Las figuras deambulan de un lado a otro sin saber muy bien a dónde ir, si es que hay que ir a algún lado o permanecer a la espera. Ahí está la pareja de Martín Soto, uno de los huelguistas detenidos del centro de detención, que lleva puesta una camisa remangada y un chaleco de obrero. En el área de espera, muy cerca de la entrada para vehículos, se pasea un niño pequeñito, de unos ocho o nueve años, que lleva mascarilla puesta y alza una pancarta “Fuck ICE”. Otra pancarta se eleva a su derecha en la que leemos “Chinga la Migra”. Los chicos de la militancia autónoma con sus balaclavas se desplazan como pequeñas hormigas levantando adoquines del perímetro para trasladarlos a una pequeña barricada que en pocos minutos va tomando forma. Otros conversan, se saludan, o se acercan a preguntar; y con cierta frecuencia pasan los camiones y rastras que hacen presencia con sus cláxones. En una carpa blanca aguardan aquellos encargados de primeros auxilios y meriendas, porque tal o temprano, llegada la noche también llega el hambre. Todos asumen la necesidad de hacer otra cosa con un tiempo que permanece fuera de sí y que pareciera escurrirse a lo largo de la estirada Avenida Doremus.
Woke
Rodrigo Karmy Bolton / El sionismo es un “wokismo”. Greta Thunberg y Palestina
Filosofía, Política1.- En el año 2023 la filósofa Susan Nieman publicó un célebre libro titulado Left is no woke en el que critica fuertemente el advenimiento de una izquierda que ha perdido su sentido de universalidad y ha pasado a defender única y exclusivamente identidades particulares. Frente al supuesto “irracionalismo” prevalente en filosofía y, en particular en la izquierda, donde autores como Carl Schmitt o Michel Foucault destacan, Nieman reivindica la ilustración del siglo XVIII que, en sus palabras: “Si continuamos malinterpretando la Ilustración, será difícil que apelemos a sus recursos.” (p. 149) Recursos en los que se despliega el “progreso, justicia y solidaridad” y donde no abunda el particularismo “tribalista” que Nieman denuncia con fuerza a lo largo de su libro. Demás está decir que su libro no se caracteriza por lecturas finas (ni de Heidegger, Schmitt, Foucault o del propio Adorno) a los que considera como pivotes del “irracionalismo” prevalente y la deriva de la izquierda hacia el “wokismo”, esto es, la tendencia identitarista que, siendo originalmente una veta de la derecha, habría sido asumida por la izquierda.
