Luis Ángel Campillos Morón / El Dios catalizador del capitalismo, Dios mediante

Filosofía, Política

En unos pocos años del s. IV, durante el Imperio romano, el cristianismo pasó de ser proscrito a prescrito. De ser perseguido, a ser tolerado, a ser institucionalizado. De ser perseguido a perseguir. La cadena jerárquica que vinculaba a la criatura con su Creador se amplió considerablemente. Dios, Papa, obispo, sacerdote, creyente de a pie. Toda una serie de poderes divinos y terrenales se enmarañaban viciando aquellas sagradas y puras humildad y caridad cristianas.

Siglos después (s. XVI), Lutero protestó y eliminó a todos esos mediadores, recuperando así el “contacto” directo entre Dios y el creyente. Aquellos pesos pesados (Papa, obispo, sacerdote) se disolvieron y generaron un área de mayor libertad en el creyente. Ello derivó, como célebremente subrayó Max Weber, en un afianzamiento de la noción de individualidad. Por su parte, este individualismo naciente constituyó un pilar fundamental del capitalismo.

Mauro Salazar J. / Santiago trizado. Modernización tanática y ciudad sin voz

Filosofía, Política

La ciudad se ha enamorado de rufianes. Roberto Arlt

Santiago no expulsa de cualquier manera: reordena el «exilio interno» que inviste la ciudad gestional-operativa con imágenes capaces de tornar aceptable la administración del daño que producen sus dispositivos. Lo que fue «casa parronal» pasó a ser departamento estudio o loft. Antes, mucho antes, la barrialidad del siglo XX hizo de la vecindad un pliegue de reconocimiento; hoy, devenida estética compulsiva de extracción de información, convierte esos cuerpos, nombres y trayectorias en materia de una datología que organiza la visualidad misma de la modernización.  Pero toda visualidad del progreso deja fuera de campo aquello que desplaza.

Ya nadie sube a un tren con maletas aunque el destierro ocurra, cotidiano y administrado con boleta digital; la revuelta de 2019 fue la suspensión del Santiago henchido en conexiones. Fue el desplome del último pliegue imaginal (neoliberal) que se contaba a sí misma como modelo (fort export) y que desde entonces sobrevive como escenografía de su propia clausura; se llama «exilio interior» a esta forma de irse sin partir, y conviene tomarlo sin dulzura, porque no designa un duelo sino una operación de silencios: algo es quitado de su sitio mientras el cuerpo permanece en él, y ahora esa operación se cumple. Además, en una ciudad de plataformas, sin escena ni aduana visible, de modo que este texto recorre, capa por capa, cómo se fabrica un destierro sin fronteras. El Santiago operario, empapado de servicios modernizantes, termino por develar que la noche administrativa nunca consigue ser total.

Miguel Ángel Hermosilla / Algunas notas críticas acerca de Parusía, intifada global y guerra cibernética de Rodrigo Karmy

Filosofía, Política

Cada muerto llama a los vivos

y los palestinos han entrado en el alma de Israel,

ocupan esa alma como aquello que día tras día la sondea y la perfora.

Gilles Deleuze. Las piedras.

Para deslizar algunas notas críticas acerca de Parusía, intifada global y guerra cibernética de Rodrigo karmy Bolton, habría que problematizar lo que para esta voz, sería una de la tesis centrales del texto, a saber; la que afirma que la signatura del semita, siempre móvil y desplazante, se sostiene en la no sutura entre vida y logos, en el hiato entre ser humano y razón, es decir, en una vida atravesada por el “exceso de deseo” que no coincide con la representación antropológica de “persona”, entendida esta como sujeto titular del pensamiento, pues, es en la cristalización humanista de esta premisa, como pura oikonomia y cibernética, vale decir como puro gobierno y administración de los cuerpos, donde han estado asentadas las dinámicas productivas del reino del capital, ahora como “refundación neoliberal-sionista” del fascismo actual sin régimen; la parusía como advenimiento de la clausura del mundo en virtud del despliegue totalizante del tecno capitalismo planetario, que tendría como engranaje catalizador de la expansión colonial sobre el mundo, precisamente la fundación del Estado sionista de Israel en tierras palestinas, en tanto que intensificación imperial europea, al alero del desplazamiento y yuxtaposición de la maquina antropogénica semita que lo cobija:

