Tanto el universo como la imaginación representan dos categorías cosmo-ontológico indisolubles en el pensamiento de Giordano Bruno. La razón estriba en que ambos se vinculan no sólo como estancias receptoras de vida material e inmaterial infinita, sino que por sí mismos producen y componen formas siempre nuevas a partir de un único principio vital e universal que no cesa de inseminar formas en su seno.
