Hay palabras que maduran sin que su superficie se altere. «Privatizar» es una de ellas: pronunciada hoy, parece decir lo mismo que decía hace medio siglo: transferir al mercado lo que estaba en manos del Estado. Pero bajo tal continuidad semántica ha migrado un desplazamiento radical que conviene rastrear. No para fijar un origen, sino para mostrar cómo un término técnico-económico (en sus estriados) fue mutando en dispositivo de dominación, y cómo su sentido actual ya no se deja contener por la gramática de la eficiencia que lo vio nacer. En suma, «Privatización» es una palabra trizada que ha desertado de su domicilio económico. Ya no nombra la transferencia de un activo, el traspaso contable de lo estatal a lo privado; nombra, bajo esa coartada técnica, un despojo que se rehúsa a comparecer con su nombre propio.
ultraderecha
Mauro Salazar J. / Kast como sedimento autoritario. Metamorfosis del enemigo interno
Filosofía, PolíticaEl resultado de la segunda vuelta del 14 de diciembre de 2025 (58,17% para José Antonio Kast frente a 41,83% para Jeannette Jara) suele leerse con la gramática de la coyuntura: la inseguridad, la fragmentación, el cansancio del ciclo progresista, la inflación de la promesa de orden. Esa lectura no es equivocada, pero se detiene en la superficie del proceso político. Lo que el dato electoral esconde es la materia de la que está hecho ese triunfo: no la coyuntura que lo precipitó, sino el «sedimento autoritario» que lo hizo posible. Porque hay una anomalía que ninguna explicación coyuntural disuelve: una demografía importante de la adhesión a la salida autoritaria no proviene de quienes la vivieron, sino de quienes nunca la conocieron. Hecha la salvedad, el hallazgo es inequívoco y confirma la centralidad de la cohorte adulta intermedia. De los seis grupos demográficos analizados, Kast ganó en cuatro, con su mayor apoyo concentrado en el tramo de 35 a 54 años: 69,7% entre los hombres y 61,9% entre las mujeres.
Mauro Salazar J. / La Cultura Autoritaria en Chile de José Joaquín Brunner (FLACSO, 1981). (Preguntas, tensiones)
Filosofía, Política«El hecho de que este libro esté abierto por «un otro» proveniente de otra área y que, en el interior de estas páginas, se junte con el estudio de José Joaquín Brunner, al margen de la visión estrictamente parcial que este preámbulo pueda presentar, hace que finalmente sea un panorama común el que emerja; allí es donde se ve el cielo y donde están las pampas y las aldeas. Es en ese panorama, a fin de cuentas, el terreno que nos une, donde los proyectos se desgarran o completan y donde se percibe el peligro. La vida misma.» Raúl Zurita, mayo de 1981.
1. Introducción: el problema y la tesis
Hay textos que no simplemente describen una época sino que son, ellos mismos, síntomas de la fractura que intentan nombrar. La Cultura Autoritaria en Chile (Brunner, 1981, FLACSO) es uno de esos documentos en los que el pensamiento crítico latinoamericano —acorralado, desplazado, operando desde los márgenes que el régimen militar le dejaba disponibles— procuró articular un diagnóstico de la condición cultural impuesta a partir del golpe del 11 de septiembre de 1973 (Brunner, 1981). Producido en el interior mismo de la dictadura, el texto de Brunner no es una denuncia exterior al sistema que analiza sino una operación intelectual ejecutada desde dentro de sus condiciones de posibilidad: una escritura que descompone el andamiaje ideológico de la dominación usando categorías gramscianas, semióticas y materialistas que el propio régimen pretendía suprimir (Garretón, 1983; Williams, 1977).
El problema que este artículo se propone examinar puede formularse con precisión: ¿cuál es la tesis central de Brunner (1981), cuáles son sus estrategias de demostración, cuáles sus límites analíticos y cuál su vigencia para comprender las nuevas formas de dominación cultural en el presente de la ultraderecha latinoamericana? La hipótesis de lectura que lo organiza es la siguiente: el autoritarismo chileno no opera únicamente por la vía de la coerción física sino que constituye un proyecto sistemático de reconversión del campo de las representaciones —un proyecto cuya eficacia histórica reside en la destrucción de la capacidad de los sectores subalternos de concebirse a sí mismos como sujetos con un proyecto histórico propio (Brunner, 1981, p. 10)— y ese proyecto sobrevivió a la democratización formal de 1990, instalándose en la democracia como su núcleo duro no dicho (Tironi, 1990). Las páginas que siguen demuestran esa hipótesis en nueve momentos articulados.
Mauro Salazar J. / Ultraderecha. Emergencia post mortem
Política- La «emergencia» como concepto estratificado
Antes de trazar las escenas del desplome narrativo (gubernamental), es necesario detenerse en la arquitectura del término mismo. La «emergencia» que el Partido Republicano instaló como eje de su programa de gobierno no es una palabra: es una construcción de cuatro pisos (heterogéneos) que el uso político aplana en uno solo, confundiendo deliberadamente sus niveles para que cada uno refuerce a los otros sin que ninguno deba responder por lo que los otros no pueden sostener.
