Las figuras deambulan de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ir, si es que hay que ir a algún lado o permanecer a la espera. Ahí está la pareja de Martín Soto, uno de los huelguistas detenidos del centro de detención, que lleva puesta una camisa remangada y un chaleco de obrero. En el área de espera, muy cerca de la entrada para vehículos, se pasea un niño pequeñito, de unos ocho o nueve años, que lleva mascarilla puesta y alza una pancarta “Fuck ICE”. Otra pancarta se eleva a su derecha en la que leemos “Chinga la Migra”. Los chicos de la militancia autónoma con sus balaclavas se desplazan como pequeñas hormigas levantando adoquines del perímetro para trasladarlos a una pequeña barricada que en pocos minutos va tomando forma. Otros conversan, se saludan, o se acercan a preguntar; y con cierta frecuencia pasan los camiones y rastras que hacen presencia con sus cláxones. En una carpa blanca aguardan aquellos encargados de primeros auxilios y meriendas, porque tal o temprano, llegada la noche también llega el hambre. Todos asumen la necesidad de hacer otra cosa con un tiempo que permanece fuera de sí y que pareciera escurrirse a lo largo de la estirada Avenida Doremus.
Gnosis
Henry Corbin / De Heidegger a Sohravardî. Conversación con Philippe Némo (1976)
FilosofíaPhilippe Némo: Henry Corbin, usted ha sido el primer traductor de Heidegger en Francia, y ha sido después el primero en introducir la filosofía islámica de Irán. ¿Cómo pueden conciliarse esas dos tareas en un mismo hombre, teniendo en cuenta sobre todo que Martin Heidegger reivindica Occidente como patria? Su filosofía es típicamente alemana, y puede pensarse que hay una cierta disparidad entre dedicarse a traducir a Heidegger y dedicarse a traducir a Sohravardî.
