Luis Ángel Campillos Morón / El Dios catalizador del capitalismo, Dios mediante

Filosofía, Política

En unos pocos años del s. IV, durante el Imperio romano, el cristianismo pasó de ser proscrito a prescrito. De ser perseguido, a ser tolerado, a ser institucionalizado. De ser perseguido a perseguir. La cadena jerárquica que vinculaba a la criatura con su Creador se amplió considerablemente. Dios, Papa, obispo, sacerdote, creyente de a pie. Toda una serie de poderes divinos y terrenales se enmarañaban viciando aquellas sagradas y puras humildad y caridad cristianas.

Siglos después (s. XVI), Lutero protestó y eliminó a todos esos mediadores, recuperando así el “contacto” directo entre Dios y el creyente. Aquellos pesos pesados (Papa, obispo, sacerdote) se disolvieron y generaron un área de mayor libertad en el creyente. Ello derivó, como célebremente subrayó Max Weber, en un afianzamiento de la noción de individualidad. Por su parte, este individualismo naciente constituyó un pilar fundamental del capitalismo.

Javier Agüero Águila / Blue train en la madrugada

Filosofía

Ya entran las 6 de la mañana y John Coltrane suena y su música es una pira, una zona de sacrificio; con el saxo que flambea y me toca ahí donde no hay mente ni corazón; es otro el lugar en que juega –con una improvisación del demonio– su Blue train; esa especulación tránsfuga que pacta con la creación a cada segundo, en cualquier suspiro, en la dispersión de las ceremonias; su sonido repulsa las homofonías, son notas que no suturan, no cesan en su planeo poético ni tienen piedad cuando van tras el fuego del arte en serio, cuando es a vida o muerte. Todo va aéreo: noble como una benzodiazepina a la hora justa o imposible como el pulso de la niebla.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: La cruz de Cristo

Filosofía

Pureza y Resurrección

Cristo en la cruz sólo cobra sentido a partir de Cristo despojándose de la cruz, caminando por la eternidad tras bajarse de ella. Su muerte representa tanto el calvario del via crucis como la superación del mismo. La resurrección apunta a nacer de nuevo en un trasmundo verdadero, no a renovar la infamia de éste. Pero, a ojos del cristianismo, la Resurrección tampoco significa aniquilar este mundo, sino purificarlo: lavarlo de sus pecados antes de llevárselo consigo. La falaz apropiación de una pureza ya desde siempre apropiada como propia. Pretendiendo no negar al mundo, sino asumiendo su carácter especular, se busca integrarlo a una dimensión sagrada y aún más verdadera que la dimensión mundana: reconocer a la criatura humana hecha a imagen y semejanza de Dios, sería sinónimo a valorar y salvar a la creación mundana sólo en cuanto semejante al Creador. La cruz es el ideal de aquella muerte, supuestamente, destinada a la eternidad: lo que Resucita no es simplemente Cristo, sino Cristo en cuanto crucificado logra vencer a la muerte. He ahí que la cruz es, a la vez que fe, imposición: voluntad divina y digna aceptación del sufrimiento, pero siempre con miras al paraíso.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: sobre decir “no”

Filosofía

Decir “no” nada tiene que ver con negar algo, un “x”, de manera tajante y absoluta; tan tajante que lo aniquiles. Lejos de la connotación destructiva o limitante que habitualmente le atribuimos a la negación, el acto de negar se vincula, previamente a sí mismo, con una positividad material que da lugar a la consecuente negación: aquello que será negado preexiste (y también subsistirá) al “no” que lo excluye. La negación, por ende, reside y detona en el reino de lo a posteriori: siempre constituye una reacción. Por ende, el “no” de la negación se distancia esencialmente de lo inconcebible, de lo impensable y de lo inefable. La negación, por lo mismo, no sólo cuenta con un estatuto derivado, secundario y reactivo; también, su naturaleza difiere sustancialmente del nihilismo. Sólo somos capaces de hablar de “x” en la medida que a ésta la dotamos de un mínimo grado de existencia, exista contra la cual la negación encuentra su propio fracaso: la misma prexistencia y persistencia existencial de lo negado por la negación trasluce el sentido pre-originario de todo lo existente.

Giorgio Agamben / Solo un Dios puede salvarnos

Filosofía

La brusca afirmación de Heidegger en la entrevista al «Spiegel» de 1976: «Solo un Dios puede salvarnos» siempre ha suscitado perplejidad. Para entenderla, es necesario, ante todo, situarla en su contexto. Heidegger acaba de hablar del dominio planetario de la técnica, que nada parece capaz de gobernar. La filosofía y otras potencias espirituales —la poesía, la religión, las artes, la política— han perdido la capacidad de conmover o, en cualquier caso, de orientar la vida de los pueblos de Occidente. De ahí el amargo diagnóstico de que estas «no pueden producir ningún cambio inmediato en el estado actual del mundo» y la inevitable consecuencia de que «solo un Dios puede salvarnos». Que aquí no se trata en absoluto de una profecía milenarista se confirma inmediatamente después con la precisión de que debemos prepararnos no solo «para la aparición de un Dios», sino también y más bien «para la ausencia de un Dios en su ocaso, para el hecho de que nos hundimos frente al Dios ausente».

Giorgio Agamben / La verdad y el nombre de Dios

Filosofía, Política

Desde hace casi un siglo, los filósofos hablan de la muerte de Dios y, como suele ocurrir, esta verdad parece hoy aceptada tácita y casi inconscientemente por el hombre común, sin que, no obstante, se midan y comprendan sus consecuencias. Una de ellas -y sin duda no la menos relevante- es que Dios -o, mejor dicho, su nombre- fue la primera y última garantía del vínculo entre el lenguaje y el mundo, entre las palabras y las cosas. De ahí la importancia decisiva en nuestra cultura del argumento ontológico, que unía insolublemente a Dios y al lenguaje, y del juramento pronunciado en nombre de Dios, que nos obligaba a responder de la transgresión del vínculo entre nuestras palabras y las cosas.