Julio Cortés Morales / Vegan Reich: acerca de viejos y nuevos ecofascismos

Filosofía, Política

El tema del ecofascismo tiene una larguísima data, puesto que las preocupaciones conservacionistas y llamadas a un “retorno a la naturaleza” eran bastante usuales hace un siglo en diversos entornos, incluida la izquierda del movimiento obrero.

En ese contexto, varios fascismos, entre ellos el alemán, se caracterizaron precisamente por desarrollar una serie de rituales, discursos y prácticas ligados a su idea de “suelo y sangre”1.

Como ha explicado Mario Sobarzo en base a los trabajos de Adorno y Fromm, la nostalgia por la vieja comunidad perdida es parte importante de la ideología fascista, pues “la tendencia al sometimiento y aceptación del sadismo y otras formas de violencia física y psicológica que el fascismo habría incoado como doctrina y práctica social, tienen su origen en el temor del hombre moderno a la soledad e inseguridad que se habrían producido por las transformaciones socioeconómicas del capitalismo y el abandono del esquema de solidaridad medieval”. A su vez, Sobarzo identifica en esta “imagen idealizada de una comunidad perdida -el estado paradisíaco-” la base de “la aceptación burguesa de un sistema tan crítico a la burguesía misma, como es el fascismo”2.

La nostalgia comunitaria iba acompañada de un conservacionismo reaccionario, ligado a concepciones racistas y eugenésicas que hace un siglo no sólo formaron parte del ideario práctico del nacional-socialismo y otros movimientos fascistas, sino que eran defendidas por el positivismo científico en sus diversas expresiones. Un buen ejemplo de esto es el texto “Las razas inferiores”, incluido en las “Crónicas de Viaje (1905-1906)” del socialista y científico argentino José Ingenieros, donde describe a los “negros de San Vicente” como un tipo antropológico “simiesco, en grado tal que es difícil concebirlo viendo los cromos de los tratados de antropología o las colecciones de cráneos de los museos”. Para Ingenieros “a la natural inferioridad de su armazón ósea agréganse todos los rasgos que exteriorizan su mentalidad genuinamente animal: las actitudes, los gestos, el lenguaje, los gustos, las aptitudes, los sentimientos de bestia domesticada, y, por fin, su mismo standard of life que, por misérrimo, avergonzaría al propio antropopiteco de Dubois”3. Por eso concluye que, dado que “los derechos del hombre son legítimos para los que han alcanzado una misma etapa de evolución biológica (…) los hombres de raza de color no deberán ser política y jurídicamente nuestros iguales” pues “son ineptos para el ejercicio de la capacidad civil y no deberían considerarse personas en el concepto jurídico”, y lo mejor que se podía hacer por ellos era protegerlos para que “se extingan agradablemente”; “tratarlos bien, por lo menos, como las tortugas seculares del Jardín Zoológico de Londres o las avestruces adiestradas que pasean en el de Amberes”4. En tanto uno de los primeros criminólogos en América del Sur, a similitud de sus colegas Lombroso y Ferri en Italia, esta mezcla de “socialismo científico” y darwinismo social que proponían fue bastante influyente no sólo en las políticas penales y criminológicas propias del fascismo clásico sino que forman parte hasta hoy de la comprensión generalizada del uso del Derecho Penal arma de “defensa social”, tal como se expresa el modelo de seguridad ciudadana que es dominante al día de hoy y que no en vano se conoce como “tolerancia cero” o “populismo punitivo”.

También existía hace desde fines del siglo XIX toda una tradición proletaria de naturalismo, acercamiento a la naturaleza, crítica de la aglomeración urbana y experiencias de asociatividad infanto-juvenil, pero el “cientificismo” de la socialdemocracia y su culto del progreso técnico despreciaban estos aspectos de la actividad social y terminaron por dejar el terreno despejado para que la imitación fascista de la revolución se expresara también mediante la participación de la “comunidad del pueblo” en este tipo de actividades (los rituales y prácticas a que se refería Wolfgang Fritz Haug, que producían performativamente la “comunidad del pueblo”) y en medidas legislativas como la prohibición de la vivisección por los nazis5.

