Quisiera comenzar esta presentación situando el lugar desde el cual leí Ficciones geológicas. Cosmografía de un país-mina y desde el cual hoy quiero hablar.
Vivo en San Pedro de Atacama, el corazón del desierto de Atacama. Es un lugar que tiene una condición bastante paradójica. Si una lo mira en el mapa, aparece como un lugar aislado, distante de los grandes centros urbanos y de muchas de las infraestructuras que organizan y facilitan la vida cotidiana en otras partes del país. Pero San Pedro es también, por el turismo y sobre todo por la minería, uno de los lugares más conectados de Chile.
El aeropuerto más cercano, El Loa en la ciudad de Calama, ubicado a unos cien kilómetros del pueblo, recibe entre veinticinco y treinta vuelos diarios, y despacha una cantidad similar. Aunque una fracción de sus pasajeros son turistas que van a San Pedro, el mayor volumen de ese movimiento está asociado a los ritmos de la minería y a la conmutación laboral: el constante ir y venir de trabajadores entre el desierto y otras ciudades del país.
