Mauro Salazar J. / Izquierda y neo-desarrollismo. Del Consenso de Washington al Consenso de Beijing

Filosofía, Política

Luego del triunfo de las potencias populares en las primarias del domingo anterior, de sus desacatos y flujos expresivos, cabe consignar que la izquierda chilena ha ido tomando distancia de Caracas -como critica ordo liberal o popular- estableciendo matices y oscilaciones respecto al modelo cubano. Todo ello en medio de un rústico asedio medial –“anticomunismo”- donde las preguntas resultan tan esperables, como intensamente tediosas. Pese a estos desplazamientos, salvo honrosas excepciones, no hemos sabido de alguna alfabetización del modelo chino y sus efectos de neo-dependencia en las relaciones de intercambio (accesos o democratización del consumo). En nuestra parroquia ronda una pereza cognitiva ante un modelo rentista de “colonización blanda”, rizomática, cuya geopolítica supuestamente no alteraría materias de soberanía, garantizado el nuevo desarrollismo. Y aunque las urgencias de nuestra plaza responden a fenómenos de informalidad, migración, gobernabilidad, seguridad y ausencia de políticas de desarrollo, urge entrar a un debate que se aleje de las fabulas de Confucio -ver el estado de los keynesianos- y, de paso, transparentar el bicameralismo de la derecha chilena que, amén de criticar drásticamente la tesis doctrinal del PCCH, abunda en agravar el extractivismo (neo-desarrollista) consignando celebratoriamente las altas cifras del intercambio comercial. No se trata de la fastidiosa tarea de buscar manuales del XXI, negar los muros de la facticidad (60% de exportación hacia Asia), sino explorar experiencias sin relaciones dogmáticas en materias de neurociencias, bioética, políticas de desarrollo, servicios, régimen de universidades, cadenas de valor, IA, ahorro energético, sistema arancelario, petroquímica, ferroviario, ciberseguridad, control de las telecomunicaciones, etc. Tal tarea implica revisar restricciones y las brechas que ello implica en el caso chino. Pese a la ausencia de militarización en política exterior, de la sociedad Mao Zedong, no cabría edulcorar estos puntos cuando el 40% de las exportaciones chilenas van a la ruta de la seda.

Tal permisología viene dada porque el país asiático, no sigue el expediente occidental (FMI, Banco Mundial), y no exige -hasta el momento- reformas estructurales o estándares democráticos, sino infraestructuras, sin condicionalidad política. En suma, desde una dialéctica simple, ya sea por lo imperial o la CIA, los gobiernos de marea rosa saludaron el multilateralismo respecto a los colonialismos americanos del siglo XX. En los últimos años, el ex/embajador chileno en China, Jorge Heine, de reconocida experiencia en estas materias, ha insistido en el no alineamiento activo (NAA) en política exterior para las naciones del Sur Global, dejando un tablero abierto.

Dicho en su forma menos matizada, y dado las tesis de economía abierta, a los consumidores chilenos les da igual que su televisor venga de China o de Corea. Y así, China se ha convertido, por lejos, en el mayor socio comercial. Ello comprende productos químicos inorgánicos y frutas, cerezas, incluyendo –en orden decreciente– pulpa de madera y celulosa, carnes, bebidas y alcoholes, madera y artículos de madera, pescados, crustáceos y moluscos y residuos de la industria de alimentos. El 2022, y en el marco de una política de Estado, el presidente del Comité Internacional de SOFOFA, Charles Kimber, abrió un encuentro, celebrando la firma del Tratado de Libre Comercio que entró en vigor en 2006, que ha sido una piedra angular para el desarrollo exportador de Chile. Por su parte, el presidente del capítulo chileno del Consejo Empresarial Chile-China de SOFOFA, Francisco Silva, subrayó “Esperamos que en octubre el presidente Boric visite China para reforzar estos lazos de confianza que se han ido construyendo paulatinamente, pero con mucha fuerza”. Todos en espera de las primicias que traería el Banco Asiático de Desarrollo es uno de los principales bancos multilaterales de desarrollo que apoya el crecimiento sostenible, inclusivo y resiliente en Asia y el Pacífico. Lejos de toda reactividad, tal ha sido la copia feliz del edén.