Todo esto fue estudiado en detalle por Janet Biehl y Peter Staudenmaier en “Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana” (publicado originalmente en 1995, y actualizado en una nueva edición el 2011), donde demuestran que la agricultura orgánica, el vegetarianismo y el culto a la naturaleza fueron elementos clave no solo de la ideología del Tercer Reich, sino también de sus políticas gubernamentales, y que “la ideología ‘ecologista’ fue utilizada para justificar la destrucción de los judíos europeos”6. Lo significativo del momento actual es que, tras décadas de desarrollo de un ecologismo progresista, liberal y de izquierda, que en su momento fue la manera de recuperar y neutralizar las luchas antinucleares que se estaban dando desde posiciones anticapitalistas más radicales, canalizando este movimiento hacia la política institucional y la promoción de un “capitalismo verde”, se están produciendo desde hace un tiempo acercamientos entre la derecha radical y los partidos Verdes.

Esto marca un punto de convergencia que diferencia considerablemente a cierta nueva derecha de tendencia verde o “ecofascista” con respecto al acostumbrado negacionismo del cambio climático que impera en la extrema derecha norteamericana y también chilena (recordemos que el programa de Kast en la primera vuelta del 2021 era claramente escéptico en esta materia). El ecofascismo ha sido definido como “el ascenso del autoritarismo en respuesta a la tensión medioambiental, o en respuesta al temor a la escasez de recursos como resultado del cambio ambiental”7.

El vínculo entre ambientalismo y ultraderecha se hace más patente ahora cuando la nacional-conservadora francesa Marion Maréchal dice que le parece obvio que “la ecología es una forma de conservadurismo” y que por eso no tendría por qué escoger entre Greta Thunberg por un lado y los “clima-escépticos” por otro. Su tía Marine Le Pen, ubicada hoy en día un poco más al centro, clama a su vez por una “civilización ecológica” y, -en clara sintonía con las teorías geopolíticas de Schmitt y Dugin- sentencia que “aquél que está enraizado es ecologista porque no quiere pudrir la tierra donde cría a sus hijos”, en cambio “a quien es nómada no le importa la ecología”8.

Este ecologismo de ultraderecha no tiene una orientación humanista o altruista, sino que promueve la idea de proteger las fronteras y las comunidades nacionales en un contexto en que la crisis ambiental se ha intensificado tanto que ya no resultará posible salvar a todos los habitantes del planeta. Varios de los adherentes a estos enfoques prefieren salvar árboles o animales antes que vidas humanas, y de hecho han utilizado la imagen de la Tierra como un bote salvavidas que para mantenerse a flote requiere de una guardia armada constante que evite “abordajes inoportunos”9. Como diagnosticaban Biehl y Staudenmaier: se trata de un ecologismo antihumanista y maltusiano.

Lisa Isabelle Benoist ha realizado un análisis en base a diversas fuentes actuales, donde concluye que “en la metapolítica de la extrema derecha francesa, la ecología aspira a preservar la naturaleza dentro de objetivos más amplios de protección de la identidad europea, pero sin interesarse por la justicia climática global”. Así, algunos de estos “gramscianos de derechas”, de forma similar a los activistas decrecentistas, “luchan contra la colonización de los imaginarios y la alienación causada por el actual paradigma económico y la consiguiente mercantilización de cada vez más aspectos de la vida”, pero “también rechazan a otros pueblos y el multiculturalismo de acuerdo con un presunto orden natural del mundo”, de modo que “la anunciada diversidad es una mera cortina de humo para una nueva forma de racismo; un racismo cultural” 10.

Lo que define al ecofascismo según Adler-Bell es que “asocia un anhelo de pureza en la esfera ambiental con un deseo de pureza racial en la esfera social”11. Yendo incluso más allá de eso, a partir del Unabomber y su impacto en diversos ambientes radicales, en los extremos y también más allá de la derecha y la izquierda, han surgido tendencias explícitamente antihumanas o misantrópicas, que abogan por la extinción de la humanidad entendida como una plaga. En esto existe una diferencia relevante, puesto que mientras el Unabomber atacaba al sistema tecno-industrial por el daño que causaba a la humanidad y al planeta, algunas corrientes actuales atacan a la humanidad para salvar al planeta.

