Sergio Villalobos-Ruminott / Sobre mímesis disruptiva

Filosofía, Política

La mímesis disruptiva implica una comprensión no restringida de la mímesis—entendida tradicionalmente como mera copia pasiva o reproducción subordinada al original— al transformarla en un espacio de intervención crítica, desestabilización y reconfiguración no identitaria. Este giro, anticipado por Walter Benjamin mediante su apelación a una facultad mimética ligada a las correspondencias mágicas y la experiencia profana, es también elaborado conceptualmente por Philippe Lacoue-Labarthe, quien desmonta la ontología de la presencia al definir la mímesis como una inestabilidad que es, a su vez, constitutiva del sujeto. En los ámbitos político y cultural, esta fuerza disruptiva se operacionaliza a través de la concepción de la performance de Judith Butler, donde la repetición paródica del género subvierte y expone el carácter construido de las normas hegemónicas; de la mimesis colonial (colonial mimicry) de Homi Bhabha, que describe la imitación de los colonizados como un simulacro defectuoso y amenazante (un “casi lo mismo, pero no del todo”) que fisura la autoridad colonial; y del entramado de mímesis y alteridad en Michael Taussig, donde el acto mimético es una facultad encarnada que permite asimilar lo ajeno, fusionando la copia con el poder del otro para subvertir las divisiones cartesianas occidentales. La mímesis disruptiva puede ser pensada también en relación con la noción de repetición de Gilles Deleuze, donde el acto mimético deja de ser una copia subordinada a un supuesto “original” para convertirse en la producción de una diferencia. En esta dinámica, la repetición no reproduce lo mismo, sino que desposee al original de su autoridad y libera la potencia del simulacro (las potencias de lo falso), generando devenires múltiples que subvierten las jerarquías de la representación clásica a través de un juego constante de variaciones e intensidades.

Mauro Salazar J. / Más allá del capitalismo académico: alumno-prompter y académico-performativo

Filosofía, Política

Este ensayo sostiene una tesis única y la despliega en cinco movimientos. La tesis que se sirve de los análisis de Benjamin Bratton, es que la universidad contemporánea —particularmente la chilena— no ha sido deformada por la infraestructura tecno-computacional, sino absorbida por ella como una de sus capas funcionales, y esa absorción produce, por diseño y no por accidente, una forma específica de captura epistémica que el capital cultural no atenúa sino que intensifica. Los cinco movimientos que siguen hacen visible esa tesis desde ángulos complementarios: la escena del alumno-prompter y el académico-performativo como figuras complementarias del mismo régimen. El hilo que recorre los cinco movimientos no es nostálgico ni propositivo: es diagnóstico. No se propone aquí salvar la universidad; se propone describir con precisión lo que ya ha dejado de ser, para que al menos la descripción no colabore con la farsa.

I. La escena — descripción antes de teoría

Hay una escena universitaria que conviene describir antes de intentar teorizarla, porque sólo describiéndola con detalle se hace visible lo que en ella ocurre. La escena tiene dos figuras. Una es el alumno que ya no lee, que nunca leyó, quizá, en el sentido fuerte del verbo, y que recibe de la inteligencia artificial no un texto sino un efecto de texto, una superficie lingüística que cumple la función social del texto sin exigir nada de lo que el texto, en otra época, exigía: tiempo, permanencia, reelaboración, interioridad. La otra figura es el académico que ha convertido el libro en objeto performativo (hiper-visibilidad): no el libro como texto que se lee y se discute, sino el libro como insignia, como índice de estatus, como soporte material de una coreografía del prestigio donde lo que importa no es la circulación del pensamiento, sino la escenografía relacional. Entre ambas figuras —y esto es lo decisivo— no hay oposición sino complementariedad estructural.

