Jean-Christophe Bailly / Escribir, responder, resonar

Filosofía

Querido Jean-Luc,

«el que escribe responde», dijiste, añadiendo inmediatamente, recuerdo bien, «el que escribe resuena», determinando así, como si nada hubiera pasado, un programa, el más exigente de todos – lo que se considerará como absoluto a partir de la experiencia de escritura de los románticos de Jena.

Un día fui a Jena, no en una peregrinación, pero, espera, ¡para una conferencia sobre la noción de patria! Sin embargo, fue agradable encontrarme en esa ciudad, y lo que me gustaría decirte, Jean-Luc, es que no hay muchos pensadores o escritores que puedan responder por todo lo que esta ciudad trae consigo, que puedan responder por tal nombre: el romanticismo especulativo gracias al cual apareció en la historia del pensamiento, el comunismo real bajo el cual se adormiló durante muchos años, y el desempleo bajo el cual se encuentra hoy en día.

Me parece que su pensamiento responde a toda esta historia, y que lo hace, por así decirlo, pacientemente, a través de enfoques que tienen éxito y se cruzan, tocando diferentes temas sin nunca mirarlos por encima del hombro, sin nunca ponerlos a distancia o enjaularlos: los puntos que has abordado permanecen libres, y al estar allí, desde el interior de tu pensamiento, irradia todo lo que toca o lo toca; no hay lugar para el orgullo o la morgue, y no hay lugar ni siquiera para lo que con demasiada frecuencia, realmente con demasiada frecuencia, trata de encerrar el concepto en la altiva rigidez de una relación con la verdad como tal.

Para mí, usted es la encarnación de la filosofía, la filosofía misma, usted es la persona en la que pienso cuando me presentan como filósofo y rechazo ese título. Pero esta confesión no debe pesarte, porque proviene de una fuerza que está en ti y que actúa como una ganzúa siempre dispuesta a abrir nuevos espacios: no más pedestales, por favor, y no más articulaciones prefabricadas o verdades ya dadas. El hecho de que la verdad no pueda ser presentada, ya dada, y que sólo tenga consistencia en el movimiento que nos la quita, es precisamente lo que, con gran constancia, nos sigues repitiendo, siempre y siempre insistiendo en lo que nos hace capaces de liberarnos de la pesadez de la presencia.

A esto último has opuesto la venida, y esta es quizás una de tus palabras clave, si hubiera una palabra que pudiera imponerse a todas las demás, pero, como sabemos, tal palabra no existe. Entre las palabras, puesto que responden precisamente al sentido, hay una especie de disponibilidad absoluta: son como los hijos del advenimiento, pero, como tales, no heredan nada y su destino, lo has dicho tú mismo, es pasar por nuestras voces, que son todas diferentes entre sí: la forma en que la infinidad del léxico se infiltra en la dispersión infinita de las voces y cómo todo esto se distribuye escapando sin fin, esto es el canto.

En cualquier caso, así es como percibo su poética de la venida, y esto me ayuda a escribir, a leer y, sobre todo, a vivir. Un día también me dijiste que la filosofía «no tiene labios», espero que no te moleste si te digo que podrías definir tu intento como el deseo de darlo.

Te saludo con especial fervor en tu cumpleaños.

Tu amigo,

Jean-Christophe

Fuente: Antinomie.it
Imagen principal: Phillip Scarpone, Displacement, 2013

Descarga este artículo como un e-book

Deja un comentario