1. Quizás –solo quizás– lo que tensa al libro de Jacques Derrida La tarjeta postal. De Sócrates a Freud y más allá (1980) sea si es posible amar, pensar y escribir al mismo tiempo. Y esto que pareciera tener una respuesta de inmediato afirmativa, pues no la tiene porque, justo, abre a una serie de preguntas con las que podemos jugar casi algorítmicamente: ¿Se piensa cuando se ama? ¿Qué se ama cuando se piensa? ¿Voy amando mientras escribo o la escritura misma es una reacción desesperada al amor, ahí, cuando nos entra? La escritura como manifestación ya textual, es decir como letra impresa abierta a un devenir que de ahí en más podrá tener múltiples apropiaciones e interpretaciones: ¿puede ser la expresión instantánea de un amor hacia alguien o podrá no tener destinatario y escribir, así, sin saber lo que se ama, sin embargo y a la vez, amando con toda la intensidad posible?
