Movimiento de Izquierda Órfica / Tesis colectivas sobre el fascismo. Los nuevos fascismos: tragedia y farsa al mismo tiempo

Política

Los fascismos contemporáneos no son una anomalía ni un retorno mecánico al siglo XX, sino la forma actual de la contrarrevolución en un capitalismo neoliberal ya plenamente autoritario. Frente a lecturas que separan liberalismo, neoliberalismo y fascismo como fenómenos distintos, el argumento central plantea que el neoliberalismo es una maquinaria histórica de largo plazo que necesitó —y necesita— momentos “fascistas” para consolidarse, y que hoy ha entrado en una fase donde democracia liberal y acumulación capitalista ya no son compatibles.

Desde esta tesis, se propone pensar los “nuevos fascismos” en plural, no como copias del clásico, sino como formas flexibles, ideológicamente eclécticas, ameboides y culturalmente sofisticadas, las cuales operan tanto desde el Estado como desde su interior democrático, produciendo un consenso represivo transversal que muchas veces se ve velado para las cargas ideológicas de los individuos.

El concepto de trumputinismo funciona como nombre de una configuración geopolítica y cultural global, donde Trump, Putin, Milei, Bukele, etc., no representan polos opuestos, sino variantes de una misma “guerra civil planetaria” que teóricamente guarda ciertos comunes denominadores que apuntan a la reapropiación de la tierra, el cuerpo y la subjetividad.

No obstante, es necesario hacerse y partir con una pregunta estratégica: cómo pensar la resistencia y la sublevación cuando el antifascismo clásico ha devenido impotente y cuando el enemigo ha aprendido a leer la realidad mejor que la izquierda.

Dionisio Espejo Paredes / La “cancelación” a la luz del pensamiento crítico

Filosofía, Política

1. La confusión canceladora y el fetiche

Tenemos la extraña sensación de que la historia, las facticidades, transcurre a un ritmo que no coincide con el de los discursos, de que nuestros debates tienen una vida paralela y van muy atrás respecto a la praxis; los polemizadores nos agotan sin que nos demos cuenta de donde se perpetran las nuevas catástrofes. La batalla cultural parece se uno de esos campos de batalla convertido en espectáculo de masas. Algunos consideran que es un escenario decisivo, otros que en cambio es un desvío de la atención. Muchas figuras del marxismo actual consideran que la reivindicación de las diversidades son solo entretenimientos que no tocan al poder económico ni a la explotación material1. Aunque hay algo de verdad, quizá no han percibido que el poder no solo se ejerce en la infraestructura sino que, incluso antes de su ejercicio, hay un discurso que legitima su poder, ganar la batalla discursiva es decisiva para ejercer el mando. Benjamin o Gramsci nos advirtieron de ello. En cualquier caso esos cuestionamientos ayudan a no perder la brújula de la crítica. Cuando nos apuntamos a la reividicación de los derechos de las minorías o de las diferencias no reducimos nuestro arsenal crítico a la pretensión de consolidar ciertas identidades o empoderar a ciertos sectores por razón de sexo, género, religión o nacionalidad. Debemos ser conscientes de nos dirigimos a un poder que, indiferente a esas razones, continua devorando a cuantos somete. Los marxistas ortodoxos nos ayudan a confrontarnos con una pregunta ineludible: ¿desafían nuestras luchas la lógica del beneficio y la desigualdad material, o reclaman un asiento más diverso en la mesa de los explotadores? La diversidad en la cúspide, sin alterar la pirámide, ¿es el sueño publicitario del capitalismo tardío?. Moralizar su lenguaje o derribar estatuas no es malo per se, pero ¿no se vuelve regresivo cuando suplanta la batalla por redistribuir riqueza, poder y tiempo?. Reconocer esta trampa es el primer acto de una crítica que aspire a no dejarse seducir por espejismos multicolores.

