Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo

Filosofía, Política

El lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.

Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.

Abdennur Prado / La estrategia de Deleuze

Filosofía

Gilles Deleuze hace lo mismo que Platón: establece su causa, identifica a sus rivales y toma de ellos todo aquello que lo fortalece, para derrotar al enemigo con sus armas. La causa de Deleuze se llama, en principio, «materialismo ateo». Pero esta es una causa muy limitada desde una perspectiva filosófica. Requiere ser expresada de forma más potente, como una invitación a experimentar con uno mismo y con la vida, afirmar la diferencia y privilegiar el devenir, la creatividad frente al resentimiento, jugar a desterritorializarse y a territorializarse, a hacer como un rizoma y no plantarse como un árbol, proliferando los buenos encuentros y las buenas vibraciones, inventando a cada paso conceptos que nos liberen de lo ya sabido y de lo ya interpretado… Con el bello propósito de lograr un plano de inmanencia pura y escapar de la servidumbre a los fantasmas de la trascendencia. Con esto ya ha incorporado otros conceptos más apetecibles. En todo momento parece claro tanto lo que afirma como lo que niega. Pero se trata tan solo de posiciones de principio. Son enunciados fuertes, pero lo dejan todo por pensar. Si hablamos de materialismo, ¿qué es la materia? Cuando se habla de trascendencia e inmanencia, ¿de qué/quién y con respecto a qué/quién? Si hablamos de ateísmo, ¿a qué nos referimos cuando decimos «Dios»? ¿En qué sentido inventar conceptos o plantear líneas de fuga es liberador?