Gerardo Muñoz / Cézanne ante el atardecer del mundo

Estética, Filosofía, Política

La idea de que la pintura constituía una actividad situada en el umbral de su larga tradición —una tradición que tal vez coincida con la génesis misma de la antropogénesis, como ha sugerido Monica Ferrando — surge con naturalidad en las conversaciones que el Cézanne tardío mantuvo con Joaquim Gasquet, una serie de diálogos repletos de divagaciones y no pocas angustias. En un momento de estas conversaciones, Cézanne comenta, al referirse a la tradición pictórica: “Rubens… aquello pertenece a otra época. Vivimos el atardecer del mundo. La pintura, como todo lo demás, se está desvaneciendo…» [1]. La misma obra pictórica de Cézanne representa ya la pintura del atardecer del mundo, un mundo que se cierra sobre sí mismo; no tanto un mundo privado de ciertos elementos o hábitos, sino de un mundo privatizado en el ámbitos de la fuerza de la inteligencia y de la lógica. Esta estructura resulta ajena al pintor, quien solo se debe a lo que se ve y se revela, Cézanne le decía a Gasquet: “La pintura debe lealtad a esa visión. Nunca a la lógica del cerebro… y, si abandona esa lógica, está perdida. La pintura es, ante todo, una cuestión óptica» [2]. La inteligencia de la mirada nunca puede abonarse a la mera computación mental; y, de hacerlo solo podrá promover su propia catástrofe.

Sherena Razek / Intifada Elemental: cómo Palestina deshace el Antropoceno

Filosofía, Política

Escribí sobre el río y el mar, sobre el mañana y el sol,
y nada se obtuvo de ello.
Escribí sobre la opresión y la depravación —también sobre la pureza.
Dormí sin probar bocado de pan.
Soñé sin sueños.
Desperté sin echar de menos mis manos ni mis pies ni mi reflejo en el espejo
ni la cosa que llamo mi alma.
Morí y viví. Me prendí fuego a mí misma. Me apagué con mis propias cenizas,
y nada se obtuvo de ello.
Soy todos estos elementos, oh Dios: fuego, tierra, viento y agua.
Su quinto es un dolor que las canciones ciegas no pueden ver, su sexto es esta inmensa
soledad, y su séptimo, desde mi matanza, es la sangre.
Cuando ardí, habité las letras de mi nombre libre como una mariposa:
P A L E S T I N A
— Ibrahim Nasrallah, «Palestina», traducción al inglés de Huda Fakhreddine

La tierra es el único archivo al que acudo, y habita en mi cuerpo. Habla a través de mí en fuego, en árabe, en ausencias, en piedra, a través de hijas y de flores brotadas de la sangre de los mártires. He estado en Palestina solo dos veces en mi vida. La última vez, puse en práctica lo que había aprendido de otras mujeres palestinas sobre el arte de cargar con una patria. Introje clandestinamente dos pequeños recipientes de Palestina en mi equipaje: un contenedor de tierra recogida en Ein Karem, ungida con agua del manantial natural al que llegué a través de un mar de turistas bíblicos parlanchines —fuera de lugar y desconectados—, para mi hermano elegido en el exilio, que debía haber estado allí en lugar de ellos. El otro, de Burqa, era para mí. Cuando entregué unos puñados de Ein Karem a mi amigo más querido, hundió el rostro en la tierra y la respiró. A través de su aroma, regresó.

Mauricio Amar / Encontrar

Filosofía

Como se sabe, la lengua árabe no utiliza la cópula «ser» tan presente en las lenguas indoeuropeas (que no significa que no exista el concepto ser). Si quiero decir «yo soy filósofo» digo «anā [yo] failasūf [filósofo]». Esto significó un dolor de cabeza para más de un traductor cuando se trataba de traspasar el Ser aristotélico a la lengua árabe. La palabra preferida por los filósofos para el Ser, al menos desde Ibn Sina, fue al-wujūd [الوجود], cuya raíz ([و-ج-د] w-j-d) indica principalmente «encontrar», «hallar». Como salta a la vista, en la traducción el sentido de un concepto parece florecer, como si cada palabra estuviese habitada por puntos de fuga. Si hay razón en la idea de Werner Hamacher de que «una lengua es lengua solo en la medida en que ella es lengua para otra lengua –no en lugar de otra lengua, sino con miras a esta», debemos pensar en una nueva posibilidad para el ser que quizá está indicada en el encontrar. Porque encontrar es en realidad siempre una tarea fracasada, alegremente fracasada; en el momento mismo en que algo se afirma como verdad ha devenido otra cosa, se ha lanzado fuera de sí desde puntos imprevisibles. Encontrar implica haber buscado, haber corrido un velo, pero lo velado no es una simple relación entre lo que existe y lo que no existe, sino la condición misma de lo existente. El Ser, en este sentido, nunca es una esencia ni una sustancia, sino lo que exige la búsqueda, una necesidad que ha caída en el olvido, pero que no por ello deja de reclamar.