido, todo horizonte sería la prolongación infinita de esta tierra que hoy pisamos, de este cemento sobre el cual nuestros pies a ratos se elevan y de este cemento entre el cual nuestros pies continúan sangrando. Entonces, ¿cuáles encuentros ya ocurridos nos aguarda el horizonte? ¿Qué promesas y luminosas libertades no cesa de recitar a nuestro oído para despertarnos esta misma sed que se jacta de llegar a apaciguar? ¿Qué huidizos deseos estimula, cuáles son los delirios con que nos arrebata, en virtud de cuáles piernas cruzadas nos entierra la daga de su tan deseada como esperable utopía?
Mauricio Amar / Palantir y la idiotez sofisticada
Filosofía, PolíticaPalantir ha lanzado un manifiesto y el mundo queda estupefacto ante lo que ya era evidente. Quizá lo que resulta terrorífico para la mayoría es que aquello que está inscrito en la cibernética desde su origen se vuelva nuevamente, esta vez con el objetivo específico de desarrollar la Inteligencia Artificial, autoconsciente. De pronto la estupidez y vulgaridad de Trump se evidencian como adornos superfluos de un poder soberano que entiende que el circo de los deseos más básicos debe seguir funcionando, pase lo que pase, para asegurar la distracción. Ahora, bajo esta capa se asoma abiertamente la otra, que convence a los idiotas más sofisticados, que ya desde hace tiempo venían alegando la degradación del proyecto imperial estadounidense a causa de la introducción de una cultura moralmente liberal. Pero Palantir, con su falsa intelectualidad, llega tarde. Estados Unidos ha entrado en una fase de decadencia irrefrenable y la causa– cosa que el sionista Alex Karp jamás entenderá– no es la cultura Woke, la teoría de la deconstrucción o la crítica del orientalismo, sino la destrucción del propio capitalismo industrial por el neoliberalismo. La paradoja es que Palantir no es hijo del capitalismo industrial, que fue el marco en el que se dio el proyecto Manhattan, tan nostálgico para Karp, sino de su teoría económica destructiva que ha hecho surgir, incluso, una subjetividad macabra como las de estos CEO’s autodenominados filósofos.
Gershom Scholem / A propósito de nuestra lengua: una confesión (1926)
FilosofíaIntroducción y traducción por Gerardo Muñoz.
Introducción
Escrita en diciembre de 1926 y dirigida a Franz Rosenzweig, aunque recobrada en sus papeles póstumos, este breve texto de Gershom Scholem hoy nos parece profundamente profético. Dejando constancia de su malestar ante lo que ya se asomaba como un descarnado proyecto de ‘nation state building’, para Scholem la política catastrófica nacionalista solo podía entenderse tomando en cuenta la “actualización de la lengua hebrea” que se encaminaba a catástrofes venideras. Acotada a la medida de las exigencias unificadoras del proyecto nacional, el hebreo se despojaba de su dimensión sagrada para integrar la nueva época de nacionalismos lingüísticos bajo el imperativo de una gramática ajena a la posibilidad de los nombres. Al igual que Erich Auerbach quién veía desde su exilio en Turquía el ascenso de una nueva cultura global del esperanto, para Scholem la inserción instrumental sobre la lengua pronto se tornaría contra sus hablantes [1]. Es probable que Scholem no desconociera el breve texto de Franz Rosenzweig «Neuhebräisch?» (Neohebreo) publicado ese mismo año enDer Morgen, el que notaba el asalto de una “neolengua” validada a la fuerza, puesto que la raíz del judaísmo residía en su dimensión espiritual, al margen de todo horizonte del estado nación y del mando político [2]. La nacionalización del hebreo en tanto que lengua viva entonces se transformaba en otro apéndice de la condición nihílica de la modernidad, que además terminaba por abdicar lo más íntimo de un pueblo, el judío, como experiencia exílica permanete; esto es, como remanente en un mundo que tambien es remanente de dios [3]. Visto así, podemos decir que la operación política del Sionismo como ideología nacional tardía no solo consiste en construir una legitimidad territorial pseudomítica, sino que emerge como un dispositivo de secularización que, mediante la destrucción interna de su lengua, intenta trasplantar un fondo teológico al marco de una legalidad regulada por una forma estatal homogénea. Lo que Scholem denomina hacia el final de su texto la “vía apocalíptica” es el sobrevenido de un proceso de erosión ética al interior de una lengua que ahora ha quedado huérfana del don de la experiencia así como de la promesa de redención. La irrupción del mal como única tonalidad intramundana se vuelve proporcional a la pérdida de contacto con la herencia de la lengua a la que hemos sido arrojados. Y como hemos notado en tiempos recientes, ahora podemos ver con claridad que no es una mera coincidencia histórica que la destrucción de Palestina esté teniendo lugar a la par de la destrucción de las lenguas y mundos hacia la configuración de la Inteligencia Artificial [4]. Una lengua a la medida de la fuerza del juicio ha terminado volviendo permanente la catástrofe de nuestra propia destrucción, tal y como hace exactamente un siglo atrás Scholem ya nos había alertado. –
