Giorgio Agamben / La quiebra de la humanidad

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Para quien hoy se interroga sobre las suertes de la humanidad, es útil reflexionar sobre la noción jurídica de quiebra. La solicitud de declaración de quiebra por parte de un empresario que se encuentra en situación de insolvencia y no puede hacer frente a sus deudas tiene por objeto ante todo proteger a los acreedores, pero, al mismo tiempo, limitar la responsabilidad del deudor, excluyendo de la quiebra los bienes y derechos de carácter personal, así como lo necesario para su mantenimiento y el de su familia. Importante es la figura del curador (o de los curadores), nombrados por el juez para administrar el patrimonio de la quiebra y realizar las operaciones necesarias para la satisfacción de los intereses de los acreedores y la protección del deudor quebrado. Los acreedores, por su parte, se constituyen en un comité que colabora con el curador en el desarrollo de los procedimientos necesarios.

Giorgio Agamben / Pensamiento e imaginación. Nuevamente sobre la inteligencia artificial

Filosofía, Política

El problema de la inteligencia artificial, sobre el cual hoy se discute no siempre con natural inteligencia, ha tenido en la historia de la filosofía occidental — como ya hemos tenido ocasión de mostrar aquí — un precursor: el intelecto único y separado del averroísmo latino. La analogía es tan estricta — un intelecto único y separado que piensa al margen de los individuos singulares — que puede incluso coincidir en la sigla que la expresa: Inteligencia Artificial – Intelecto Agente (como los averroístas llamaban al intelecto separado). Para los filósofos medievales, en esto más cautos que nuestros contemporáneos, el problema crucial era el del modo en que el intelecto único y separado se une (copulatur) a los hombres singulares, para que el pensamiento sea adquirido (adeptus) por el individuo y se pueda decir hic homo intelligit, este hombre piensa. El medio que permite esta unión era, para Averroes, la imaginación, de la cual nuestros contemporáneos parecen en cambio absolutamente privados. En la inteligencia artificial, en efecto, hic homo non intellegit, el hombre singular renuncia a pensar y delega la más preciosa de sus facultades a una máquina, que debería pensar en su lugar y mejor que él. Para seguir las instrucciones de este ineluctable maestro, la imaginación no es de ninguna utilidad (aunque incluso para aplicar una norma alguna forma de imaginación podría ser necesaria). Quizá el verdadero problema de la inteligencia artificial es que ha sido hecha posible por una pérdida general de la facultad de la imaginación, casi como si su advenimiento hubiera sido precedido por la instauración de una omnipresente imaginación artificial. Una humanidad que había perdido la imaginación estaba lista para privarse también del pensamiento (que, por lo demás, como ya enseñaba Aristóteles, sin la imaginación no es simplemente posible).

Javier Agüero Águila / La máquina no sabrá de amor de amores

Filosofía, Política

En la pista nietzscheana Bernard Stiegler nos regala un pasaje que no escapa, que no se detiene en la búsqueda por restituir lo humano; lo humano en la mira, bajo amenaza, a la intemperie pero que resguarda una trinchera: “¿Qué es el ser inhumano? Es el que no es capaz de prometer —no el que no es capaz de sostener su promesa sino el que es incapaz de prometer esta humanidad que no existe aún.” (Lo que hace que la vida merezca ser vivida, 2015, 262).

Pensamos en la Inteligencia Artificial (IA) como la creación humana de algo no-humano; es decir y aunque –por ahora– la sigamos comprendiendo como una suerte de apéndice eléctrico que está al borde de sentir, lo cierto que es que casi todo lo puede. La IA es un abismo insondable, prácticamente infinito, en el que parece no haber ausencia de respuestas. Deviene entonces como una cierta trama lateral a la que cada vez, más y más, acudimos restaurando el oráculo, uno posmoderno, pero oráculo al fin. Me atrevería a decir que nadie duda de la IA porque nadie le teme; ella es amistosa, proverbial, serena y paciente de cara a la (también) infinita saga de dudas que el mundo le impone.

Javier Agüero Águila / ¿Qué se dice cuando se dice luna?

Filosofía

1. Quizás –solo quizás– lo que tensa al libro de Jacques Derrida La tarjeta postal. De Sócrates a Freud y más allá (1980) sea si es posible amar, pensar y escribir al mismo tiempo. Y esto que pareciera tener una respuesta de inmediato afirmativa, pues no la tiene porque, justo, abre a una serie de preguntas con las que podemos jugar casi algorítmicamente: ¿Se piensa cuando se ama? ¿Qué se ama cuando se piensa? ¿Voy amando mientras escribo o la escritura misma es una reacción desesperada al amor, ahí, cuando nos entra? La escritura como manifestación ya textual, es decir como letra impresa abierta a un devenir que de ahí en más podrá tener múltiples apropiaciones e interpretaciones: ¿puede ser la expresión instantánea de un amor hacia alguien o podrá no tener destinatario y escribir, así, sin saber lo que se ama, sin embargo y a la vez, amando con toda la intensidad posible?

Giorgio Agamben / Vivir o sobrevivir

Filosofía, Política

Quienes hoy nos gobiernan intentan organizar la supervivencia de la humanidad, intentan, es decir, transformar a los vivos en supervivientes. Pero lo que sobrevive ya no está vivo; vive de verdad solo quien no sobrevive a su propio modo de vivir y a su propio mundo. Una vida desnuda no existe: no es más que una abstracción del derecho y del poder. Los supervivientes que nos rodean no tienen boca ni oídos, no hablan ni escuchan, solo cuentan. Hablarles no sirve de nada. Los poetas y los filósofos están muertos; por eso con ellos podemos hablar.