El futuro nunca fue un lugar al que se llega, sino una promesa que sostiene el presente para que no colapse sobre sí mismo. Cuando esa promesa se retira, no desaparece el tiempo: desaparece la razón para atravesarlo. Cabe recordar que Margaret Thatcher llegó al poder en 1979 abriendo una zona de despojos. El reloj se detuvo. Y una consigna callejera resumió lo que los discursos oficiales tardarían décadas en admitir: «no future». No era un lamento adolescente, aunque naciera en bocas frescas. Era un diagnóstico que ponía en tensión los movimientos de vida. Lo que aquella frase anunciaba no era la ausencia de mañana en sentido literal, sino la clausura de la capacidad de imaginar un orden distinto al que ya gobernaba las calles, los salarios y los cuerpos. Desde entonces, cada generación ha repetido esa sentencia con matices propios, pero el núcleo permanece intacto: vivir sin la posibilidad de proyectar una forma de existencia que no sea la administración indefinida del presente. Imaginemos esa condición como una habitación sin ventanas donde el reloj sigue andando pero el calendario se ha detenido.
Estado
Mauro Salazar J. / El Metro de Santiago como escenario de “lo Político”. Belleza y muerte
Filosofía, PolíticaVeinticinco casos consumados en 2025 y doce en 2024. Una tasa que, según el Ministerio de Salud, ya supera los homicidios: 10,3 suicidios por cada cien mil habitantes. Son cifras, frías cifras, que la empresa estatal del Metro prefiere no publicar, alegando una extraña prevención contra los «efectos de imitación», como si el silencio pudiera cerrar lo que ya está abierto: una zona de sombras en el seno de la vida urbana donde no caben funcionalismos, o explicaciones del tiempo breve.
Lo que ocurre en el Metro de Santiago este 2026, como en otras capitales, se tiene que abrir necesariamente al campo de «lo político» y precipitar las sinuosidades del poder. No es suficiente decir que los sujetos y las multitudes que observan suicidios están apetecidos o resignados por trayectorias castigadas y sobreexplotadas a un régimen de la factualidad: sería limitar el fenómeno a los dilemas de la vida cotidiana, amén de que buena parte de ello sea cierta. Porque si no se abre «lo político» como horizonte vital, como ese espacio de sentido donde es posible imaginar otra vida, entonces solo abundan estadísticas naturalizadas. Impera la datología, el descriptor sin misterio. La Organización Panamericana de la Salud reporta tasas de suicidio juvenil que superan promedios regionales: 12,8 por cien mil en el grupo 15-19 años, 15,4 en el de 20-24. Pero las cifras no dicen nada sobre lo que genera esas cifras: el régimen político que ha hecho del neoliberalismo no una economía sino un modo de vida, una ensambladura que toca cada fibra del tejido social.
Mauro Salazar J. / Cuerpos exiliados. Metro de Santiago: un laboratorio clínico
Filosofía, PolíticaEn los últimos días la ciudad ha descorchado una cadena de muertes en las plataformas del metro de Santiago. Cuerpos que se lanzan contra el acero con una frecuencia que ha dejado de ser anomalía para convertirse en un hecho cotidiano: una regularidad que apenas despierta sorpresa, sin siquiera sopesar la dimensión política de tanta distopía. La máquina neoliberal sigue funcionando porque ha naturalizado las patologías de la individuación. El sistema administrativo apenas registra notas. Y el armatoste medial mantiene un silencio que no es accidental sino deliberado. Lo que está en juego en cada cadáver es una pregunta política: ¿a quién permitimos morir en medio de tanta visibilidad?
Colapso y Desvío / Notas sobre la organización y la práctica para los siguientes ciclos de lucha
Filosofía, Política“Desplazar la mirada hacia lo que está pasando en otros lados puede darnos un respiro que nos transmite fuerza y coraje cuando nuestro “hogar” se vuelve oscuro e insoportable. Porque en algún lugar sobre esta Tierra, siempre habrá gente que se organiza, que lo intenta, que no se da por vencida”. Manifiesto, Los Pueblos Quieren
1. La revuelta y sus formas
Pese al fatalismo que naturalmente pueda despertar nuestro presente, los genocidios, el desplazamiento forzado y las catástrofes ecológicas no son la única cara de la época que habitamos. Las revueltas, aunque focalizadas y, como no podría ser de otra forma, contradictorias, permiten dar cuenta de la fragilidad del actual estado de las cosas y, finalmente, de las posibilidades de habitar y organizarnos que se hallan entre las brechas del orden y los intersticios de la lógica capitalista.
