Aldo Bombardiere Castro / Delfines

Literatura

Porque no engraso los ejes

Me llaman abandona`o

Si a mí me gustan que suenen

¿Pa`qué los quiero engrasa`os?

(Atahualpa Yupanqui)

El vaivén del microbús resultaba insoportable. Irregular, entrecortado, no dejaba de sacudir y acrecentar el malestar despertado por las olas de calor que asediaban a la ciudad. Lo único mínimamente rescatable era la distancia existente entre los pasajeros. Dispuestos en lejanía unos de otros, como accidentales piedrecillas desperdigadas en lo inacabable del desierto, la distancia entre aquellos cuerpos cansados erigía la barrera de un tenue anonimato. El bús circulaba lento. La ventilación era nula. A través de los cristales se dejaba ver el monocorde cemento de las calles, las invasivas coloraturas de los semáforos y centros comerciales, así como la desoladora ausencia de transeúntes. Todo ello despertaba en los pasajeros la sensación de soledad, de encierro y, sobre todo, de sopor. Un extraño malestar empañado por el desgano y la indiferencia. Pero había algo peor: el ruido. El autobús, evidentemente sucio y deteriorado, parecía librar sus últimas horas de utilidad, por lo cual emitía un ruido metálico tan tembloroso como el movimiento que le acompañaba. Ruido agudo, de tornillos desgastados o necesitados de lubricación, el cual por instantes, pese a su marcada arritmia percusiva, hilvanaba una efímera continuidad melódica, para inmediatamente volver a entregarse a la tiranía del ruido.

Tariq Anwar / Barzakh

Filosofía, Política

Cabe preguntarse si lo que llamamos realidad no es, en rigor, una fuga sistemática del umbral. Occidente ha edificado su ontología sobre la primacía de la sustancia, de aquello que permanece idéntico a sí mismo bajo el flujo de los accidentes; pero quizás la verdadera persistencia habita en aquello que resiste ser nombrado como ente. Ibn Arabí, a quien la tradición conoce como al-Shaykh al-Akbar, enseñó a habitar la dualidad no como contradicción lógica, sino como morada originaria del pensamiento. Para él, lo que existe y lo que no existe son dos caras de un único velo que el viajero recorre sin cesar. Frente a esta dualidad, el ser humano sólo puede vivir en perplejidad; y sin embargo, la perplejidad no es estado deficiente del conocimiento, sino su forma más auténtica, aquella en la que el alma toca su límite y descubre que este no es muro, sino puerta.

Tariq Anwar / La estupidez hegemónica del fascismo

Filosofía, Política

Hay una observación de Gramsci que merece ser releída con más lentitud de la habitual: que el poder hegemónico no se impone, se consiente. No es la fuerza lo que lo sostiene en última instancia, sino algo más perturbador: la capacidad de hacer que lo absurdo parezca sentido común, que lo grotesco parezca el único orden posible de las cosas. Trump no es entonces una aberración, no es el accidente que interrumpe el curso normal de la historia. Es, al contrario, su figura más transparente, el momento en que el sistema deja caer la máscara y muestra sin pudor lo que siempre ha sido. Lo más inquietante, sin embargo, no es Trump. Lo más inquietante es que ya no nos hace reír. Y no porque el fascismo sea demasiado serio para la risa —la risa ha sobrevivido a cosas peores— sino porque ha aprendido a ocupar él mismo el lugar del payaso, a anticipar la burla, a hacer del ridículo su propia coraza. Chaplin pudo reírse de Hitler porque Hitler todavía pretendía ser solemne. El fascismo de hoy no pretende nada: se ofrece directamente como espectáculo, se adelanta a su propia parodia. Y en ese movimiento nos roba algo que quizás no sabíamos que teníamos: la distancia necesaria para reír. La risa exige un afuera, un lugar desde el cual la farsa pueda verse como farsa. El fascismo contemporáneo trabaja metódicamente para clausurar ese afuera, para que no quede ningún punto de apoyo desde el cual el mundo pueda aparecer como lo que es.

Tariq Anwar / Sobre Arte y cosmotécnica de Yuk Hui

Estética, Filosofía, Política

Yuk Hui ha planteado en este libro una pregunta que, en apariencia, concierne a la estética, pero que en realidad toca el nervio más profundo de nuestra civilización: ¿existe una sola técnica o existen múltiples técnicas, arraigadas en cosmologías irreductibles entre sí? La respuesta es simple y reveladora: la modernidad ha confundido la universalidad de la técnica con la particularidad de una técnica, la occidental, imponiéndola al resto del mundo como si fuera la única forma posible de relacionarse con el cosmos. Lo que llamamos tecnología no es un destino neutro de la humanidad, sino la cristalización histórica de una metafísica específica: la que separa al sujeto del objeto, al hombre de la naturaleza, al arte de la vida. Hui no propone un retorno ingenuo a las cosmologías premodernas —ese gesto romántico que siempre termina en folclore o en museo—, sino algo más difícil y más urgente: pensar la posibilidad de múltiples modernidades técnicas, cada una enraizada en una relación distinta entre el Qi y el Dao, entre la energía material y el principio ordenador del cosmos. La tradición china, en particular, no conoció la fractura entre techne y poiesis que Heidegger diagnosticó como el origen de la técnica moderna: en ella, el arte no representa al mundo, sino que participa de sus transformaciones.

Tariq Anwar / Hoy, la forma

Estética, Filosofía, Política

Aunque nos parezca una ambición desmedida —y en efecto lo es—, aunque se nos repita que “no estamos preparados” para pensarla y aunque sepamos de antemano que nuestro pensamiento llega siempre tarde a aquello que pretende comprender, lo único que hoy, cuando todo parece precipitarse, merece ser pensado es la forma. No la forma como ídolo último, no la forma de las formas que vendría a garantizarnos una verdad, sino la forma en el único sentido que no se deja capturar por una definición: como formación, como formándose. Y es en este punto donde la forma revela su vínculo inseparable con la imaginación y con el poder, con la vida y con la muerte, con el lugar y con la utopía.

Porque la forma no es un contorno quieto que delimita una sustancia: es el choque mismo de fuerzas que se delimitan al chocar. Intensidades, volúmenes, ritmos: lo que se expande y lo que se pliega; lo que se ama y lo que se muerde; lo que se sostiene y lo que se quiebra; lo que se vuelve abstracto y, por esa abstracción, queda subsumido en una figura que se pretende neutral. Si hay una ilusión constante del pensamiento occidental, es creer que primero existe “algo” y luego su forma; pero quizá ocurre lo contrario: sólo hay algo en la medida en que hay una cierta manera de formarse, un cierto estilo de aparecer, una cierta economía de lo visible y lo invisible.

Hakim George / s p a c e

Música, Sonido

En Ficción de la razón presentamos el disco s p a c e de Hakim George. Compuesto de cinco piezas sonoras, s p a c e propone un viaje espacial singular donde una estructura articula todo el disco en la forma de repetición, pero con juegos sonoros diversos. Es una apuesta sonora que busca articular los principios popularmente antagónicos de necesidad y posibilidad.