Mauricio Amar Díaz / Sonido y refugio

Filosofía
La experiencia del exilio, ese estar fuera de lugar permanente que le atribuimos a millones de personas -para confrontarlas a una forma de vida distinta, fundamentalmente arraigada-, pareciera, en realidad, ser no sólo una contingencia, sino la propia condición de la existencia humana. En este sentido, el arraigo (la sensación de) funciona como un enjaulamiento de la propia experiencia humana. Eso no quiere decir que cuando entramos en el campo del exilio como ontología, dejemos de ficcionar nuestra experiencia para encontrarnos con la certeza del movimiento. En él, en la existencia misma todo es ficción, fragmento ilusoriamente compuesto, en el que habitamos con tendencia al endurecimiento de la experiencia. Los recuerdos, no son sino ese cúmulo de fragmentos que el presente ordena, tal vez de manera trágica, porque quisiéramos poder tocarlos y distribuirlos en el orden que se merecen.