La deriva antihumana del anarquismo contemporáneo

Por las calles de distintas ciudades se pueden ver grafitis con la consigna “HUMANX PLAGA” o “MUERAN HUMANXS” junto a una simplísima imagen antropomórfica con la cabeza tarjada o más bien suprimida por una X12. Esta sensación o estado de ánimo parece provenir de una radicalización de las expresiones más nihilistas del neo y postanarquismo actuales, y de las tendencias a favor de la liberación animal y de la tierra. En esta deriva desde el individualismo radical ya no se persigue ninguna revolución, sino que acelerar la extinción humana para así preservar la “naturaleza salvaje”.

De este angustioso cruce de caminos surgió el llamado Ecoextremismo, y las acciones entre terroristas y expresivas de grupos como Individualistas Tendiendo a lo Salvaje (ITS). En Chile esta tendencia saltó a la fama con el atentado el 13 de enero del 2017 contra Oscar Landerretche, director ejecutivo de CODELCO, mediante un paquete-bomba enviado por correo a su domicilio. En la adjudicación del hecho por ITS13, se señala algo que resulta bastante clarificador: “Esta aclaración es un poco repetitiva pero nunca está de más, NO somos un grupo anarquista, NO nos motiva nada de aquella ideología (ni de ninguna OTRA), eso sí, nos alegran los atentados de algunos eco-anarquistas. Somos una Horda de salvajes eco-extremista, nihilistas y egoístas, estamos por el caos total en la civilización y la proliferación de la delincuencia”. Por si quedaran dudas, agregan que “no fue un acto político, no nos interesa la política, somos individuos rabiosamente anti-políticos. Nos interesaran una mierda las luchas sociales y sus dirigentes, nos cagamos en la ciudadanía y el pueblo cómplice del sistema tecnológico-industrial”.

En relación a esta “complicidad” de todos los seres humanos con el sistema en que vivimos, dicen que “ITS-Chile ha dejado atrás la moral común ‘revolucionaria’, no nos asustamos si resultan heridas o muertas personas ajenas al ataque, eso esta mas que claro”. Su atentado es definido como “un atentado en nombre de todo lo salvaje y desconocido, es un ataque eco-extremista indiscriminado, afiebradamente egoísta y contrario a la civilización, en su más alta expresión”. En la misma adjudicación los ecoextremistas, que en tanto ex anarquistas rompieron con el ateísmo, señalan: “Nuestros pensamientos en el atentado estaban con los espíritus de los Salvajes de tierra del Fuego: con los Selk’nam, los Yamana, los Kawesqar, los Haush. Poseídos por sus paganas deidades hemos atentado una vez más, los demonios malditos de los patagones nos cubrieron con su misticidad y nos bendijeron, en el nombre de todos esos Salvajes, sus deidades y ritos, sus montes y lagos: ¡HERIMOS AL PROGRESISTA DE CODELCO!”

¿Era el ecoextremismo -que tras algunos golpes represivos parece haberse extinguido- una forma de ecofascismo abiertamente antihumana? No estoy seguro; los ecoextremistas no podrían ser considerados “ultranacionalistas” ni “racistas”, dado que apuntan sus dardos contra toda la “raza humana”, pero el sólo hecho de plantearse la duda ya indica bastante acerca de las tendencias a la fascistización que dominan esta época. De todos modos y tal como concluyeron en la revista Kalinov Most, se trataría de expresiones de autoritarismo y pensamiento sagrado14, y claramente se trata de una “religión de la muerte” que aparece bajo la forma de una ideología suicida.

Sí me parecen abiertamente “ecofascistas” sujetos como Brenton Tarrant, que en junio de 2019 mató a medio centenar de personas en dos mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda, y que tituló a su manifiesto “El gran reemplazo”, donde explica que su acción tenía por fin “vengarse por la esclavitud de millones de europeos ocupados por los esclavistas islámicos”. Autodefinido como ecofascista o nacionalista verde, según Stefanoni en el manifiesto de Tarrant “resuenan algunas ideas del Unabomber estadounidense Theodore Kaczynski y de los denominados grupos anarcoprimitivistas y anarcoidentitarios (otro tema que alimenta un futuro colapso: el calentamiento global)”. Además, Tarrant actuó inspirado en otro héroe de los defensores de la raza blanca, el noruego Anders Breivik, que en el 2011 detonó un coche bomba en Oslo matando a 8 personas, y luego asesinó a tiros a 69 de jóvenes socialdemócratas en un campamento en la isla de Utoya, por considerarlos cómplices del “gran reemplazo”15. Su manifiesto se titula “2083: Una Declaración Europea de Independencia”.