Al cabo de unos meses, durante el ciclo de revueltas anterior, tanto en China, cómo en Ecuador, Chile y Estados Unidos, los distintos movimientos de revuelta experimentaron casi simultáneamente la producción de formas nuevas (o, a veces, no tanto) de organizar su lucha, relacionarse entre sí y hacer uso del espacio que habitaban. De estas experiencias destacan diversas acciones, gestos, afectos y conocimientos prácticos que en la medida en que se demostraron efectivos, se buscaron reproducir hacia la totalidad del movimiento de revuelta, llegando a influir el curso de la lucha en distintos territorios. Extender el conocimiento de estas experiencias de lucha de otros territorios y de las ocurridas en el propio durante el pasado es un momento fundamental en la evolución de toda revuelta.
Este es el caso de, por enumerar algunas, el saboteo a maquinaria extractivista, los saqueos masivos, la evasión del metro, la quema de infraestructura estratégica y la destrucción de monumentos simbólicos para la historia del partido del orden (la “vandalización” a estatuas de figuras coloniales y la quema de la iglesia de carabineros). Pero también de las ollas comunes, las barricadas, grupos de primeros auxilios, asambleas autoconvocadas y de la solidaridad práctica con los presos políticos, y otras formas de solidaridad activa que buscan sostener-nos en la vida cotidiana. Cada acción, ya sea defensiva u ofensiva queda registrada en el arsenal de estrategias y tácticas proletarias (en su noción más amplia). El paso de un ciclo de luchas a otro suele estar marcado en la manera en la que se abandonan y/o se readaptan al presente las distintas formas prácticas y organizativas que caracterizaron a los levantamientos del pasado. El éxito en esta readaptación se demuestra en la medida en que el movimiento de revuelta sea capaz de llevar más lejos el potencial de ciertas prácticas, o de mantenerlas, con sus metamorfosis y procesos de adaptación.
Giorgio Agamben / Estado y terror
Filosofía, Política¿Qué es un Estado que, ignorando toda forma de derecho, asesina metódicamente o secuestra a los jefes de los Estados que declara arbitrariamente enemigos? Y sin embargo, esto es lo que sucede con la aprobación o el silencio turbado de los países europeos. Esto significa que vivimos en un tiempo en el que el Estado ha arrojado sus máscaras jurídicas y actúa ya conforme a su verdadera naturaleza, que no es, en último análisis, sino el terror. Es probable, no obstante, que esta situación extrema lo sea literalmente, es decir, que la deposición de las máscaras coincida con aquel fin de la forma Estado sin el cual una nueva política no será posible.
Giorgio Agamben / Más sobre cocineros y política
Filosofía, PolíticaConviene reflexionar sobre la frase, atribuida a Lenin —aunque no parece que la haya pronunciado nunca— según la cual «toda cocinera puede y debe aprender a gobernar el Estado». Hannah Arendt, comentando el dicho seudoleninista, escribe que en la sociedad sin clases «la administración de la sociedad se ha vuelto tan simple que cualquier cocinera tiene las cualidades para hacerse cargo de ella». Lucio Magri observaba, con razón, años después, que la frase de Lenin habría que invertirla en el sentido de que «el Estado podrá ser dirigido por una cocinera solo en la medida en que ya no existan cocineras».
En el único pasaje en que aparece una cocinera en sus escritos, Lenin dice en realidad algo distinto y bastante más articulado. «No somos utopistas», escribe en un artículo de 1917, «sabemos que una cocinera o cualquier peón no están en condiciones de participar de inmediato en la administración del Estado. En esto estamos de acuerdo con los kadetes, con la Breškovskaja, con Ts’ereteli. Pero nos diferenciamos de estos ciudadanos en que exigimos la ruptura inmediata con el prejuicio de que solo funcionarios ricos o procedentes de una familia rica puedan gobernar el Estado, cumplir el trabajo corriente, diario, de administración. Exigimos que los obreros y los soldados conscientes hagan el aprendizaje en la administración del Estado y que este estudio comience de inmediato o, en otras palabras, que se empiece enseguida a hacer participar a todos los trabajadores, a todos los pobres, en tal aprendizaje».
