Paloma Castillo / Heredar la alegría

Filosofía, Política

“Hay entonces una cita secreta entre las generaciones pasadas y la nuestra”. Walter Benjamin

Voy a empezar por lo luminoso, porque la otra coreografía me tiene cansada: el inventario minucioso de los fracasos y, al final, un pedacito de esperanza que parece sustentarse solo en la porfía. Así ha sido siempre, o al menos desde que tengo memoria. Esa estructura, la del sacrificio: sufrir ahora para merecer. Ese es precisamente el problema que arrastra la izquierda en la que crecí.

Pienso. La alegría primero. Una marcha de un millón de personas, ese instante en que uno mira hacia los lados y el estar entre muchos hace algo con la rabia: la vuelve soportable, legítima. Lo curioso es que eso —que es lo más vivo que nos ha pasado en años— el psicoanálisis suele leerlo con desconfianza: como masa, como pérdida del sujeto, como regresión. Hay buenas razones históricas para esa desconfianza; Freud escribió sobre las masas con el ascenso del nazismo de fondo. Pero Wilhelm Reich, que estudió la psicología de masas del fascismo desde dentro, advirtió algo que la izquierda de su época no quiso escuchar (y nosotros tampoco): que el fascismo le ganó el fenómeno de masas porque la izquierda lo despreció, porque trató la necesidad humana de pertenecer, de formar cuerpo con otros, como una debilidad a corregir en lugar de una fuerza a disputar. Esa advertencia sigue intacta. Cuando la izquierda desprecia el deseo de estar juntos, no lo elimina: se lo regala a otros, que sí saben qué hacer con él.

Ramzi Salem / ¿Quién soy?

Poesía

¿Quién soy?
me preguntan los pájaros
girando sobre mi cabeza,
danzando en círculos con los errantes,
mirando fijamente las honduras de mis ojos,
hundiéndose en su brillante fulgor castaño,
y luego alejándose a través de mi mirada llena de lágrimas.

Buscan
los funerales de la memoria,
las tumbas de las rimas poéticas,
las salidas de los laberintos
y las entradas del anhelo.

Se esfuerzan por desenterrar mis secretos,
por traducir el cansancio de mis rasgos,
por interpretar la oscuridad bajo mis ojos,
por comprender el relato de mis lenguas
y la sombra dentro de mis palabras.