Melissa Nungaray / Regocijo amurallado por las aspas del viento y otros poemas

Poesía

Regocijo amurallado por las aspas del viento,

nada es mío, nada es mío, deseo que no seas mío,

corazón colibrí, adonde no estás te veo y escucho,

aquí los ojos diluyen cicatrices, fronteras y rayos.

Somos la aurora que danza en la resonancia de la lluvia,

lodosa resonancia que se dice vuelo estelar de la memoria,

aquí la estrella se devora a sí misma en fulgor silente.

Ojo túnel en los retazos de la carne ángel:

a rose is a rose is a rose

Brotan racimos de cielo, llaves, versos espirales

en la concatenación de los espectros.

Ojo túnel en el corazón colibrí,

latidos ferroviarios de la noche,

cántame, oh luna, lo que seré.

Más allá del más allá pronunciado

estoy completa en mis partes divididas.

Y yo que no soy lo que digo

huyo de lo que me dice.

Y yo que soy lo que digo

digo lo que no digo que me dice.

*

El deseo descarrila las luces del poema

y la conversación cede a las sombras

y si no hubiera dicho nada

y si hubiera dicho algo

y si volviera a mí para encontrarte

y si la noche conversara contigo y conmigo,

que aquí estoy aunando de soles el desasosiego.

La llama vuelve a mí y llueve la distancia,

ante el deseo de no desear deseo que no se apague.

Adentro escamas de tiempo,

¿y todo lo que pensé y todo lo que dije para qué?

Guarda el secreto en la memoria arranca ojos,

aguarda en la noche la llegada de la roca violácea,

cadavérica armonía de los espectros que se buscan.

Azul, azul como tu nombre, aquí me retiro de los días,

como palabra que cae y cae en el tejido violeta del campo,

luciérnaga en vísperas de ser descubierta.

Y tú que no pudiste esperar mírame y rompe el deseo.

*

Y yo que no soy todo lo que soy

voy hacia adentro y lejos de los nombres

en el entreabrir y cerrar del libro.

Allá donde todavía no es ninguna parte,

allá manos cristalinas gotean de amanecer,

allá aerolitos algodón de azúcar,

allá zumba colmena de espejos,

allá no es aquí ni allá es allí,

aquí es allá donde te nombro,

aquí alas palpan el deseo.

Llueve hacia adentro

y la memoria cae en rollos de cianuro.

Olvido lo que no soy para seguir,

olvido el verde festín de las cacatúas

que cimbran al aire otros comienzos.

Aquí, ahora y para siempre yo te proclamo

noche que piensa cuando no mira

huellas de perseguidos frutos

en el hilar de las ramas que se quiebran

de aquí hasta el final de los resquicios.

*

En todas partes adonde voy invento

el ser de otro invento que no soy,

el ser de otro ser que inventa

lo que aún soy de lo que seré,

lo que seré de lo que soy

en lo que aún no es ni será

cuando todos los ojos afloren

la flama que nombra vórtices,

rojinegra sinfonía de luna laurel,

presea noctívaga del verde,

negro tacto de negro olor

que desvanece el humo fiera

y fustiga los segundos

en los dedos de un país clavado

hasta la punta de la lengua disparada

hasta la fuente de idiomas insólitos

hasta las difuminaciones de los signos

hasta los rostros destejidos del agua

hasta el desencuentro que nace adentro

hasta la nave de ímpetu que abandona

hasta las pequeñas letras del contrato

hasta la encendida televisión del futuro

hasta el día de árbol calcinado en esperas

hasta la muerte que habla de lo que no habla

hasta la vida que vive viéndose fuera de sí

hasta allá me retiro en un estar afuera,

aquí no es adentro, aquí no es ahora.

*

Ojo de agua que recomienza en mis manos

y traza la prematura visión de la lluvia

que danza implorando

gota a gota el nacimiento,

ojo de agua que fluye,

pluma del auspicio que me escribe.

Entro en la respiración del universo,

que segrega espacios de tinta indeleble,

vías férreas de asteroides y de cometas.

Vocales y consonantes hacen erupción.

Y el cielo cae a voces

sobre la fauna y flora

que se esconde tras la lava

en el socorrido vacío de las letras

de árida sepultura y de roca fluida.

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