Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación acerca del Mundial de fútbol 2026: espectáculo, verdad, alegría

Filosofía, Política

Espectáculo

El Mundial ha terminado. Pero el carácter mundial del Mundial recién amanece. En efecto, hoy la fiesta del fútbol también transparenta las políticas de muerte que él mismo se empeña en administrar. La banalización espectacularizante, la hipercomercialización ante la cual la FIFA se prostituye sin ninguna vergüenza y el intervencionismo exacerbado a favor de ciertas selecciones y en desmedro de otras, en este Mundial han terminado por concordar plenamente con la banalización del lenguaje político y la estupidez de los grandes medios de comunicación, con la privatización y expropiación de los derechos sociales y, finalmente, con un sistema-mundo capitalista que ha consumado su destino ontológico. El Mundial expone el derrotero cúlmine del capitalismo imperial, exposición donde el término “cúlmine” debe ser entendido en sus dos sentidos: por un lado, en cuanto consagración cúlmine de su proceso de acumulación y concentración de capital por explotación de los hombres y devastación de la naturaleza; por otro, en tanto colapso implosivo que marca la última etapa anterior a su muerte. El Mundial, al igual que tantos otros fenómenos actuales de escala global (como la destrucción del sistema del Derecho Internacional, de la diplomacia política o de la misma Naciones Unidas), se torna expresión de la dinámica neofascista.

Tariq Anwar / Barzakh

Filosofía, Política

Cabe preguntarse si lo que llamamos realidad no es, en rigor, una fuga sistemática del umbral. Occidente ha edificado su ontología sobre la primacía de la sustancia, de aquello que permanece idéntico a sí mismo bajo el flujo de los accidentes; pero quizás la verdadera persistencia habita en aquello que resiste ser nombrado como ente. Ibn Arabí, a quien la tradición conoce como al-Shaykh al-Akbar, enseñó a habitar la dualidad no como contradicción lógica, sino como morada originaria del pensamiento. Para él, lo que existe y lo que no existe son dos caras de un único velo que el viajero recorre sin cesar. Frente a esta dualidad, el ser humano sólo puede vivir en perplejidad; y sin embargo, la perplejidad no es estado deficiente del conocimiento, sino su forma más auténtica, aquella en la que el alma toca su límite y descubre que este no es muro, sino puerta.

Mauro Salazar J. / La inteligencia artificial y el desencantamiento del mundo. Una nota weberiana sobre la racionalización capitalista

Filosofía, Política

«Significa que no hay en torno a nuestra vida poderes ocultos e imprevisibles, sino que, por el contrario, todas las cosas pueden —en principio— dominarse mediante el cálculo y la previsión. Y esto quiere decir que se ha excluido del mundo la magia.» Max Weber, La ciencia como vocación (1919)

Hay una tentación fácil cuando se habla de inteligencia artificial. Consiste en tratarla como una novedad absoluta, un acontecimiento sin genealogía, una ruptura que nos arroja fuera de la historia conocida. Conviene resistir esa tentación. La inteligencia artificial no inaugura nada. Prolonga. Es un capítulo tardío, quizá el más consecuente, de un proceso que Max Weber describió hace más de un siglo con una lucidez que todavía nos incomoda: el proceso de racionalización. Leer la IA desde Weber no es un ejercicio de erudición. Es una manera de recuperar el hilo que la vuelve inteligible, de ver en ella no un prodigio técnico sino una forma extrema de algo muy antiguo, la sustitución progresiva de todo criterio por el cálculo.

Giorgio Agamben / Hombres y turistas

Filosofía, Política

La palabra turista aparece por primera vez en italiano en 1837 (turismo solo en 1907). La etimología es clara: el tour (el grand tour) es el viaje de formación que aristócratas e intelectuales europeos emprenden a partir del siglo XVIII, sobre todo en Italia, para conocer su historia del arte, sus modos de vida y su cultura. Como suele ocurrir, lo que al principio era propio de una élite se ha transformado con el tiempo en un fenómeno de masas.

Significativo es que su antecedente sean ciertamente las peregrinaciones que los creyentes emprendían para visitar los lugares sagrados de su religión: también los turistas, como los peregrinos, son peregrinos, es decir, según el significado del término latino, extraños en la tierra. El turismo es el signo de un cambio épocal en la relación entre los hombres y la tierra que habitan: dondequiera que se encuentren, ellos son extraños, de fuera (extra), ante todo en la misma ciudad en que viven. Recuerdo perfectamente el estupor con que, ya hace muchos años, cuando vivía en Venecia, me di cuenta de que ya no era posible distinguir a los venecianos de los turistas.

Aldo Bombardiere Castro / Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Tres casos de música nacionalista en torno a la noción de patria

Estética, Filosofía, Música, Política

La música no requiere de imágenes. Ella, en su esencial caudal de sucesiones sin sucesos, excede la clausura de la lógica representacionalista. Sin embargo, esto no significa que pueda, de manera circunstancial, contener o donar o despertar imágenes. Exceder no es carecer, sino superar el reduccionismo de la efectividad de los elementos meramente donados. Tales elementos, tales imágenes que la música suscita en nuestra imaginación, sólo puede ser posible, gracias a su esencia imaginal, sin nunca agotarse en la mera imaginación reproductiva ni en las imágenes que de ésta se desprenden. Caudal de sucesiones sin sucesos necesarios, sucesiones sin sucesos determinantes pero, no obstante, capaz de suscitar a ojos de nuestra consciencia una polifonía de imágenes. El acto contingente de suscitar imágenes que se puede desencadenar en la experiencia musical no resiste restricciones ni ataduras. Fuente absoluta y esencial desde la cual pueden llegar a fluir imágenes infinitas y polimorfas, abiertas a la irrefrenable exposición del devenir, fuente de imágenes innecesarias, pero, sin embargo, siempre posibles más allá de la mera facultad imaginativa, la música resuena como la imagen de lo irrepresentable.

Mattia Acerbo / Por qué no debemos salvar el planeta

Filosofía, Política

El planeta no nos necesita. La Tierra ha atravesado glaciaciones, extinciones masivas, colisiones, cambios atmosféricos, catástrofes geológicas. Seguirá existiendo después de nosotros, incluso después de la desaparición de la especie humana. Desde este punto de vista, hablar de «crisis del planeta» es ya una forma demasiado humana de ver las cosas: significa confundir la crisis socioecológica de las condiciones de vida con una crisis del planeta en sí mismo, como si la humanidad fuera todavía su centro indiscutido. Como sostiene Chakrabarty, desde el punto de vista del planeta inorgánico no tiene sentido hablar de crisis.

También la fórmula «salvar el planeta» parece inocente. En realidad, conserva algo de la antigua fantasía soberana de la modernidad: la idea de que existe, por un lado, un sujeto humano investido de una misión salvífica y, por otro, una naturaleza reducida a objeto pasivo de tutela; por un lado el salvador, por el otro la criatura herida. La salvación se convierte así en el reverso moral del proyecto moderno de dominio sobre la naturaleza. Como si la humanidad fuera el príncipe de un cuento ecológico, llamado a salvar una naturaleza indefensa después de haberla puesto en peligro.