En una entrevista reciente para el Instituto Humanitas Unisonos (Junges 2026), Rodrigo Karmy recoge varias de sus tesis, desarrolladas en textos previos, sobre la contemporaneidad y relevancia de Averroes. La entrevista está llena de ideas sugestivas. La principal, quizás, radica en pensar a Averroes como fuente de una tradición filosófica alternativa respecto a la corriente dominante en la modernidad: aquella centrada en la ‘metafísica del sujeto’. Concebir la libertad como soberanía, sea ejercida por un individuo o por un Estado, es su consecuencia ético-política más determinante. Como antídoto contra la metafísica del sujeto, y punto de partida de una tradición, con bases aristotélicas, que pasa por Spinoza y Marx, aparece el pensador cordobés. El escándalo del averroísmo, la idea de un intelecto impersonal, combatido, por razones éticas y política por Tomás de Aquino, es reivindicado por Karmy como punto de acceso a una ‘modernidad alternativa’. A lo largo de la entrevista, se desarrollan las consecuencias de esta decisión filosófica considerando el pensamiento neoliberal, la noción de ‘persona’, la cuestión del comunismo y la Inteligencia Artificial. Aquí la historia de la filosofía, como sucede en sus más potentes ejercicios, es un insumo para repensar el presente.
Comunidad
Dionisio Espejo / Música, cultura de masas y resistencia: una cartografía del conflicto sonoro
Estética, Filosofía, Música, SonidoEste ensayo propone una reflexión filosófica sobre la música como práctica cultural y política, alejándose de una comprensión puramente estética o historiográfica. Su tesis central sostiene que la modernidad ha desplazado progresivamente la música desde el ámbito de la presencia y del acontecimiento compartido hacia el de la representación, la reproducción técnica y la mercancía. A partir del diálogo con la crítica de la industria cultural —especialmente con Walter Benjamin, Theodor W. Adorno y Guy Debord—, así como con una concepción de la música entendida como praxis, se analiza el modo en que las transformaciones tecnológicas y económicas han modificado no solo las formas de producción y circulación musical, sino también las condiciones mismas de la escucha y de la experiencia comunitaria. El recorrido abarca desde las controversias estéticas de la modernidad hasta la cultura de masas y la inteligencia artificial, defendiendo que la cuestión decisiva no reside en la innovación técnica, sino en la sustitución del acontecimiento musical por su representación. Frente a esta dinámica, el ensayo reivindica la música como una práctica de presencia, conocimiento y resistencia cultural, capaz de constituir comunidad y de preservar espacios de creación no subordinados a la lógica del mercado.
Mauro Salazar J. / Nuestro despojo. Por qué un país de apellidos no es un país
Filosofía, PolíticaUn archivo de la cuestión social
Empiezo por una sospecha: en Chile el apellido no nombra, clasifica. No dice quién es alguien; dice dónde va. Es una contraseña que se hereda, una carta de recomendación escrita antes de nacer o una condena firmada por otros. Un estudio leyó los apellidos de más de cuatro millones de santiaguinos y dibujó con ellos el mapa que el país no quiere mirar: el de una oligarquía que se enlaza solo consigo misma, que necesita cuatro saltos para tocar al resto de la ciudad, que vive cerca en el plano y lejísimos en la sangre. Tal lista se lee como se lee una trampa: por lo que atrapa y por lo que deja escapar. El estudio existe, tiene nombre y fecha, no lo inventé: se llama «Surname affinity in Santiago, Chile», lo firmaron Naim Bro y Marcelo Mendoza, y salió en 2021 en una revista científica, PLOS ONE, con todos sus números en regla —cuatro millones de habitantes, dos redes de apellidos, cuatro pasos de distancia entre los de arriba y los demás—. Un dato frío, revisado por pares, que sin proponérselo cuenta la novela policial de un país.
Tariq Anwar / El último parpadeo: deseo, técnica y fascismo sin cuerpo
Filosofía, PolíticaHay algo erróneo en la manera como nombramos lo que hoy se disputa en el campo político. Decimos que los regímenes contemporáneos operan sobre los cuerpos y explotan nuestras almas, pero acaso el mecanismo de dominación resida en la disolución de la tensión que conjugaba ambas regiones en una sola economía del deseo. El deseo, en su acepción arcaica, no era movimiento del alma ni del cuerpo por separado: era el impulso que los articulaba, una orexis que Aristóteles definía como tensión hacia lo deseado mediante la imagen del cuerpo. El deseo no es algo que uno «tiene», sino algo que unoes poniendo el ser en juego hacia el otro. Los nuevos dispositivos de poder han logrado mutar el deseo en algo que ha perdido su dirección hacia un telos: su degradación a hábito estimulable. El término désir en francés antiguo remitía a una espera, a una pena por ausencia. Notemos el desplazamiento: desear era esperar. Pero esperar no es suspender. En la espera hay certeza de que lo esperado llegará; en la suspensión hay la intención de mantener el deseo en el umbral, en ese intervalo que precede a la consumación sin alcanzarla. Las redes sociales operan como máquinas de suspensión: no prohíben el deseo, lo multiplican hasta la náusea, lo exponen a fragmentos que titilan y se desvanecen, de modo que el deseo nunca encuentra su objeto, sino solo su simulacro desechable. Es pornografía generalizada en la que no hay cuerpos, sino signos que remiten a otros signos sin presencia.
Mauro Salazar J. / Parásitos. La comunidad clausurada
Filosofía, PolíticaI. Lo que el establo sabe y la columna se niega a saber
Conviene comenzar por la biología, no porque ella ofrezca una metáfora amable, sino porque desmiente a la metáfora antes de que la política alcance a domesticarla. Cuando el asesor presidencial del gobierno entrante — Cristian Valezuela— escribió, en octubre de 2025, que el Estado chileno «no está enfermo: está podrido», que se había vuelto «un cuerpo hinchado, lleno de parásitos que viven de él, lo drenan y se reparten sus restos como si fuera un botín», no enunciaba un diagnóstico: ensayaba una condena. Creía que la palabra «parásito» nombraba sin resto lo que sobra, lo que extrae sin devolver, lo puramente sustractivo. Esa creencia es, justamente, lo que ninguna ecología seria sostiene, y conviene decirlo sin atenuantes: la metáfora descansa sobre una ignorancia que se disfraza de evidencia clínica.
Paloma Castillo / La izquierda no tiene proyecto. Sobre la igualdad como axioma y el valor de uso como horizonte
Filosofía, PolíticaHace algunos días, conversando con un amigo a propósito de un texto que publique hace unos días en este mismo espacio, me hizo una observación que me dejó pensando. Al texto, decía, le faltaba hablar de proyecto político. La izquierda discute lenguaje, discute prácticas, discute encarnación, pero no nombra el proyecto, y esa omisión es síntoma de algo: del desacople entre lo que dicen los políticos y lo que hace la gente. Su intuición me pareció justa. Y al mismo tiempo me llevó a una pregunta más incómoda: ¿es verdad que a la izquierda le falta proyecto? ¿O lo que falta es otra cosa?
