El corazón alrededor del cual nos atormentamos habla una lengua ya atravesada a lo largo de la edad contemporánea. Cómo escribir en tiempos de genocidio, del genocidio de Gaza. Es una pregunta que excava en lo profundo. En el caso de quien, palestina, mira Gaza desde fuera de Gaza, dentro de Palestina y en la diáspora, porque es espectadora y, al mismo tiempo, víctima. Víctima histórica y cotidiana, porque el genocidio va más allá de Gaza: es el exterminio intentado y buscado de Palestina y de los palestinos. En mi caso, la pregunta es: ¿cómo escribir si eres espectadora y, además y por si fuera poco, estás del lado de los culpables, responsables, verdugos? Y sobre todo, nos recuerda Adania Shibli en su lectio de 2026 de la Cátedra Virginia Woolf de la Universidad para Extranjeros de Siena, ¿cómo escuchar las voces que ya no están, borradas por los verdugos? ¿Cómo podemos arreglárnoslas sin las palabras de los 263 periodistas asesinados en Gaza por Israel, y junto a ellos sin los poetas, las poetisas, los artistas, las artistas, los docentes, las maestras, las profesoras? ¿Cómo escuchar sus voces en la Aradhi Muwat, la «tierra muerta» incluida en la legislación agraria otomana, tierra considerada muerta porque no se oye voz humana por muy extensa que sea y por no estar habitada ni cultivada?
Genocidio
Miguel Ángel Hermosilla / La caída de la crítica y el estallido de la universidad: Una lectura del genocidio en Palestina
Filosofía, PolíticaVino con todos sus ungüentos
Vino fingiéndose la luz,
Vino demócrata y con cruz.
La virgen de Occidente.
A propósito del fin de la Universidad moderna, que describe Rodrigo Karmy, en La Universidad estallada. Palestina y el devenir de las humanidades, y la desesperación impotente del juicio, la crítica y del discurso universitario respecto de la implosión de la academia, que muestra el fin de una frontera entre un interior/ exterior, expresada en el agotamiento del vínculo moderno entre inteligencia universitaria y mundo social, que habría sido establecido por la soberanización del pensamiento en la Universidad estatal del sujeto moderno, a decir de Thayer, en “La crisis no moderna de la universidad moderna”1, y las nuevas formas de hegemón financiero fundado por las políticas neoliberales a partir de los setentas en gran parte de las sociedades contemporáneas. Nos proponemos aquí, entonces, a partir de una cierta modalidad de diálogo con el texto de Rodrigo Karmy, interrogar la aporía analítica de pensar, el estatuto de la crítica y su relación con la axiomática del capitalismo global integrado, atendiendo a la pregunta; ¿de cuán universitario es también el capital financiero, en tanto que tecnología y administración académica del pensamiento? En ese escenario discursivo, la discusión que Karmy abre respecto de la implosión de la razón universitaria, en el contexto de la violencia genocida del fascismo sionista en Palestina, nos invita a pensar y problematizar, también: ¿Cuál es el lugar de la universidad y la crítica hoy?, ¿qué derroteros epistémicos le esperan al pensamiento, en el paradigma de lo que podríamos denominar; “la caída de la crítica en la facticidad de la violencia equivalencial?”.
Rodrigo Karmy Bolton / Un mensaje de emergencia
Filosofía, PolíticaPalestina bajo fuego. Conversaciones en la era del genocidio, que, por vez primera fue publicado a finales del año 2025 en formato PDF y que circuló sólo en versión digital, hoy se presenta de manera impresa gracias al impulso de Isidora y Gonzalo que, a contrapelo del reino del capital que se impone por doquier, ofrecen un refugio, un pequeño mundo, publicando libros que son una pausa en la que las almas pueden aún respirar el aroma del porvenir. Palestina bajo fuego reúne diferentes entrevistas que me han realizado en diferentes medios nacionales y extranjeros a propósito del genocidio ejecutado por la máquina sionista desde Octubre de 2023 y que permanece, se profundiza y la impunidad israelí campea por el planeta.
