El célebre libro de Tomás Moulian (1997) duele, y no por lo que denuncia, que ya conocíamos, sino por lo que nos devuelve el espejo roto: la imagen de un país con épicas modernizantes que aprendió a llamar «realismo» a su rendición incondicional. «Chile actual» se lee hoy como se lee una fotografía antigua en la que descubrimos, demasiado tarde, que ya estábamos ahí, sonriendo, cuando el patrón sacudía la tapa del piano. Habitar la posdictadura fue aprender a vivir en una casa reformada sobre los mismos cimientos, con habitaciones clausuradas que nadie nombraba y la orden tácita de no abrir demasiado las puertas: una convivencia hecha de silencios administrados, de duelos postergados y de una normalidad exhibida como prueba de que todo había pasado. Lo que se cerró, en esa década (años 90’), fue menos una puerta política que una facultad, la de imaginar que el futuro podía ser distinto.
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Dionisio Espejo / Música, cultura de masas y resistencia: una cartografía del conflicto sonoro
Estética, Filosofía, Música, SonidoEste ensayo propone una reflexión filosófica sobre la música como práctica cultural y política, alejándose de una comprensión puramente estética o historiográfica. Su tesis central sostiene que la modernidad ha desplazado progresivamente la música desde el ámbito de la presencia y del acontecimiento compartido hacia el de la representación, la reproducción técnica y la mercancía. A partir del diálogo con la crítica de la industria cultural —especialmente con Walter Benjamin, Theodor W. Adorno y Guy Debord—, así como con una concepción de la música entendida como praxis, se analiza el modo en que las transformaciones tecnológicas y económicas han modificado no solo las formas de producción y circulación musical, sino también las condiciones mismas de la escucha y de la experiencia comunitaria. El recorrido abarca desde las controversias estéticas de la modernidad hasta la cultura de masas y la inteligencia artificial, defendiendo que la cuestión decisiva no reside en la innovación técnica, sino en la sustitución del acontecimiento musical por su representación. Frente a esta dinámica, el ensayo reivindica la música como una práctica de presencia, conocimiento y resistencia cultural, capaz de constituir comunidad y de preservar espacios de creación no subordinados a la lógica del mercado.
