Conversaciones de ficción / Pueblo y constitución

Filosofía, Política

Sergio Villalobos-Ruminott, Gerardo Muñoz, Gonzalo Díaz Letelier, Rodrigo Karmy y Mauricio Amar conversan en torno a la tensión conceptual Pueblo y constitución.

Imagen principal: Thomas Hartmann, Stadter Beim Landbesuch (Townspeople at landscape visit), 2015

Gerardo Muñoz y Rodrigo Karmy Bolton / Contra el polo médico o el progresismo compensatorio.

Filosofía, Política

La crisis del confinamiento pandémico no solo ha desnudado el interior del dominio económico neoliberal – una epocalidad marcada por la consumación de la cibernética y la jerarquización de sus valores morales – sino también sus reservas compensatorias. Como toda sistematización absoluta que reduce el mundo a la espiritualidad de la técnica, la compensación se vuelve el instrumento de su propia eficacia, esto es, lo que permite abonar la organización de una hegemonía. Cuando decimos “hegemonía” queremos decir no solo la aglutinación de demandas de lo social en un horizonte unívoco, sino más importante aún, eso que pudiéramos llamar el funcionamiento vital del cuerpo de la sociedad civil desde el cual se nutre la dominación. Es este preciso umbral que elige a la economía por sobre la vida el que pretende operar como una “salida” a la crisis en nombre de la “medicalización” de los cuerpos.

Gerardo Muñoz / Diez tesis contra la metrópoli

Filosofía, Política

1. La metropolitización del mundo es un nuevo sentido de totalidad que constituye el último topoi del Imperio.

א Si la forma imperio clásica tenía a la operación de la extracción como vórtice de su producción; la nueva organización metropolitana tiende a la modulación del valor como finalidad de su praxis. En efecto, naturaleza y orden, physis y nomos son disueltos en una misma optimización del diseño metropolitano. El nomos y la physis se vuelven dos polos compensatorios de la técnica y el humanismo. Felix Heinimann, Nomos and physis (1945).

Gerardo Muñoz / ¿Democracia o Anarquía?

Filosofía, Política

En las últimas semanas hemos leído estupendos textos sobre la lectura que periódicamente viene haciendo Giorgio Agamben en su rúbrica de Quodlibet. Pienso en textos de los amigos Rodrigo Karmy, Alberto Moreiras, Lucia Dell’Aia, o Mauricio Amar; todos ellos ayudan a poner en su lugar la inmerecida hostilidad de los críticos ante el pensador italiano. Esta hostilidad rara vez abre un desacuerdo real de pensamiento, sino que más bien termina inscribiéndose en una abierta descalificación o simplemente incomprensión de su gesto. Hasta ahora no me interesaba decir nada en el debate, porque no veía un problema central, pero creo que ahora se hace más discernible, al menos para mi. Y este problema tiene dos niveles: el problema de la democracia y el problema de la universidad. Intentaré desplegarlos en este breve comentario como una mínima contribución a la conversación en curso.

Gerardo Muñoz / “La inversión no es una estrategia”. Una conversación con Jacques Camatte

Filosofía, Política

Jacques Camatte fue una de las figuras más relevantes en los debates teóricos del comunismo italiano de los setenta y temprano vaticinador del agotamiento del horizonte de la revolución. Autor de un sinnúmero de ensayos sobre la naturaleza del capital (El capital total: sobre el capítulo VI inédito de El Capital, Contra la domesticación, La errancia de la humanidad, o Éxodo del mundo) y fundador de la importante revista Invanriance, el pensamiento de Camatte habita sobre el intempestivo signo de la extinción de la especie y la comunidad originaria (Gemeinwesen) en la deriva de la absolutización antropomórfica del capital en su despliegue ilimitado y totalizador. Para Camatte el fin de la lógica del capital coincide con su dominación total como proceso de subjetivación.

Gerardo Muñoz / Existencia contra cibernética. La hipótesis cibernética veinte años después

Filosofía

En estos días he recibido la edición norteamericana de The Cybernetic Hypothesis (Semiotexte, 2020), publicada justo veinte años después de su aparición en la mítica Tiqqun 2 (2001). Es curioso el destino que a veces suelen tener algunos libros. Y no lo digo por aquello de que algunos libros se escriben para lectores póstumos. Hay textos que atraviesan la oscuridad del presente para salvarse de un naufragio. Una empresa difícil en una época como la nuestra, carente de orientación y formas generales. Los autores de La hipótesis cibernética – si es que, en efecto, podemos hablar de ellos como “autores” – pudieron abrir los “miles de ojos” de los que hablaba un poeta norteamericano para adentrarse al despliegue del poder en el momento en que este auto-abdicaba hacia una indiferenciación entre sociedad y estado. El paso quedaba muy claro: la exigencia era entender la nueva física del poder. La pregunta ya no era ¿qué hacer?, sino ¿cómo despejar otras zonas de opacidad? Evitando las salidas falsas y claramente arcaicas (“restituir” al hegelo-marxismo universalista, el Partido, la política de los fines, la “Revolución”, etc.), la hipótesis cibernética venía a mostrar cómo la nueva eficacia del poder transitaba por los entramados de la informática, sus nodos semióticos, y la producción habitual en una gigantomaquia de administración sobre los estímulos poblacionales.