Aldo Bombardiere Castro / Segunda divagación acerca del Mundial de fútbol 2026: espectáculo, verdad, alegría

Filosofía, Política

Espectáculo

El Mundial ha terminado. Pero el carácter mundial del Mundial recién amanece. En efecto, hoy la fiesta del fútbol también transparenta las políticas de muerte que él mismo se empeña en administrar. La banalización espectacularizante, la hipercomercialización ante la cual la FIFA se prostituye sin ninguna vergüenza y el intervencionismo exacerbado a favor de ciertas selecciones y en desmedro de otras, en este Mundial han terminado por concordar plenamente con la banalización del lenguaje político y la estupidez de los grandes medios de comunicación, con la privatización y expropiación de los derechos sociales y, finalmente, con un sistema-mundo capitalista que ha consumado su destino ontológico. El Mundial expone el derrotero cúlmine del capitalismo imperial, exposición donde el término “cúlmine” debe ser entendido en sus dos sentidos: por un lado, en cuanto consagración cúlmine de su proceso de acumulación y concentración de capital por explotación de los hombres y devastación de la naturaleza; por otro, en tanto colapso implosivo que marca la última etapa anterior a su muerte. El Mundial, al igual que tantos otros fenómenos actuales de escala global (como la destrucción del sistema del Derecho Internacional, de la diplomacia política o de la misma Naciones Unidas), se torna expresión de la dinámica neofascista.

Aldo Bombardiere Castro / Primera divagación acerca del Mundial de fútbol 2026: Felicidad, infelicidad, utopía

Filosofía, Política

Escena

Los niños escucharon el grito. Un grito hecho de innumerables pequeños gritos. Denso, irregular, concurrido. Un grito de adultos. Tejido con estrepitosas risas y alguna que otra palabra también gritada. Como era normal, los pequeños hermanos pudieron reconocer las voces de papá y mamá entre tal marejada de estrépito espumoso. La explosión bucal no los asustó. Sin encender la luz, se levantaron de su cama y, a pies descalzos -cuestión prohibida-, emprendieron camino hacia el living. Abrieron la puerta de su habitación y se internaron por el largo pasillo. Ya conocían el olor a cigarro y el humo lo asociaban a las fiestas y la alegría, a los cumpleaños y la navidad. Sus ansias los llevó a correr uno tras otro, haciendo resonar los talones contra la frialdad no percibida de la baldosa, reproduciendo una más de las innumerables carreras que los hermanos ya ni siquiera necesitaba anunciar con palabras para saberse participando en ellas. En esta ocasión, era como si los gritos los alentaran a correr más rápidos, los exaltaran tornando más divertida aún dicha competencia improvisada.

Mauricio Amar / Backrooms

Cine, Filosofía, Política

El film Backrooms (2026) del joven director Kane Parsons es una de las mejores representaciones en el cine del estado de ánimo de nuestra época. Las interpretaciones pueden ser múltiples. Estamos en una realidad física de varias dimensiones donde la realidad va generando memorias de sí misma cada vez más degradadas, creando pasadizos de estructuras poco lógicas pero que sin embargo se sostienen. Podemos estar dentro de la psiquis de un hombre, mal que mal se trata de un diálogo entre psiquiatra y paciente, de modo que todo podría ser parte de su imaginación, cada vez más deteriorada, llena de fantasmas como su propia esposa y una versión bizarra de sí mismo (medio sultán, medio pirata, soberano y bandido) que termina devorando, como la locura misma, al hombre en busca de ayuda. Lo que me parece plenamente epocal es, sin embargo, la idea de un espacio que al abrirse sólo encuentra una réplica inquietante de sí misma, cuestión que, si miramos bien, sólo evidencia dos operaciones ligadas de nuestra sociedad del espectáculo.

Gerardo Muñoz / La verdadera gnosis: una postal desde el norte

Filosofía, Política

Las figuras deambulan de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ir, si es que hay que ir a algún lado o permanecer a la espera. Ahí está la pareja de Martín Soto, uno de los huelguistas detenidos del centro de detención, que lleva puesta una camisa remangada y un chaleco de obrero. En el área de espera, muy cerca de la entrada para vehículos, se pasea un niño pequeñito, de unos ocho o nueve años, que lleva mascarilla puesta y alza una pancarta “Fuck ICE”. Otra pancarta se eleva a su derecha en la que leemos “Chinga la Migra”. Los chicos de la militancia autónoma con sus balaclavas se desplazan como pequeñas hormigas levantando adoquines del perímetro para trasladarlos a una pequeña barricada que en pocos minutos va tomando forma. Otros conversan, se saludan, o se acercan a preguntar; y con cierta frecuencia pasan los camiones y rastras que hacen presencia con sus cláxones. En una carpa blanca aguardan aquellos encargados de primeros auxilios y meriendas, porque tal o temprano, llegada la noche también llega el hambre. Todos asumen la necesidad de hacer otra cosa con un tiempo que permanece fuera de sí y que pareciera escurrirse a lo largo de la estirada Avenida Doremus.

Jean-Luc Debry / La gente es tonta. La buena consciencia y el fascismo que viene

Filosofía, Política

¿Por qué existe tanta complicidad con el viejo fascismo y por qué semejante aceptación del nuevo fascismo? Porque hay —y este es el quid— un principio rector común a ambos, ya sea sincero o insincero: la idea de que el mayor mal del mundo es la pobreza y que, por lo tanto, la cultura de las clases más pobres debe ser sustituida por la cultura de la clase dominante. Pier Paolo Pasolini, Cartas luteranas, 1983

La frase «La gente es tonta»[1], pronunciada en un arrebato de rabia alimentado por una decepción inconsolable tras unas elecciones marcadas por los avances y el arraigo local de la Agrupación Nacional (Rassemblement national-RN) —y ante las amenazas que su éxito supone a escala nacional si ganara las elecciones presidenciales—, es un auténtico eslogan, casi un manifiesto. Esta amarga constatación refleja un sentimiento de superioridad ligeramente desilusionado que bien podría ser una de las explicaciones de esta profunda fractura, la cual alimenta una tendencia cada vez más amenazadora, sobre todo desde que Trump está en la Casa Blanca y proclama a los cuatro vientos su determinación de imponer una versión contemporánea del fascismo con todos los atributos de una contrarrevolución victoriosa. Es, me parece, en su versión menos explícita pero igual de implacable del «no nos juntamos con esa clase de gente», el producto de antagonistas que fomentan una atmósfera vengativa de muy mal agüero.

Alberto Toscano / El Eje del Caos. Hacia una violencia sin fin en Oriente Medio

Política

La guerra contra Irán que Israel y Estados Unidos lanzaron el 28 de febrero con la «decapitación» del liderazgo del país y el bombardeo de cientos de objetivos militares y civiles —incluida una escuela femenina en Minab, donde 165 niñas y miembros del personal fueron masacrados—, se ha transformado rápidamente en una conflagración regional de consecuencias incalculables.

Debilitado militarmente por la «guerra de los 12 días» de junio de 2025 —cuando Donald Trump había declarado que las capacidades nucleares de Irán habían sido «aniquiladas»— y despreciado por muchos iraníes tras la represión sangrienta de las protestas y revueltas a principios de este año, el régimen iraní aún no ha sido desestabilizado por la pérdida de su guía supremo, el ayatolá Jomeiní, así como del ministro de Defensa y del comandante en jefe de la columna vertebral militar e ideológica del régimen, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC).