Hay algo erróneo en la manera como nombramos lo que hoy se disputa en el campo político. Decimos que los regímenes contemporáneos operan sobre los cuerpos y explotan nuestras almas, pero acaso el mecanismo de dominación resida en la disolución de la tensión que conjugaba ambas regiones en una sola economía del deseo. El deseo, en su acepción arcaica, no era movimiento del alma ni del cuerpo por separado: era el impulso que los articulaba, una orexis que Aristóteles definía como tensión hacia lo deseado mediante la imagen del cuerpo. El deseo no es algo que uno «tiene», sino algo que unoes poniendo el ser en juego hacia el otro. Los nuevos dispositivos de poder han logrado mutar el deseo en algo que ha perdido su dirección hacia un telos: su degradación a hábito estimulable. El término désir en francés antiguo remitía a una espera, a una pena por ausencia. Notemos el desplazamiento: desear era esperar. Pero esperar no es suspender. En la espera hay certeza de que lo esperado llegará; en la suspensión hay la intención de mantener el deseo en el umbral, en ese intervalo que precede a la consumación sin alcanzarla. Las redes sociales operan como máquinas de suspensión: no prohíben el deseo, lo multiplican hasta la náusea, lo exponen a fragmentos que titilan y se desvanecen, de modo que el deseo nunca encuentra su objeto, sino solo su simulacro desechable. Es pornografía generalizada en la que no hay cuerpos, sino signos que remiten a otros signos sin presencia.
Simulacro
Valeria Sonna / Deleuze lector de Platón
FilosofíaGilles Deleuze describe la tarea del “renversement du platonisme” como la búsqueda de su motivación. El propósito de la Teoría de las Ideas y del método dialéctico es una “voluntad de seleccionar” que responde a lo que Deleuze identifica como el problema platónico, la “selección de pretendientes”. En este escenario, las Ideas funcionan como criterio de la selección y la dialéctica es el procedimiento por el cual Platón produce la diferencia entre los objetos a seleccionar. Deleuze usa el concepto de “simulacro” para pensar la inversión porque encuentra en él una anulación de la posibilidad misma de la Idea como fundamento. Sin embargo, este concepto tiene un desarrollo muy acotado en los diálogos platónicos. Es, en rigor, sólo en el Sofista que Platón lo desarrolla. En el presente trabajo indagaremos en el uso que hace Deleuze del texto del Sofista y del concepto platónico de “simulacro” con el fin de determinar que su operación de lectura debe ser pensada en términos de una sintomatología.
Rayiv David Torres Sanchez / La infidelidad de los dioses: lenguaje y simulacro en Pierre Klossowski
Filosofía, LiteraturaPierre Klossowski se sirvió de la doctrina del eterno retorno de Nietzsche para poner en tela de juicio el principio de identidad tanto en la escritura como en el lenguaje; un falso principio que, como el Dios-Uno, simula ser único y verdadero. Así mismo, Klossowski se sirvió de la figura nietzscheana de la “muerte de Dios” para hablar del ocaso de la identidad, y poner en entredicho las certezas depositadas en la suficiencia y eficacia del lenguaje. A la luz de la filosofía de Klossowski se pondrá en evidencia cómo en su literatura y en su interpretación del mito del baño de Diana, asistimos a la caída del paradigma del principio de no contradicción, de lo que se deriva la posibilidad retórica del mundo devenido en fábula. Esto tendría lugar en el momento en que toda escritura estriba en el plano de la ficción, donde todos los simulacros, como ha dicho Gilles Deleuze comentando a Klossowski, ascienden a la superficie. El simulacro se convierte en fantasma.
