Abdennur Prado / La modernidad como perversión del cristianismo. A propósito de Últimas conversaciones con Iván Illich

Filosofía, Política

Durante décadas Iván Illich desarrolló una crítica radical de la industrialización y de la burocratización de la existencia, mostrando como la Modernidad había llevado al ser humano a ser esclavo de las herramientas; es decir, de todos aquellos medios de los que se ha dotado, para alcanzar unos objetivos que, finalmente, desconoce o han quedado fuera de su alcance. Particularmente sonadas fueron sus polémicas sobre la escolarizacion (La sociedad desescolarizada, 1971), sobre la energía y los transportes (Energía y equidad, 1974) y sobre la medicina institucionalizada (Némesis médica, 1975), además de su apuesta por lo que llamó La convivencialidad (1973) y El género vernáculo (1982). A causa de estas y otras obras, pasó por ser un crítico feroz de la industrialización, con un toque de arcaísmo y una dimensión ética que le daba su sello característico, pero que también resultaba incómodo para las ortodoxias de izquierdas y derechas, lo cual ha llevado a una exclusión sistemática de sus planeamientos en el ámbito académico.

Alain de Libera: “Arqueología del sujeto” [1]

Filosofía

Fuente: Política Común, Vol. 6, 2014

Introducción

¿Cómo el sujeto pensante, o si se prefiere, el hombre en tanto que sujeto y agente del pensamiento entró en filosofía? ¿Por qué? Nada, en apariencia, para retomar la expresión de Aristóteles hablando de las Formas platónicas, convocaba el nacimiento de tal “monstruo”. Más bien todo parecía excluirlo: según el Estagirita, la palabra “sujeto” designaba algo así como un soporte o un substrato dotado de una capacidad receptiva; “pensamiento”, una afección o un afecto o, para decirlo en el rudo idioma aristotélico, una “alteración” de un género particular;