Miguel Ángel Hermosilla / Hacia una lectura del texto, “La constituyente” de Jaime Bassa

Filosofía, Política

Ni los muertos están a salvo cuando el enemigo vence. Y no ha dejado de vencer. Walter Benjamin

Habría que leer el texto, la constituyente, de Jaime Bassa como una posibilidad de convocarnos, nuevamente, ahora en tiempos de repliegue y agenda reaccionaria; en momentos en que la maquinaria neofascista clausura la “democracia neoliberal transitologica”, en tanto que instrumento también esta de dominación, y conculca derechos para intensificar sus mecanismos de acumulación, habría que leer, reitero, el texto “La constituyente de Jaime Bassa”, como una forma de pensar los modos de expresión popular que irrumpen de vez en cuando en el presente, para alterar el continuum histórico de Chile y abrir paso nuevamente a la impugnación y al debate en torno a las demandas postergadas de los pueblos, que siempre quedan enterradas bajo la violencia de la historia.

Pienso que, leído así el texto, es decir en clave de expresión política experimental de la imaginación popular, este pudiese generar un horizonte estratégico de problematización para pensar los acontecimientos que sacudieron el orden oligárquico nacional- el ciclo de revueltas populares y el mismo proceso constituyente contenido en ellas – y que dieron pie a nuevas formas de entreverarnos finalmente con el ejercicio efectivo del poder. Así, el texto, la constituyente, que hoy presentamos podría moverse como catalizador de resistencia histórica frente a la marea reaccionaria que hoy nos acecha, para abrir la discusión e intentar modular un ejercicio de pensamiento que pusiese de relieve algunas preguntas fundamentales que están presentes en él y que dicen relación con:

1 El desafió político que implica hacer frente al peso de la noche portalina1 y la lengua oligárquica del diseño de la democracia del capital.

Cita: “la Convención ha sido el órgano que mejor ha reflejado la diversidad socioeconómica y cultural del país, desafiando las condiciones extraordinarias de concentración de poder político y económico que caracteriza a Chile. Quizás este sea el gran mérito de la Convención: lograr construir una propuesta de nueva Constitución desde su composición múltiple y diversa. Recordemos que a este espacio de representación política llegaron autoridades religiosas, trabajadores precarizados, indígenas, académicos y académicas, dueñas de casas, trabajadores rurales, artistas, jubilados, profesionales, como nunca aquí hubo una amplia mayoría de ciudadanos y ciudadanas que se salen de los marcos tradicionales de la representación política de Chile, fuera de los apellidos vinosos y las redes tradicionales del poder que hunde sus raíces en la oligarquía que históricamente ha definido los destinos de nuestro país.” “Concurrencia de distintas formas de militancia en la convención”. Página 72.

2 Comprender que los modos de acumulación y concentración de poder político y económico son las limitantes históricas de los alcances de cualquier proyecto efectivamente democrático, en un Chile que no ha podido sacudirse de la primacía del capital y sus distintas formas de incrustación social y opresión histórica de los pueblos.

Cita: “En algún sentido la revuelta de octubre mostró prácticas políticas y sociales distintas a las que habíamos visto en los en los últimos treinta años, la masividad de las movilizaciones, la persistencia en la protesta, prácticas que marcaron un incipiente retroceso del individualismo neoliberal, hay muchos ejemplos, desde la organización de la protesta callejera hasta proliferación de asambleas territoriales que discutían acerca del conflicto social. Aquí hubo, innegablemente un germen de transformación en las estructuras de poder social; de construcción de poder popular. En ese escenario operó la Convención, buscando un diseño orgánico para el ejercicio del poder que pudiera reflejar los cambios sociales en curso, no obstante, las viejas estructuras de poder resistieron, a pesar de la revuelta y de las derrotas electorales del 2020 y 2021.” “La dificultad política para el diseño orgánico del poder”. Página 273.

(el fascismo nos estaba esperando vivito la vuelta de la esquina)

3 Entender que el hacer frente al componente tradicional del diseño político institucional del país sujeto a la institucionalidad autoritaria heredada del golpe y la dictadura y anclada en el peso totalitario de la noche oligárquica, implica el desafío de no perder de vista la reacción violenta de los grupos que concentran el poder económico y político en chile. Estar atentos a los golpes de la restauración reaccionaria, que, en momentos de efervescencia popular, tampoco se ven venir.

Cita: “El plebiscito de septiembre del 22 (el del rechazo) cerró la ventana que se abrió con la revuelta, dando por terminado este intento de ejercicio del poder constituyente por parte de los pueblos de Chile. La oligarquía chilena logro recuperar el control sobre la dimensión institucional de los procesos políticos, que se había vuelto fuertemente amenazada con la revuelta y con el trabajo de la constituyente, recordemos que esa elite fue objeto de una interpelación muy dura por su responsabilidad en la administración del orden político y social heredado de la dictadura y por haber empujado tibiamente, desde 1989 una agenda de cambios sociales sin reformas estructurales.” “El fracaso de la reacción restauradora”. Página 391- 392

4 El insistir en una lectura política del presente marcado por la desigualdad social y la administración de un modelo político y jurídico que está en el suelo.

