Quisiera decir una pequeña palabra. Muy pequeña. Tanto como la longitud de Planck. Una partícula de palabra, de hecho. Una palabra contraída al máximo de lo que se pueda. Que no diga nada. Que esconda el futuro. Quisiera también imaginar esa palabra desplegándose, abriéndose camino sobre y bajo sí misma. Una palabra de agua, que no tiene otro espesor que su posibilidad. Una palabra así sería casi un dios, pero no. Casi, porque prácticamente todo cabría en ella. No, dado que sería la más inmanente de las lenguas. Una palabra-lengua que se asemeje a una miga de pan en la mesa. Pequeña palabra que prometa lo que la lengua de los burócratas ha dejado en el olvido. Tan pequeña que sólo pueda ser sobrepasada por el pasado. Ignorante de lo que vendrá, esta palabra podría ser toda una aventura.
Futuro
Giorgio Agamben / El medioevo que viene
Filosofía, PolíticaUn pasaje del libro de Sergio Bettini sobre El arte al final del mundo antiguo describe un mundo que es difícil no reconocer como similar al que estamos viviendo. «Las funciones políticas son asumidas por una burocracia estatal; esta se acentúa y se aísla (anticipando las cortes bizantinas y medievales), mientras las masas se vuelven abstencionistas (germen del anonimato popular de la Edad Media); sin embargo, dentro del estado se forman nuevos núcleos sociales en torno a las diversas formas de actividad (germen de las corporaciones medievales) y los latifundios, vueltos autárquicos, preludian la organización de algunos grandes monasterios y del mismo estado feudal».
