Rodrigo Karmy Bolton / Un mensaje de emergencia

Filosofía, Política

Palestina bajo fuego. Conversaciones en la era del genocidio, que, por vez primera fue publicado a finales del año 2025 en formato PDF y que circuló sólo en versión digital, hoy se presenta de manera impresa gracias al impulso de Isidora y Gonzalo que, a contrapelo del reino del capital que se impone por doquier, ofrecen un refugio, un pequeño mundo, publicando libros que son una pausa en la que las almas pueden aún respirar el aroma del porvenir. Palestina bajo fuego reúne diferentes entrevistas que me han realizado en diferentes medios nacionales y extranjeros a propósito del genocidio ejecutado por la máquina sionista desde Octubre de 2023 y que permanece, se profundiza y la impunidad israelí campea por el planeta.

En cuanto entrevistas, éstas son conversaciones y, por eso, formas de exploración que ensayan vías de trabajo, experimentan con las palabras para encontrar la justicia del nombre que debería atravesar futuras tentativas. Porque el pensamiento es nada más que eso: una tentativa, nada acabado, un trabajo necesariamente provisorio sostenido en la erótica, el calor y la amistad que nos ofrece el refugio de la utopía. Por eso, aquí no encontraremos nada resuelto, acaso preguntas organizadas, fragmentos de ideas que desarrollaré en otro momento o jamás, pero que, quizás, otros podrán seguir atando y desatando dichos hilos.

La cuestión crucial de Palestina bajo fuego es justamente la de una gráfica cuyas palabras del título están escritas casi sin separación. Desconozco si fue o no la intención del diseñador. No es lo importante. La clave es la forma telegráfica de escritura, el modo en que el título envía un mensaje de emergencia. La “emergencia” como una Palestina que emerge en un escenario en que no debía hacerlo para que el circuito de los vencedores pudiera “normalizar” todo sin problemas a su imagen y semejanza y “emergencia” como un tiempo de excepción en que los “desdichados” -según expresión de Simone Weil- son puestos en el puesto de fusilamiento sin juicio alguno, bajo la única acusación de existir. El carácter telegráfico de las letras concierne, entonces, a la inminencia de la lucha y del terror a la vez, de la resistencia palestina y el genocidio que le acompaña.

Las entrevistas solo dan cuenta de ciertos giros y momentos que huelen el amargo sabor de una nueva era que comienza a existir en paralelo con la vieja, el reino de la fuerza con la del derecho, provocando una situación espectral, un interregno que, sin embargo, no creo que decante para ningún lado -al menos por lo pronto- sino que profundizará su espectralidad ejerciendo la primacía de la fuerza y dejando al derecho cada vez más difuminado. Por cierto, con la consideración de que esa fuerza no fue jamás externa al derecho sino su soporte constitutivo. Tal como insisto en varios pasajes, el supuesto nuevo orden no constituye una anomalía sino su propio reverso, la potencia tanática que estaba contenida en el orden del derecho inaugurado después de la Segunda Guerra Mundial y sin el cual, este último, jamás habría podido consolidar su reino. Fue justamente el capitalismo neoliberal en su fase biopolítica, articulada por los progresismos de las llamadas “democracias liberales”, lo que termina por exhibirse como un capitalismo neoliberal de corte necropolítico. Es precisamente aquí donde Palestina ingresa como un tabú que debía permanecer como tal si el sistema del derecho internacional posterior a la Segunda Guerra debía mantenerse intacto, con su tótem -Israel. Palestina jamás tuvo “derecho internacional” porque éste produjo la cuestión palestina con la resolución 181 que pretendió dividir el territorio entre un Estado judío y uno Palestino y, desde ahí, ha pretendido ofrecer “soluciones” sin detener jamás la impunidad con la que actúa la colonización del Estado sionista que hoy arrasa con todo el territorio para hacer desaparecer a Palestina y conquistar nuevas fronteras para hacer realidad el feroz proyecto del Gran Israel.

Hoy Palestina revela al mundo en que vivimos, exhibe su crimen constitutivo, y ofrece el peso del derecho internacional en lo que éste tenía de sangre. Por cierto, un orden que fue articulado por unos 50 miembros que podían obedecer a los alineamientos de las grandes potencias triunfantes de la Segunda Guerra Mundial pero que los procesos de descolonización posteriores terminaron por aumentar exponencialmente sus miembros haciendo cada vez más difícil el alineamiento y vasallaje iniciales. Por eso, los multimillonarios no quieren más a Naciones Unidas. Porque ya no pueden imponer el vasallaje, porque les resulta difícil sino imposible. Por eso, han optado por Davos para decidir el futuro de palestina, han optado por una junta de millonarios para diseñar el burdo futuro que nos ofrecen. Naciones Unidas implosiona no porque falló, sino al contrario, porque su proyecto de democracia internacional tenía, cada vez más, posibilidades de triunfar.

Que cada vez más sea decisivo el Consejo de Seguridad muestra que cada vez se vuelve más importante la fuerza. Y sabemos, con Platón, que todo el pensamiento que el dio en llamar “filosofía” -ese deseo de saber- fue originalmente una querella radical contra el reino de la fuerza, una batalla devastadora contra un tal Trasímaco que anudaba el mito al régimen de la fuerza ensamblando así lo que Furio Jesi llamará “máquina mitológica”. La tiranía fue siempre el enemigo público de la filosofía.

Otra cosa es si la filosofía pudo vencerla o, más bien, fue permeada por la misma máquina que pretendía desmontar. Si estas entrevistas tienen algo de filosofía es porque conspiran un asalto al viejo régimen de la fuerza e insisten en que cuando Palestina está bajo fuego todos estamos, verdaderamente, en peligro.

Mayo 2026

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