Cita: “ algunos defendimos en la constituyente una lectura política que fue derrotada en el plebiscito, pero que sigue formando parte de un presente marcado por la desigualdad social y la inestabilidad política: el país atraviesa por una crisis orgánica que demanda reformas estructurales, ajustes efectivos a la estructura del poder de la sociedad que se traduzca en justicia social para las grandes mayorías del país y en efectiva inclusión en la vida política y social de los grupos históricamente postergados; no había margen para hacer cambios cosméticos otra vez”. “El plebiscito de salida y la posibilidad de una nueva constitución”. Página 321.

5 Como conectar los anhelos de justicia social, desconcentración del poder y demanda constituyente en un Chile de subjetivación neoliberal y bajo el patrocinio cultural del individualismo posesivo.

Cita: “se trata de una cuestión difícil de procesar, de hecho, vimos como en la campaña los partidarios de la opción rechazo tocaron ciertas teclas para azuzar miedos bien atávicos en distintos sectores de la población, desde temores a perder la propiedad sobre sus viviendas o de los fondos previsionales (ambas sin asidero en el texto de la propuesta), hasta cuotas no menores de un racismos y clasismo todavía muy presente en nuestra sociedad. Tanto el individualismo propietario, como las jerarquías sociales les han servido a los sectores conservadores para contener los procesos de cambios y movilizar al electorado hacia posiciones conservadoras”. Página 322.

6 ¿Cómo imaginar-pensar las posibilidades que tenemos en chile de realizar transformaciones estructurales concernidas con la justicia y la redistribución del poder político y económico a partir de los enclaves jurídico-político del diseño guzmaniano, que bloqueó constantemente los procesos de redemocratización desde la denominada transición democrática? Considerando que la naturaleza elitista de la excepcional tradición republicana y la ejemplar estabilidad institucional en Chile, es profundamente antidemocrática, desde antes del golpe militar y la instalación del neoliberalismo, privilegiando acuerdos y consensos entre elite y funcionarios políticos, que han desplazado sistemáticamente las demandas de trasformación de los pueblos de Chile, es decir , podríamos afirmar que el golpe militar y el marco legal heredado de la dictadura solo devuelve a la naturaleza antidemocrática del régimen republicano, su carácter totalitario que siempre fue ya propio de la tradición institucional chilena, y que ha definido el carácter clasista y autoritario de la vida política de este país, desde su fundación, así entonces podríamos leer la “derrota del proceso constituyente” como la reedición del mismo golpe a la vida de los pueblos que se ha venido repitiendo como “bucle soberano”2 de la lengua del capital y la oligarquía nacional, para restaurar el orden totalizante de su tradición opresiva, luego de los momentos de interrupción a los que ha sido sometido por los dos grandes movimientos de alteración clasista de los últimos cincuenta años , a saber, la experiencia de la unidad popular y la revuelta del 2019, así, entonces la “derrota y clausura” formal del proceso constituyente podría ser interpretado como la consumación o realización lógica de la operación política implementada el 15 de noviembre en respuesta a la insurrección general de los pueblos del octubre chileno, cuya potencia transformadora fue redirigida hacia los marcos formales de una nueva constitución, pero limitada por el mismo encuadre jurídico institucional que resguardaba a la constitución vigente, y en cuyo horizonte de restauración yacía el proceso general de su propia relegitimación. Habrá que insistir, entonces, en la persistente potencia imaginal de los pueblos, por sacudir desde el “bucle soberano” del golpe oligárquico, un espacio para la dignidad de sus luchas. En efecto, y como apuntaba Engels3, en su hermoso texto, “revolución y contra revolución en Alemania”, “si hemos sido derrotados, no podemos hacer nada más que volver a empezar desde el comienzo”.

NOTAS

1 Rodrigo Karmy (El fantasma portaliano 2022) identifica como matriz central de la tradición autoritaria y antidemocrática en Chile a la figura del fantasma portaliano, el que funcionaría como dispositivo de gobierno que se activa como recurso inmunitario y meta partido del capital y el Estado cada vez que este atraviesa por una coyuntura critica y de impugnación.

2 Sergio Villalobos Ruminott. Realismo capitalista: revuelta, interrupción, restauración. Revista Ficción de la razón

3 La serie de artículos «Revolución y contrarrevolución en Alemania» se imprimió en el «New York Daily Tribune» de 1851 a 1852 y fue escrita por Engels a petición de Marx, ocupado por entonces en hacer investigaciones económicas. Se publicó en el «Tribune» con la firma de Marx, que era el colaborador oficial del periódico. Hasta 1913, y eso con motivo de la publicación de la correspondencia entre Marx y Engels, no se supo que este trabajo lo había escrito Engels.

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