Hay una observación de Gramsci que merece ser releída con más lentitud de la habitual: que el poder hegemónico no se impone, se consiente. No es la fuerza lo que lo sostiene en última instancia, sino algo más perturbador: la capacidad de hacer que lo absurdo parezca sentido común, que lo grotesco parezca el único orden posible de las cosas. Trump no es entonces una aberración, no es el accidente que interrumpe el curso normal de la historia. Es, al contrario, su figura más transparente, el momento en que el sistema deja caer la máscara y muestra sin pudor lo que siempre ha sido. Lo más inquietante, sin embargo, no es Trump. Lo más inquietante es que ya no nos hace reír. Y no porque el fascismo sea demasiado serio para la risa —la risa ha sobrevivido a cosas peores— sino porque ha aprendido a ocupar él mismo el lugar del payaso, a anticipar la burla, a hacer del ridículo su propia coraza. Chaplin pudo reírse de Hitler porque Hitler todavía pretendía ser solemne. El fascismo de hoy no pretende nada: se ofrece directamente como espectáculo, se adelanta a su propia parodia. Y en ese movimiento nos roba algo que quizás no sabíamos que teníamos: la distancia necesaria para reír. La risa exige un afuera, un lugar desde el cual la farsa pueda verse como farsa. El fascismo contemporáneo trabaja metódicamente para clausurar ese afuera, para que no quede ningún punto de apoyo desde el cual el mundo pueda aparecer como lo que es.
Sentido común
Pablo Pachilla / Sentido común y buen sentido en Deleuze
FilosofíaAl ser el concepto de sentido común en Deleuze de primera importancia, resulta llamativo que no exista un trabajo interpretativo detallado al respecto. El presente artículo se propone subsanar dicha falta, ofreciendo un análisis riguroso de los diferentes sentidos y matices del concepto. Sostendremos que existen tres sentidos de “sentido común” en Deleuze: como Imagen del pensamiento, como concordia facultatum y como correlato del buen sentido. En los dos primeros sentidos, el sentido común se contrapone al empirismo trascendental deleuziano en tanto supone un pensamiento ya dado e impone una condición de concordancia en el ejercicio de las facultades; en el último, aporta la forma del objeto cualquiera que será cualificado por el buen sentido, que impone asimismo una determinación temporal escatológica y una determinación ontológica y espacial sedentaria.