Mauricio Amar / Fetichismo, fascismo, máquinas

Filosofía, Política

La reaparición del fascismo, por supuesto con formas de organización y violencia nuevas y ropajes quizá más coloridos, no trata tanto de la transformación del mundo, sino de su aceleración hacia la destrucción completa. Lo que Marx indicaba en el capital como fetichismo de la mercancía, debe volver a estar sobre la mesa en tanto no refiere simplemente al proceso de ocultación de los procesos que hacen posible la forma mercancía, sino a una forma en la que los humanos se constituyen, se subjetivan y relacionan entre sí y con el mundo como «cosas». Norbert Lenoir dirá que «el fetichismo es en un sentido la constitución de un mundo, de un medio en el que los humanos actúan y piensan» (Lenoir, 2018, p. 63). Este actuar y pensar se constituye como realidad objetiva de la misma manera en que circulan las mercancías. Hay algo de endurecimiento en este proceso o peor, de mutilación de aquello que es fundamentalmente sensible en toda relación. El fetichismo es, en este sentido, el modo de aparecer del mundo en la época del capitalismo y su expansión e intensidad no conocen límites.

Georges-Louis Gunther / De un instante a otro. El instante noopolítico como captura del instante mesiánico

Estética, Filosofía, Política

En una de sus célebres Tesis sobre el concepto de historia, Walter Benjamin evoca el instante mesiánico, segundo cualquiera, «puerta estrecha por la que podía pasar el Mesías», y contrapone dos tiempos: el tiempo del judaísmo y el tiempo del progreso, «homogéneo y vacío» que, por ser transparente, prohíbe toda irrupción, todo surgimiento, todo acontecimiento. Quisiera intentar aquí, tomando prestado un concepto propuesto recientemente, mostrar que nuestra época se caracteriza por el inesperado matrimonio entre instante mesiánico y tiempo homogéneo y vacío; dicho de otro modo, que, entre sus numerosas proezas, la civilización, o el Capitalismo —las divergencias taxonómicas son superfluas—, ha logrado abortar las potencialidades revolucionarias del instante mesiánico reintegrándolo en el dispositivo global, cuando precisamente Benjamin lo concebía como aquello que le es irreductible. Propongo llamar a ese instante instante noopolitico, en referencia al noo‑poder tal como Balise ouvrante lo ha teorizado recientemente [1]. Al reemplazar la espera mesiánica o revolucionaria por una espera noopolítica, el dispositivo global produce, con la mayor eficacia, su desactivación.

Gerardo Muñoz / La vigilia de unas voces: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Como en toda ciudad portuaria, en Newark las distancias pesan y se materializan de forma inconspicua, como ya hemos dicho en otra ocasión en la que hicimos un trazado del entorno. Entre la estación del tren de New Jersey y el centro de detención Delaney Hall hay por lo menos unos quince minutos en automóvil. Hemos vuelto esta vez con los amigos del jóven colectivo católico Nuevo Personalismo, cuyo programa y formas de actuar no se define por una militancia irrestricta y cerrada, sino por una singular persistencia en testimoniar el actual embrutecimiento generalizado. Ya con esto bastaría para decir que estos jóvenes son lo suficientemente despiertos para que sean nuestros amigos, pero además de esto hay que agregar que ellos también se desviven para generar encuentros de palabra y pensamiento, un gesto caritativo y por lo demás raro en la época en la que nos ha tocado vivir. Si es difícil definir al “movimiento personalista” es porque se resiste a las costuras de un movimiento programático y con todas las respuestas a la mano. Lo ‘nuevo’ del personalismo es que reconoce que atravesamos el desierto, y en esa búsqueda espera encontrar amigos. No es tampoco la búsqueda de quienes quieren llegar a casa; más bien, es el ejercicio que parte del hecho de la devastación de la casa común que define el desierto incluso si se está en los espacios auráticos de la metrópolis (el nuevo personalismo tiene su base neoyorquina, lo que quiere decir que son herejes de la ciudad).

Paola Caridi / Consejo de la Paz. La propuesta indecente

Política

“Impunidad disfrazada de diplomacia”. Eso es lo que se escucha en Gaza, gracias a los periodistas palestinos que siguen dando testimonio de lo que ocurre en la Franja. En este caso, es Tareq Abu Azzum, uno de los corresponsales de Al Jazeera English, quien sintetiza así la frustración que recorre la población, sobre todo después de que Benjamin Netanyahu fuera invitado a formar parte del Consejo de la Paz instituido por Donald Trump. ¿Cómo es posible que el autor del genocidio palestino sea invitado a llevar la “paz”? ¿No tiene Netanyahu una orden de arresto internacional en su contra, emitida por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad?