Mauricio Amar / La lengua del fin del mundo

Filosofía, Política

El lenguaje, como todos sabemos, ha sido objeto de una enorme operación que ha cambiado el destino de los humanos. Sobre él se han montado miles de estrategias, acaso la historia de las lenguas no se a otra cosa que una historia de estrategias sobre ellas. Pero ninguna se compara en su intensidad, violencia y capacidad de abarcarla como la que estamos presenciando hoy. Presenciarla, es decir, de algún modo vivir la transformación del lenguaje a tiempo real, es decir en el habla y en la escritura, nos pone ya en una situación muy difícil. Porque la transformación del lenguaje, de mi lengua que no es mía como dice Derrida, pero al mismo tiempo de todas las lenguas, incluso las que no alcanzo a imaginar, vuelve difícil siquiera decir hasta qué punto no puedo sino hablar desde esta operación, esta estrategia.

Esto, como todas las cosas humanas, tiene una genealogía. Y como toda genealogía es gris, porosa, necesaria de ser leída a contrapelo. No se puede sino estar agradecido de los europeos que en su momento supieron leer el funcionamiento del poder a pesar de las capas y capas de estrategias lingüísticas que se vertían sobre ellos. Estoy pensando en Adorno, en Foucault, Derrida y en Hamacher, figuras que hoy sería raro que provinieran de una Europa incapaz de pensar, salvo excepciones, sobre sus propias condiciones de existencia. Pero en ellos, que vivieron la emergencia y las consecuencias del fascismo de muy cerca, hay una comprensión que necesariamente anuncia lo que hoy aparece como lenguaje.

Mauricio Rojas / El leve deslizamiento de palabras, la transparencia del desastre

Filosofía, Literatura

Así esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza. Bolaño, Lluvia.

El relato de Bolaño Últimos atardeceres en la tierra, de su libro Putas asesinas de 2001, presenta en su forma narrativa el dispositivo perceptivo elaborado entre el lenguaje, la relación y el conocimiento. El relato indaga en su viaje, sobre las condiciones del conocimiento desde la poesía, la narrativa y la afección existencial; la percepción y su vaciamiento de sentido. Ahí emerge su estructura, lo no sensible de lo sensible. En el texto vemos como la construcción de una escritura conlleva la puesta en evidencia de las condiciones de la relación que es el elemento constitutivo de la cognición. En esa instancia la inminencia, el viaje, las imágenes, los signos que sostienen el relato se vinculan generando una plasticidad estructural en cuyo centro, un ánimo meláncolico, registra la mirada que se sostiene en el lenguaje narrativo, en el que emerge la relación como mediación que constituye el tiempo del conocer que afecta a la consciencia. De este modo, el análisis es un seguimiento delimitado por la puesta en evidencia de esta relación entre escritura y conocimiento, de los aspectos que la entrelazan. La escritura demarca esos pasos. De ahí que, nociones pensadas en el imaginario literario de Bolaño surgen como desplazamiento de una perspectiva que se intensifica como distancia crítica de la sensibilidad que, acompaña el conocer y lo expone a sus bordes con imágenes que anuncian el desastre o nos previenen de lo que no se puede contar. El desastre es entendido como aquello que no entra en el relato de la consciencia narrativa, pero configura sus bordes como el pliegue de la relación consigo misma. Esto se da en la figura de B, el signo que recorre y es recorrido por un movimiento en estado de extrañamiento.

Aldo Bombardiere Castro / Divagaciones: clase de silencio

Filosofía

No se trataba de forzar una experiencia de contemplación, sino simplemente de dejar-pasar: dejar pasar al mundo. Nada tenía que ver con adoptar una posición de cercanía o lejanía con respecto a la existencia. Nada de eso. Más bien, apelaba a estar-con-el-mundo sin añorar ser-en-el-mundo. Se trataba de dejar pasar. Porque mientras se dejaba pasar al mundo era derogada nuestra propiedad sobre el propio yo. Imaginar, afectarse, enternecerse, filosofar. Todo desde la unísona sabiduría del silencio.

Paloma Castillo / Perder la memoria duele

Filosofía

Creo que pasé gran parte de mi vida preocupada por el tema de la memoria. Mi abuela tuvo arterioesclerosis y siempre tuve miedo de que mi padre terminara así sus días. Busqué durante mucho tiempo una “solución” para mi preocupación: veneno de alacrán, sangre de rana morada, pata de araña y cuanto producto mágico encontraba o alguien me recomendaba. Llegaba a su casa y él, que según mi madre solo me obedecía a mí, se los tomaba sin chistar. O eso me decía.

(¿Veneno de alacrán eso no era para el cáncer? No importa- lo llevo igual. De algo servirá)

Nunca me pregunté cómo se suponía que el veneno de un alacrán iba a sostener algo dentro de la cabeza de mi padre. Uno sabe que esas cosas no funcionan. Y sin embargo insistía, con una seriedad de procedimiento, como si el gesto de ir a buscarlo y la obediencia de él al tomárselo hicieran por sí solos el trabajo. Ahora pienso que ese era el punto. No era un tratamiento, era un rito. Yo administraba algo y él lo recibía, y mientras eso ocurriera estábamos haciendo algo.

Pilar Jarpa Manzur / Sobre Parusía. Intifada global y guerra cibernética de Rodrigo Karmy Bolton

Filosofía, Política

Quiero comenzar agradeciendo esta invitación a leerte, Rodrigo. Si, como soñaba Gilles Deleuze, algunos de los viajes más intensos pueden acontecer sin que una se mueva físicamente de su entorno, es precisamente eso lo que tu libro moviliza. Al punto que algunos pasajes, así como los de este puerto, te interpelan como diciendo: “o te devuelves o aprendes a volar” (Ivens, 1963).

Pero comencé a leerte mucho antes de este escrito. Mientras Gaza estaba siendo sistemáticamente devastada y las fuerzas necropolíticas del sionismo ostentaban el respaldo unánime de las grandes potencias y sus instituciones. En ese tiempo que siguió al 7 de octubre de 2023, cuando se sucedían los gestos cómplices que rabiosamente aplaudían los mapas ‘del bien y el mal’ de Netanyahu ante la ONU, los proyectos trumpistas para la ‘Riviera’ de Gaza o las hojas de ruta que -como siempre- no conducían a ninguna parte. Y ahí, en la misma línea de sus conquistas, tú ya desplegabas un ‘paisaje posible’, poblado de miradas enkufiyadas que, al tiempo de denunciar los dispositivos genocidas, franqueaban sus aparatos de captura en un devenir de intifadas que parecían potencialmente extenderse de todos los ríos al mar. Este nuevo libro también trae esos paisajes que irrumpen, resisten y revientan en la cara de las máquinas de borramiento.

Giorgio Agamben / Danos hoy nuestro nada cotidiano

Filosofía

En un libro publicado en Leipzig en octubre de 1844 por el editor Wigand hace su aparición un tipo de hombre hasta entonces absolutamente desconocido, que a los contemporáneos les pareció inadmisible e inaudito, pero que entretanto se nos ha vuelto perfectamente familiar: el hombre que, como se lee en la primera y en la última página, «ha fundado su causa en la nada», es decir, un ser en el cual la disolución de toda fe y de todo valor ha alcanzado su forma extrema, ciertamente el primer y el insuperable nihilista, pero a condición de precisar que el nihilismo que aquí está en cuestión se ha convertido hoy en la condición normal de la humanidad. El libro se titula El único y su propiedad, autor Max Stirner.