Hemos hablado ya de fascismo rojo y fascismo negro. También existe un fascismo verde, del cual fueron pioneros algunos fascismos clásicos pero que también han recibido un fuerte impulso con las tendencias más militantemente veganas de subculturas derivadas del hardcore punk, como demuestra la existencia de la corriente “hardline” del straight edge, y bandas como Vegan Reich, cuyo nombre usé para titular este curioso capítulo16. A continuación, discutiremos la posibilidad de un fascismo rosa17.

NOTAS

1 Mellón ha identificado dentro de los elementos centrales de la cosmovisión fascista, además de su ultraelitismo y la tendencia a la “superación de pares antagónicos”, la “armonía socialdarwinista con la naturaleza”, viendo a la vida y a la naturaleza como un conflicto permanente en que los más fuertes sobreviven (individuos, razas, naciones).

2 Mario Sobarzo. “¿El sujeto educable de la modernidad?”. Revista Extremoccidente N° 3, Dossier conmemorativo por los 100 años del nacimiento de Theodor Adorno, Santiago, Universidad ARCIS, 2003.

3 José Ingenieros. “Las razas inferiores”. Crónicas de viaje (1905-1906). Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos de L.J. Rosso y Cía., 1919, pág. 163-164.

4 Ibid., pág. 165.

5 En la prensa nacional socialista se reprodujeron dibujos de animales haciendo el saludo nazi en agradecimiento a Göring por dicha medida.

6Janet Biehl y Peter Staudenmaier. Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana. Barcelona, Virus, 2019, pág. 10.

7 Sam Adler-Bell. “What is the Psychology of Ecofascism? A Bibliography”. Climate & Mind.

8 Pablo Stefanoni, op. cit., pág. 161.

9 Ibid.

10 Lisa Isabelle Benoist en “La ecología en la metapolítica de la extrema derecha francesa actual. Arraigo, fronteras y anticapitalismo para combatir la ‘totalitaria’ ideología de izquierdas globalista”, Ecología Política N° 59, julio 2020.

11 Sam Adler-Bell. “Why White Supremacists Are Hooked on Green Living”. New Republic, 24 de septiembre de 2019.

12 El uso de X denotaría que, curiosamente, se trata de “antihumanxs” que han hecho suyo el lenguaje inclusivo.

13 http://maldicionecoextremista.altervista.org/chile-vigesimo-primer-comunicado-de-individualistas-tendiendo-lo-salvaje-reivindicacion-de-atentado-contra-landerretche/ Fechada el 14/1/2017.

14 Kalinov Most. “Tendencias salvajes misantrópicas: otras expresiones de autoritarismo y pensamiento sagrado”. Revista anarquista internacional. N°1, octubre de 2017.

15 Pablo Stefanoni. “El futuro como ‘gran reemplazo’. Extremas derechas, homosexualidad y xenofobia”. Nueva Sociedad, No 283, septiembre-octubre de 2019.

16 La corriente “straight edge” (extremo o borde correcto), iniciada por una canción de la banda Minor Threat que llamaba a abstenerse de alcohol y drogas, derivó en un extremismo fascistoide bien encarnado en bandas como Vegan Reich o Earth Crisis. El primer disco de Vegan Reich, “Hardline” (1990), llamaba a “seguir las leyes de la naturaleza” y evitar “actos sexuales desviados y/o el aborto”. Su líder luego se convirtió al islam. Por si no se habían dado cuenta, este es un capítulo del libro “La religión de la muerte” (Tempestades, 2023).

17 https://elporteno.cl/homonacionalismo-pinkwashing-y-xenofobia-gay-friendly%EF%BF%BC/

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.