Alessandro Stella / Las lecciones de los estudiantes secundarios en revuelta

Política

Lección sorpresa. Fue la sorpresa de la vuelta a clases, que nadie había visto venir y mucho menos predicho. Mientras todo el mundo parecía resignado a esperar las próximas elecciones del presidente-monarca para aspirar a un cambio, los estudiantes secundarios irrumpieron en el primer plano de la escena y trastornaron todas las agendas políticas. Partida de algunos liceos de la periferia parisina, la revuelta se difundió rápidamente por toda Francia. Sin ninguna organización dirigente, sin un partido ni un sindicato detrás de la maniobra. Solo grupos de estudiantes secundarios que se autoorganizan, que bloquean la entrada de su escuela y que difunden la información a su alrededor y en las redes sociales. Señal de que bajo las cenizas las brasas comenzaban a reavivarse y solo esperaban una chispa para desencadenar el incendio.

Paloma Castillo / La justicia no vive ahí

Política

Tras la absolución definitiva del oficial acusado de cegar a Gustavo Gatica, el problema no es el fallo: es el nombre del edificio que lo dictó, y todo lo que ese nombre nos hace esperar y esperar y esperar…

El lunes 3 de agosto, la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó por unanimidad anular el juicio que absolvió a Claudio Crespo, el ex teniente coronel de Fuerzas Especiales acusado de disparar los perdigones que dejaron ciego a Gustavo Gatica en noviembre de 2019. El tribunal que lo absolvió en enero juzgó los hechos de 2019 con un estándar que en 2019 no existía: el de la legítima defensa privilegiada que incorporó al derecho chileno la Ley Nain-Retamal, dictada años después. Gatica portaba una piedra. Un hombre con una piedra frente a un oficial con una escopeta. La resolución es inapelable. No hay más instancias. Eso que llamamos justicia terminó.

Gerardo Muñoz / La vigilia de unas voces: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Como en toda ciudad portuaria, en Newark las distancias pesan y se materializan de forma inconspicua, como ya hemos dicho en otra ocasión en la que hicimos un trazado del entorno. Entre la estación del tren de New Jersey y el centro de detención Delaney Hall hay por lo menos unos quince minutos en automóvil. Hemos vuelto esta vez con los amigos del jóven colectivo católico Nuevo Personalismo, cuyo programa y formas de actuar no se define por una militancia irrestricta y cerrada, sino por una singular persistencia en testimoniar el actual embrutecimiento generalizado. Ya con esto bastaría para decir que estos jóvenes son lo suficientemente despiertos para que sean nuestros amigos, pero además de esto hay que agregar que ellos también se desviven para generar encuentros de palabra y pensamiento, un gesto caritativo y por lo demás raro en la época en la que nos ha tocado vivir. Si es difícil definir al “movimiento personalista” es porque se resiste a las costuras de un movimiento programático y con todas las respuestas a la mano. Lo ‘nuevo’ del personalismo es que reconoce que atravesamos el desierto, y en esa búsqueda espera encontrar amigos. No es tampoco la búsqueda de quienes quieren llegar a casa; más bien, es el ejercicio que parte del hecho de la devastación de la casa común que define el desierto incluso si se está en los espacios auráticos de la metrópolis (el nuevo personalismo tiene su base neoyorquina, lo que quiere decir que son herejes de la ciudad).