La primera dimensión es global. Más allá de lo provinciano, en su plano más abstracto y más real, la «emergencia» nombra una condición estructural del capitalismo financiero contemporáneo: la tendencia a gobernar mediante la excepción, a transformar la crisis en modo de administración permanente y a extraer de la urgencia declarada las condiciones que el debate ordinario no toleraría. No es una invención del Partido Republicano ni una ocurrencia chilena. Es el script disponible globalmente para sistemas políticos que ya no pueden producir consenso mediante la deliberación y que encuentran en la amenaza —el migrante, el terrorista, el gasto descontrolado, el caos institucional— el sustituto de la legitimidad que la promesa redistributiva ya no puede ofrecer. El Democracy Index 2024 del EIU registra el mínimo histórico del índice democrático mundial —5,17 sobre 10—, con sesenta regímenes autoritarios, ocho más que una década atrás, y apenas el 6,6% de la población mundial bajo democracia plena. La investigación comparada documenta cómo Orbán, Milei, Bukele y Modi son capítulos nacionales del mismo texto político que el capital financiero transnacional encuentra más manejable que las democracias de masas con sus costosas exigencias redistributivas. La teoría de la securitización —de Schmitt a Wæver— describe el mecanismo: el discurso de excepción convierte demandas sociales en problemas de orden, instala la gobernanza extraordinaria como forma permanente de administración de lo ordinario y produce la suspensión del debate sobre las causas estructurales de lo que se declara amenaza. Este primer nivel no tiene caducidad interna: no expira porque no promete acabar. Muta bajo otros nombres, en otros gobiernos, con otros enemigos disponibles.
Mauro Salazar J. / Gubernamentalidad punitiva ¿Post-autoritarismo o micro-fascismo?
Filosofía, Política«El fascismo no sólo procede del exterior; habita en nosotros, acecha en cada uno de nuestros deseos, en nuestro poder, en nuestro deseo de dominar, nuestro resentimiento.» Deleuze y F. Guattari, El Anti-Edipo1972/2010, p. 33)
Propósitos
Este ensayo examina el Partido Republicano de Chile como nodo de la reconfiguración autoritario-global, anclado en el pinochetismo como matriz constitutiva. Su propósito es levantar una sinopsis (contemporánea) desde Foucault, Balibar, Toscano y Esposito; la lógica biopolítica, la dimensión libidinal e inmunitaria que articula moralismo conservador y gubernamentalidad neoliberal en una formación post-autoritaria de alcance transnacional. La irrupción de las ultraderechas —autocracias, liderazgos coléricos y formas punitivas— no es un fenómeno episódico ni una reacción pasajera,sino parte de una realidad estallada. El «post-autoritarismo» es una categoría aceptable para Alberto Toscano (2023a) únicamente si se la entiende como descripción de forma y no de contenido. Es decir: el PRCh opera post-autoritariamente en el sentido de que ha internalizado los protocolos democráticos (elecciones, parlamento, prensa, coaliciones) como superficie de legitimación. Pero esa superficie no cancela ni interrumpe la lógica profunda que lo constituye. Para Balibar, el PRCh sería reconocible como expresión post-autoritaria en un sentido preciso: encarna lo que él llama la «nueva forma de fascismo» que no requiere ruptura con el orden democrático-liberal porque opera desde su interior, aprovechando sus propios mecanismos de legitimación. El post-autoritarismo no sería para Étienne Balibar una superación del autoritarismo sino su recodificación en el lenguaje de los derechos, la soberanía popular y la libertad individual, exactamente la operación que el PRCh ejecuta cuando defiende la «libertad de conciencia» para negar derechos o la «soberanía nacional» para expulsar migrantes (Balibar, 2019).
Julio Cortés Morales / ¿El fascismo ya pasó?
Filosofía, PolíticaPresentación a la edición argentina de La religión de la muerte
En torno a la cuestión del fascismo parecen existir dos posiciones básicas. Mientras algunos lo consideran un fenómeno propio del siglo XX y lo dan por históricamente superado, evitando usar extensivamente el concepto para referir fenómenos bastante diferentes y propios del siglo XXI, otros acuden a la denominación “fascista” para designar un amplio abanico de fenómenos que proliferan en la actualidad: desde ciertas formas propiamente posmodernas de subjetividad, cultura y relaciones interpersonales (los fascismos “micro-políticos” o “moleculares”) hasta las nuevas y agresivas formas de extrema derecha que se manifiestan con bastante éxito a nivel global, desde el populismo autoritario de líderes como Trump o Erdogan, hasta ultraliberales mesiánicos como Javier Milei que se presentan como libertarios de derecha, “minarquistas” o “anarcocapitalistas”.