En cuanto entrevistas, éstas son conversaciones y, por eso, formas de exploración que ensayan vías de trabajo, experimentan con las palabras para encontrar la justicia del nombre que debería atravesar futuras tentativas. Porque el pensamiento es nada más que eso: una tentativa, nada acabado, un trabajo necesariamente provisorio sostenido en la erótica, el calor y la amistad que nos ofrece el refugio de la utopía. Por eso, aquí no encontraremos nada resuelto, acaso preguntas organizadas, fragmentos de ideas que desarrollaré en otro momento o jamás, pero que, quizás, otros podrán seguir atando y desatando dichos hilos.
Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: horizonte y utopía
Filosofía, Política¿Cuál es el destino que abre el horizonte? ¿Hacia dónde nos orienta? ¿De dónde proviene su estela? ¿Acaso existe un detrás suyo? Pero, ¿qué es el horizonte, si acaso es? O, por el contrario, ¿acaso sólo indica la extensión infinita de todo caminar y, con ello, lo infinito del caminar mismo? Y en tal caso, ¿podría ser que el horizonte tan sólo nos abriera paso para dibujar, en lugar de un mundo nuevo, la proyección perfeccionada de éste? Y de ser así, el horizonte nos permitiría, más que danzar con lo porvenir, ¿únicamente clavar en el futuro la coreografía ya acotada al insípido ritmo de nuestras ilusiones? En ese sentido, todo horizonte sería la prolongación infinita de esta tierra que hoy pisamos, de este cemento sobre el cual nuestros pies a ratos se elevan y de este cemento entre el cual nuestros pies continúan sangrando. Entonces, ¿cuáles encuentros ya ocurridos nos aguarda el horizonte? ¿Qué promesas y luminosas libertades no cesa de recitar a nuestro oído para despertarnos esta misma sed que se jacta de llegar a apaciguar? ¿Qué huidizos deseos estimula, cuáles son los delirios con que nos arrebata, en virtud de cuáles piernas cruzadas nos entierra la daga de su tan deseada como esperable utopía?
Abdaljawad Omar / “La soga es solo para los árabes”: la nueva ley israelí de pena de muerte para palestinos recicla un manual colonial
PolíticaLa imagen del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, exultante mientras intentaba abrir una botella de champán en el pleno de la Knéset por la aprobación de una ley de pena de muerte para palestinos, quedará anclada en la historia como una de esas fotografías que no necesitan pie de foto.
Es la imagen de un país que nunca abandonó realmente el momento colonial en el que nació. No solo heredó prácticas británicas, sino que las mantuvo vivas durante más de 70 años. Ahora vuelve sobre sus pasos para recuperar una de las más oscuras de esas prácticas.
La nueva ley israelí de pena de muerte, que apunta exclusivamente a los palestinos, no surgió de la nada. Fue heredada de un patíbulo que los británicos ya habían construido en la misma tierra, probándolo sobre el mismo pueblo y bajo el mismo cielo. En su estudio sobre la “pacificación” británica de Palestina, Matthew Hughes, historiador militar de la Universidad Brunel, muestra cómo los tribunales militares establecidos por el Mandato Británico en noviembre de 1937 estaban diseñados, ante todo, para la rapidez: un terror ejecutado con tanta celeridad que nadie tenía tiempo de apelar ni de apartar la vista. El jeque Farhan al-Sa’di, anciano dirigente revolucionario qassamita y uno de los principales comandantes sobre el terreno del levantamiento de 1936, fue capturado un lunes, juzgado un miércoles y ahorcado un sábado. Es la misma ley que Israel ha reintroducido hoy.
Ramzi Salem / ¿Quién soy?
Poesía¿Quién soy?
me preguntan los pájaros
girando sobre mi cabeza,
danzando en círculos con los errantes,
mirando fijamente las honduras de mis ojos,
hundiéndose en su brillante fulgor castaño,
y luego alejándose a través de mi mirada llena de lágrimas.
Buscan
los funerales de la memoria,
las tumbas de las rimas poéticas,
las salidas de los laberintos
y las entradas del anhelo.
Se esfuerzan por desenterrar mis secretos,
por traducir el cansancio de mis rasgos,
por interpretar la oscuridad bajo mis ojos,
por comprender el relato de mis lenguas
y la sombra dentro de mis palabras.
