Paloma Castillo / La izquierda que no quiere volver a enamorarse. Sobre la organización política como deuda con el futuro

Filosofía, Política

Hace unos días conversaba con Rafa Mondragón sobre estas cosas que me preocupan y que a veces sospecho que sólo me preocupan a mí —la organización, el partido, la militancia— y me dijo una frase que no se me fue más. La izquierda, dijo, tiene con la discusión sobre la organización la misma relación que alguien que tuvo una pareja muy mala y por eso ya no quiere volver a enamorarse. Me quedé con eso. Y al rato me quedé también con la trampa, que es la de todas las frases buenas: que una las quiere usar como conclusión cuando son solo el principio de un problema. (Eso último, lo de las frases buenas, también lo escribió Rafa en un texto del 2020. Se lo robo con crédito.)

Hay que tomárselo en serio, porque el desamor es real. No es un capricho, y no es —como a veces se dice con cierta soberbia— pura cobardía pequeñoburguesa. Hubo parejas malas de verdad. El siglo XX está lleno de partidos que prometieron emancipación y entregaron burocracia, comités centrales, alguna purga. Y más cerca, en Chile, pasó algo que ya conté en otra parte y no voy a repetir entero: la transición desmanteló por opción política la militancia que había sostenido la resistencia a la dictadura, y al mismo tiempo el modelo destruyó las condiciones donde esa militancia podía existir —la industria, los sindicatos, la población, los lugares físicos donde la gente simplemente se veía—. Las dos cosas a la vez. El miedo a volver a enamorarse no salió de la nada. Se aprendió.

Mauro Salazar J. / Vibratum. Organología y temblor

Estética, Filosofía

«La sensación es vibración». Gilles Deleuze, Francis Bacon. Lógica de la sensación (1981)

El campo de las plásticas sonoras permanece bajo escasez interpretativa. La carencia de una literatura crítica ajustada al espesor material de su objeto no responde a la debilidad del territorio artístico, sino a la insuficiencia de los paradigmas mediales del significado. Los aparatos hermenéutico-semióticos forjados para el texto y la imagen, consagrados durante el XX como instrumental analítico transversal, fracasan ante la densidad propia del acontecimiento sónico. La economía interpretativa del signo descansaba sobre tres pilares: clausura del objeto, fijación del referente, transparencia del sentido. Tales pilares articulaban el régimen del significado que dominó la crítica del siglo pasado y que aún rige sectores enteros de los estudios musicológicos rioplatenses.

Lo sónico desestabiliza tal arquitectura por completo. Su materialidad vibratoria carece de borde aprehensible; su temporalidad propagante deshace toda fijeza referencial; su condición ondulatoria recorre cuerpos, arquitecturas, atmósferas, infraestructuras computacionales antes de cualquier inscripción semántica. Los alcances del proceso ondulatorio exceden el oído individual y alcanzan zonas donde el paradigma del significado no podría operar: la modulación del sistema nervioso autónomo, la coproducción afectiva entre cuerpo y medio, el contagio rítmico colectivo. El expansivo sonido escapa al «régimen representacional» por su condición vibratoria, temporal, propagante.

Abdennur Prado / El pensar como servicio

Filosofía

Pensar es servir. Martin Heidegger

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Pensar no es una facultad humana, igual que llover no es una facultad ni de las nubes ni de los lugares donde cae. Cuando decimos «llueve» a nadie se le ocurre preguntar «¿quién llueve?». Llueve la lluvia, sin más: es un fenómeno natural. Pero cuando decimos «piensa», nos parece extraño decir que «piensa el pensamiento». Se concibe el pensar como una actividad humana, asociada a una facultad que poseemos en tanto que sujetos que pueden decidir si activar o no dicha facultad. Pero basta poner un poco de atención para darse cuenta de que en realidad el pensar no es algo que hacemos sino algo que padecemos: (nos) sucede. Es más: si nos proponemos pensar no logramos hacerlo; lo que podemos hacer, en cambio, es analizar y/o razonar.

La sensación es que los pensamientos son algo que tienen lugar en nuestro cerebro, lo cual lleva a la ilusión de que este es el órgano que los produce. Pero el individuo no piensa: es el propio pensamiento quien lo hace. Ante el pensamiento somos tan pasivos como puedan serlo las nubes donde el agua se condensa. El intelecto del individuo no puede hacer más que acoger y limitar. Lo que hace no es pensar sino ponerle formas, encajarlo en unas palabras, estructuras e imágenes mediante las cuales trata de captar eso que sucede: el pensamiento mismo. Pero este generalmente se le escapa y pasa, sin dejar más que vagas impresiones.

Cristóbal Durán R. / La extracción del afecto musical: Deleuze y la composición de un tiempo flotante

Filosofía, Música

En este trabajo intentamos exponer una aproximación amplia sobre la relación entre la música y el pensamiento de gilles Deleuze. para ello nos enfocamos directamente en su examen del tiempo musical e intentamos analizar algunos de los matices implicados en dicho examen. proponemos pensar que el abordaje deleuziano del tiempo musical está estrictamente ligado a su comprensión de la sensación como un acoplamiento sintético, y en esa medida, el tiempo resulta pensable a partir de una labor determinada por la intensidad ininitesimal que lo profundiza. Intentamos entonces proponer una hipótesis de lectura que permita ligar la composición de un tiempo flotante como tarea de la música, con la extracción del afecto que dicha composición tendría que hacer posible, y que anuncia formas de individuación no-organizadas o asubjetivas por venir.