Para la mujer
que lucha todos los días
contra un patriarcado feroz y
que jamás (¡jamás!) … se arrodillará
He pensado, no precisamente ahora sino tal vez desde hace mucho, en el río.
El río; el que escurre y discurre eternamente independiente de nosotros, antes de nosotros y después hasta que el mundo sea mundo –entendamos a la eternidad como lo que termina con el fin del mundo–. El río, quizás, como la única forma de trascender aquí y ahora sin darnos chance alguna. No podemos detener al río, solo distiende su flujo sin vernos, sin considerarnos o, al final y si se quiere, dejando nuestra propia existencia lejos de nuestro alcance.
