Mauro Salazar J. y Andrés Leiva / El espectro del Estado mínimo. Recorte social y desarrollo

Filosofía, Política

Resumen: blasfemias del Estado mínimo

El gobierno encabezado por José Antonio Kast, instalado el 11 de marzo de 2026, ha hecho del recorte del Estado el eje articulador de su programa: 260 programas públicos sometidos a tijera, US$6.000 millones de gasto suprimido en 18 meses, rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%, recorte del 15% a la Pensión Garantizada Universal pese a la promesa de campaña «Te amo PGU». La operación discursiva es triple: invocar una «emergencia» que justifica la urgencia, citar tres o cuatro países como prueba de éxito, y vender el ajuste como modernización. Esta nota desmiente las tres operaciones por examen empírico. No existe ningún país que haya combinado reducción del gasto y reducción de impuestos corporativos con desarrollo generalizado: los casos invocados (Singapur, Irlanda, Estonia) operan, vistos de cerca, con fuerte intervención estatal. Cinco ideas gravitacionales sostienen la nota: el «estado mínimo» es un fantasma ideológico; los casos invocados redistribuyen activamente; el crecimiento bajo este modelo es asimétrico (los ricos crecen tres veces más); el modelo enriquece a los mismos de siempre; y este es un modelo de crecimiento de la riqueza, no de desarrollo de los pueblos.

Mauro Salazar J. / Carlos Peña. Sinuosidades de El Rector

Filosofía, Política

a Javier Agüero…

En nuestro mundanal tupido las vocerías de izquierdas que, aún pululan, suelen establecer comentarios molares -obesos- para descalificar velozmente (perezas cognitivas) el campo de sus adversarios, hundirse en la demonología y estimular el negacionismo parroquial. Este ha sido el expediente más frecuentado para estigmatizar vitriólicamente a Carlos Peña González. En efecto, las críticas van desde retratar a un neoliberal –hegemón– que ha participado de las “cogniciones adaptativas”, o bien, un sujeto de permutas con elites en trayectorias liberales diferidas. También ha sido calificado como un normativista solvente que, por la vía del Kantismo (razón, modernidad, progreso, orden), oferta un somnífero a nuestra a nuestras elites -sin retrato de futuro-. Una especie de médium -principio de realidad- que establece los destinos de la quietud conteniendo los delirios partisanos. Y aunque el Rector Peña estableció juicios que nunca hemos terminado de comprender -compartir o tolerar- en el contexto de la revuelta (2019), ello incluye su furioso llamado a las fuerzas del orden, todo queda limitado a una enemización del juicio simple -donde finalmente se impone el slogan. Otros sostienen que Peña -el Rector- no es un lector fino de Jacques Ranciére, Jean-Luc Nuncy o el faro de la deconstrucción, Jacques Derrida. Casi como carta de triunfo nuestros filósofos enrostran un argot (precrítico) para desacreditar la dimensión mercurial de El Rector -en tanto abogado-. De suyo Peña, y pese a su innegable talento, no está desprovisto de corporaciones, sistema de medios y poderosas cadenas de influencia, ha cultivado el expediente del sermón para preservar la continuidad dominical de las modernizaciones.