Como me escribe un amigo científico al que le gusta reflexionar, el acontecimiento fundamental en la historia del ser vivo fue la aparición de un microorganismo capaz de sentir dolor. Esta tesis debe precisarse, por supuesto, anteponiendo —o añadiendo— a «dolor» «placer». Si relacionamos esta capacidad fundamental del ser vivo con lo que Aristóteles escribe sobre la percepción de la sensación de existir («sentir que vivimos es de por sí dulce, porque la vida es un bien y es dulce sentir que un bien semejante nos pertenece»), podemos decir entonces que la forma primordial de la capacidad de sentir placer o dolor se refiere al hecho mismo de existir, al sentirse vivir. A la sensación de la dulzura del vivir corresponde, en efecto, aquella, simétricamente opuesta, en la que por alguna razón —o incluso sin ninguna razón aparente— sentirse vivir resulta doloroso.
Vida
Tariq Anwar / Hoy, la forma
Estética, Filosofía, PolíticaAunque nos parezca una ambición desmedida —y en efecto lo es—, aunque se nos repita que “no estamos preparados” para pensarla y aunque sepamos de antemano que nuestro pensamiento llega siempre tarde a aquello que pretende comprender, lo único que hoy, cuando todo parece precipitarse, merece ser pensado es la forma. No la forma como ídolo último, no la forma de las formas que vendría a garantizarnos una verdad, sino la forma en el único sentido que no se deja capturar por una definición: como formación, como formándose. Y es en este punto donde la forma revela su vínculo inseparable con la imaginación y con el poder, con la vida y con la muerte, con el lugar y con la utopía.
Porque la forma no es un contorno quieto que delimita una sustancia: es el choque mismo de fuerzas que se delimitan al chocar. Intensidades, volúmenes, ritmos: lo que se expande y lo que se pliega; lo que se ama y lo que se muerde; lo que se sostiene y lo que se quiebra; lo que se vuelve abstracto y, por esa abstracción, queda subsumido en una figura que se pretende neutral. Si hay una ilusión constante del pensamiento occidental, es creer que primero existe “algo” y luego su forma; pero quizá ocurre lo contrario: sólo hay algo en la medida en que hay una cierta manera de formarse, un cierto estilo de aparecer, una cierta economía de lo visible y lo invisible.
Juan Pablo Espinosa Arce / El otro como imposible. Preliminares en/con Jacques Derrida
Filosofía“Cualquier texto es autobiográfico”: la vida como espacio del otro
La filosofía de Derrida es autobiográfica: “estoy convencido de que, en cierto modo, cualquier texto es autobiográfico”1. La vida del autor está desplegada en espacios de diferencia: nació en El Biar, un suburbio de Argel cuando la nación africana islámica era colonia francesa en 1930. Como hijo de familia judía2 se le da un nombre “oficial” (Jacques, Jackie) y también “otro nombre”, un nombre secreto: Élie. A propósito del nombre Derrida escribe: “un nombre propio nunca es puramente individual”3.
Javier Eduardo Alejo / Eugene Thacker y el horror filosófico
FilosofíaOù la vie se contemple tout est submergé. Paul Eluard
Para esta aproximación al nihilismo filosófico de Eugene Thacker,[1] es necesario mencionar dos objetivos generales. El primero apunta a ciertas dificultades en la comprensión de la vida, lo vivo y el viviente; dificultad que se dilata y exige establecer conceptualizaciones nuevas que asuman una postura no-antropocéntrica, es decir, que consideren el aspecto de lo-no-humano. El segundo es indagar en aspectos del nihilismo y el pesimismo de este filósofo bajo el manto de su realismo o materialismo obscuro, que ha sabido absorber el cargado zumo de la crítica literaria en contra del antropomorfismo y antropocentrismo.
Giorgio Agamben / El misterio etrusco
Estética, FilosofíaMassimo Pallottino observó una vez que, aunque los estudios de etruscología han alcanzado un rigor y una riqueza que nada tiene que envidiar a otras disciplinas, algo así como un misterio continúa obstinadamente rodeando a los etruscos. En realidad, este misterio tiene su raíz en dos simples circunstancias: la pobreza de testimonios escritos, que carecen de carácter literario y que consisten en inscripciones sepulcrales o votivas; y, el hecho de que los testimonios arqueológicos y artísticos, extraordinariamente ricos, provienen esencialmente de tumbas. Una civilización sin literatura escrita (aunque sabemos que había un teatro floreciente, pero el teatro, como lo demuestra la Comedia del Arte, también puede vivir oralmente) y una civilización sepulcral, que parece ocuparse más de los muertos que de los vivos.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: ambigüedades
FilosofíaAlgunas respuestas parecen mecánicas. Otras, incluso instintivas. Ciertas disciplinas de saberes, por el contrario, parecen constituirse como fruto de un esfuerzo sobrehumano, siendo el resultado de un superávit de prácticas, reglas y métodos cuyo monótono proceso de recolección, conversión y adaptación de datos permitirán su ingreso dentro de determinadas coordenadas de un archivo o región de conocimiento. Y hay de (in)ciertos acontecimientos que no responde a ninguno de estos modos, pues irrumpen y sacuden la superficie del planeta como si nos susurraran al oído la existencia de un mundo otro.
