Mauro Salazar J. / El Metro de Santiago como escenario de “lo Político”. Belleza y muerte

Filosofía, Política

Veinticinco casos consumados en 2025 y doce en 2024. Una tasa que, según el Ministerio de Salud, ya supera los homicidios: 10,3 suicidios por cada cien mil habitantes. Son cifras, frías cifras, que la empresa estatal del Metro prefiere no publicar, alegando una extraña prevención contra los «efectos de imitación», como si el silencio pudiera cerrar lo que ya está abierto: una zona de sombras en el seno de la vida urbana donde no caben funcionalismos, o explicaciones del tiempo breve.

Lo que ocurre en el Metro de Santiago este 2026, como en otras capitales, se tiene que abrir necesariamente al campo de «lo político» y precipitar las sinuosidades del poder. No es suficiente decir que los sujetos y las multitudes que observan suicidios están apetecidos o resignados por trayectorias castigadas y sobreexplotadas a un régimen de la factualidad: sería limitar el fenómeno a los dilemas de la vida cotidiana, amén de que buena parte de ello sea cierta. Porque si no se abre «lo político» como horizonte vital, como ese espacio de sentido donde es posible imaginar otra vida, entonces solo abundan estadísticas naturalizadas. Impera la datología, el descriptor sin misterio. La Organización Panamericana de la Salud reporta tasas de suicidio juvenil que superan promedios regionales: 12,8 por cien mil en el grupo 15-19 años, 15,4 en el de 20-24. Pero las cifras no dicen nada sobre lo que genera esas cifras: el régimen político que ha hecho del neoliberalismo no una economía sino un modo de vida, una ensambladura que toca cada fibra del tejido social.

Paloma Castillo / La justicia no vive ahí

Política

Tras la absolución definitiva del oficial acusado de cegar a Gustavo Gatica, el problema no es el fallo: es el nombre del edificio que lo dictó, y todo lo que ese nombre nos hace esperar y esperar y esperar…

El lunes 3 de agosto, la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó por unanimidad anular el juicio que absolvió a Claudio Crespo, el ex teniente coronel de Fuerzas Especiales acusado de disparar los perdigones que dejaron ciego a Gustavo Gatica en noviembre de 2019. El tribunal que lo absolvió en enero juzgó los hechos de 2019 con un estándar que en 2019 no existía: el de la legítima defensa privilegiada que incorporó al derecho chileno la Ley Nain-Retamal, dictada años después. Gatica portaba una piedra. Un hombre con una piedra frente a un oficial con una escopeta. La resolución es inapelable. No hay más instancias. Eso que llamamos justicia terminó.

Mauro Salazar J. / Fondecyt bajo el Gobierno Emergencia. Métrica, servicios y tecnocracia

Política

Cuando el Presidente José Antonio Kast dijo que las investigaciones financiadas con fondos públicos terminaban en «libros preciosos, empastados, en la biblioteca», no cometió un desliz sino que realizó una declaración espartana contra el campo crítico. La frase no fue un infortunio medial sino su programa político explícito. Reveló, desde una tosquedad deliberada, el desprecio profundo por el conocimiento desinteresado, por la investigación que se niega a ser productiva en términos de ganancia, por todo aquello que no se pueda convertir inmediatamente en números, en empleos, en plusvalía extractible. Pero lo que José Antonio Kast dijo sin saberlo es esto: existe algo que el poder político no puede comprar, que no puede reducir a mercancía, que no puede traducir en la gramática del capitalismo cognitivo. Y eso lo asusta. Porque un libro precioso, empastado, en una biblioteca pública, es un síntoma de lo inapropiable. El líder de Republicano entiende perfectamente eso. Por eso lo ataca. Porque sabe que esos libros contienen preguntas que amenazan el orden existente, que contienen herramientas de pensamiento que pueden ser usadas para imaginar lo diferente. Porque comprende que la investigación humanista, la ciencia básica, la teoría crítica, son precisamente los lugares donde germina la posibilidad de cuestionar.

Mauro Salazar J. / Cuerpos exiliados. Metro de Santiago: un laboratorio clínico

Filosofía, Política

En los últimos días la ciudad ha descorchado una cadena de muertes en las plataformas del metro de Santiago. Cuerpos que se lanzan contra el acero con una frecuencia que ha dejado de ser anomalía para convertirse en un hecho cotidiano: una regularidad que apenas despierta sorpresa, sin siquiera sopesar la dimensión política de tanta distopía. La máquina neoliberal sigue funcionando porque ha naturalizado las patologías de la individuación. El sistema administrativo apenas registra notas. Y el armatoste medial mantiene un silencio que no es accidental sino deliberado. Lo que está en juego en cada cadáver es una pregunta política: ¿a quién permitimos morir en medio de tanta visibilidad?

Mauro Salazar J. / Revuelta y kastización

Filosofía, Política

Octubre de 2019 no produjo un sujeto político. Produjo, más bien, una acumulación alterada de gestos —la evasión masiva del torniquete, la caceroleada, el estandarte improvisado, el meme que circula antes de que nadie lo firme— que la crónica política, apurada por encontrarle un nombre a lo que estaba viendo, bautizó como «estallido social». Llamarlo estallido (aunque más alienta decir revuelta) presupone una acumulación de presión bajo una superficie lisa, un adentro contenido que finalmente revienta hacia afuera. Lo que en realidad emergió esos días fue otra cosa: un archipiélago de «tribus» y de grupos socializados en la gramáticas del mercado, que sin proponérselo como programa articularon una crítica radical a la modernización chilena y a los mitos del progreso, sin necesidad de apelar —y este es el punto que interesa sostener aquí— al mandato de ninguna hegemonía.

Mauro Salazar J. / Nuestro despojo. Por qué un país de apellidos no es un país

Filosofía, Política

Un archivo de la cuestión social

Empiezo por una sospecha: en Chile el apellido no nombra, clasifica. No dice quién es alguien; dice dónde va. Es una contraseña que se hereda, una carta de recomendación escrita antes de nacer o una condena firmada por otros. Un estudio leyó los apellidos de más de cuatro millones de santiaguinos y dibujó con ellos el mapa que el país no quiere mirar: el de una oligarquía que se enlaza solo consigo misma, que necesita cuatro saltos para tocar al resto de la ciudad, que vive cerca en el plano y lejísimos en la sangre. Tal lista se lee como se lee una trampa: por lo que atrapa y por lo que deja escapar. El estudio existe, tiene nombre y fecha, no lo inventé: se llama «Surname affinity in Santiago, Chile», lo firmaron Naim Bro y Marcelo Mendoza, y salió en 2021 en una revista científica, PLOS ONE, con todos sus números en regla —cuatro millones de habitantes, dos redes de apellidos, cuatro pasos de distancia entre los de arriba y los demás—. Un dato frío, revisado por pares, que sin proponérselo cuenta la novela policial de un país.