Dionisio Espejo Paredes / La “cancelación” a la luz del pensamiento crítico

Filosofía, Política

1. La confusión canceladora y el fetiche

Tenemos la extraña sensación de que la historia, las facticidades, transcurre a un ritmo que no coincide con el de los discursos, de que nuestros debates tienen una vida paralela y van muy atrás respecto a la praxis; los polemizadores nos agotan sin que nos demos cuenta de donde se perpetran las nuevas catástrofes. La batalla cultural parece se uno de esos campos de batalla convertido en espectáculo de masas. Algunos consideran que es un escenario decisivo, otros que en cambio es un desvío de la atención. Muchas figuras del marxismo actual consideran que la reivindicación de las diversidades son solo entretenimientos que no tocan al poder económico ni a la explotación material1. Aunque hay algo de verdad, quizá no han percibido que el poder no solo se ejerce en la infraestructura sino que, incluso antes de su ejercicio, hay un discurso que legitima su poder, ganar la batalla discursiva es decisiva para ejercer el mando. Benjamin o Gramsci nos advirtieron de ello. En cualquier caso esos cuestionamientos ayudan a no perder la brújula de la crítica. Cuando nos apuntamos a la reividicación de los derechos de las minorías o de las diferencias no reducimos nuestro arsenal crítico a la pretensión de consolidar ciertas identidades o empoderar a ciertos sectores por razón de sexo, género, religión o nacionalidad. Debemos ser conscientes de nos dirigimos a un poder que, indiferente a esas razones, continua devorando a cuantos somete. Los marxistas ortodoxos nos ayudan a confrontarnos con una pregunta ineludible: ¿desafían nuestras luchas la lógica del beneficio y la desigualdad material, o reclaman un asiento más diverso en la mesa de los explotadores? La diversidad en la cúspide, sin alterar la pirámide, ¿es el sueño publicitario del capitalismo tardío?. Moralizar su lenguaje o derribar estatuas no es malo per se, pero ¿no se vuelve regresivo cuando suplanta la batalla por redistribuir riqueza, poder y tiempo?. Reconocer esta trampa es el primer acto de una crítica que aspire a no dejarse seducir por espejismos multicolores.

Willy Thayer / ¿En qué lengua se escribe la revuelta? Un texto, y dos notas suplementarias sobre performatividad y performance

Filosofía, Política

«Butler introducirá una torsión, un cambio de camino a la hora de describir la teoría de los actos de habla. Más que eficiencia performativa, Butler apostará por el fracaso del performativo». Alejandra Castillo, «Fracaso del performativo», en el circuito que sea, es a lo que aquí llamaremos «performance».

PAISAJE

1.- La revuelta de octubre, la inmediatez mítica de sus consignas, imágenes y ritmos, heráldicas y banderas, su iconoclastia, sus manadas y gentíos, sus jornadas y marchas, asambleas y concentraciones, adoquines y humaredas, sus agrupaciones, colectivos, coordinadoras y vocerías, sugiere erigirse y ejercitarse desde sus propios fueros y antagónicamente a la traza neoliberal chilena, como si volando desde fuera se dejara caer sobre ella defraudando la performatividad de sus instituciones.

Al mismo tiempo, la declaración de guerra a la revuelta de parte de la gubernamentalidad neoliberal el día mismo de su estallido, tildándola de enemigo exterior e interior, vendría a confirmar este registro comprensivo, inmediato mítico, de la revuelta y del neoliberalismo chileno, como fuerzas que chocan desde sus respectivas autonomías.

Remedios Bravo Reyes / Cuerpo y poder. Una conversación entre Foucault y Butler

Filosofía, Política

El modelo disciplinario de Foucault establece una nueva relación entre el poder y el cuerpo. Nuestro objetivo en este artículo será, en primer lugar, preguntarnos de qué manera particular actúa esta nueva forma de poder sobre nuestros cuerpos. Lo que nos permitirá, en segundo lugar, ver cómo podemos aplicar el modelo disciplinario a la construcción del sistema sexo-género. Por último, veremos en qué sentido se constituye ahora el cuerpo como un espacio de disidencia.

Donovan Hernández Castellanos / Políticas de la experiencia colectiva poscolonial

Filosofía

El presente ensayo, dividido en tres partes, defiende un argumento de conjunto: es necesario formular una crítica de la experiencia poscolonial desde sus dispositivos políticos. Por ello, mediante un procedimiento genealógico, se estudian las formas de la conmemoración vigentes en la cultura de la memoria transnacional, aunque sus efectos sean siempre locales, donde se insiste en el duelo tras el pasado traumático de la colectividad. En segundo lugar, se estudian las prácticas de la memoria vinculadas a los monumentos del colonialismo que constituyen una idea excluyente de la nación, haciendo su rastreo desde Centroeuropa. Finalmente, se analiza el discurso sobre la museística contemporánea, sobre sus fuerzas de representación y efectos políticos. Se concluye con una evaluación de la situación pos-colonial en África tomando como ejemplo Sudáfrica y sus políticas de reconciliación tras el apartheid. En todo el texto se propone una teoría performativa de la nación como narratividad.