Con todo, ello ha fortalecido la emergencia de una nueva configuración dependentista que debe ser analizada en función de tres dimensiones. De un lado, y hace una década, la idea de transición hegemónica estaba más centrada en un período caracterizado por el policentrismo y la pluralidad. Lo anterior podría estar configurando nuevas formas de “neodependentismo soft”. De otro, el enfoque diádico centro-periferia, propio de otras épocas, ha sido reemplazado por una línea interpretativa triádico (centro-semiperiferia-periferia). Por fin, la intensificación de las exportaciones de commodities que debe insertarse la discusión sobre la nueva dependencia y el rol de China en América Latina, relación que ha ido cobrando una importancia cada vez mayor en los últimos años. El Consenso de los Commodities se ha traducido en una reprimarización de las economías primarias, visible en la reorientación hacia actividades neo-extractivas, con escaso valor agregado.

El Plan de Acción China-CELAC 2022-2024 establece de forma explícita el compromiso chino con la región en una amplia gama de sectores digitales, que incluyen “infraestructura digital, equipos de telecomunicaciones, 5G, big data, computación en la nube, inteligencia artificial, Internet de las Cosas, ciudades inteligentes y “gestión del espectro radioeléctrico. Estas tecnologías digitales revisten especial importancia para el avance de China, no solo por representar la vanguardia de la innovación empresarial actual, sino también porque otorgan a quienes las dominan una influencia sin precedentes sobre las actividades económicas fundamentales.

Desde el año 1999, Huawei ha desempeñado un importante papel en el sector de las telecomunicaciones de América Latina y el Caribe. El año 2019, Huawei operaba en 20 países de América Latina,18 con cuotas de mercado superiores al 20% en cuatro de ellos. En Brasil, Huawei tiene el 50% del mercado de equipos de telecomunicaciones.19 Suspicazmente, se cree que los mayores saltos técnicos de la empresa provienen de la propiedad intelectual que robó de la firma canadiense Norte. Con todo, se ha discutido, si los gobiernos latinoamericanos deben reforzar la sofisticación de su evaluación respecto a las posibles amenazas resultantes de la implementación de tecnologías digitales en áreas sensibles por parte de empresas cuyos gobiernos, como el de la RPC, representan un riesgo creíble, empíricamente demostrado, respecto a la desprotección de la propiedad intelectual y la privacidad de esos datos.

Apenas hemos deslizado un breve repaso de algunos aspectos sustanciales de la relación del país asiático con la región y analizado en primera instancia la categoría de “cooperación sur-sur”, el “Consenso de Beijing”, es retratado desde la acepción asimétrica de las relaciones chino-latinoamericanas. Pese a todo, China se ha convertido en uno de los destinos preferidos para la subcontratación de unidades de fabricación mundiales gracias a su mercado de mano de obra barata, a pesar del aumento de los costes laborales en los últimos años. Para Maristella Svampa (2014) la presencia china no ha transformado estructuralmente las economías latinoamericanas, sino que ha profundizado su rol como exportadoras de materias primas (soja, minerales, petróleo, etc.). Esto reproduce un patrón de especialización regresiva, muy dependiente de la demanda externa. China aparece como un nuevo socio comercial, pero en realidad reafirma la lógica de enclave extractivo que tanto ha limitado el desarrollo autónomo de la región. Es por ello que no podemos dejar de destacar igualmente, que el concepto de “Consenso de Beijing”, pone el énfasis en el despliegue de la política de la República Popular de China sobre economías donde se viene a perpetrar una relación de subordinación, sin objetar plataformas de gubernamentalidad, sean liberales, nacional-popular o neodesarrollistas, de raíz progresistas, sino en la expansión de los proyectos extractivos.

En las últimas dos décadas, China transitó desde un modelo de industrialización exportadora y apertura gradual, hasta uno de innovación tecnológica, consumo interno y autosuficiencia, todo dentro de un marco político centralizado. Hoy enfrenta los desafíos de ajustar su modelo hacia una economía más sostenible, equilibrada y basada en I+D, mientras mantiene el control político del Partido Comunista. En efectos, automóviles eléctricos, Energías limpias, Biotecnología, Plan estratégico: “Made in China 2025”, que busca la autosuficiencia tecnológica e industrial. Luego Innovación y autosuficiencia tecnológica. Inversiones masivas en investigación y desarrollo (I+D). Formación de ecosistemas tecnológicos (Huawei, Tencent, BYD, etc.). Respuesta a sanciones y restricciones extranjeras: impulso a la autosuficiencia digital y científica. De suyo, Reducción de la pobreza y desarrollo regional equilibrado y fortalecimiento de políticas de desarrollo en zonas rurales y del oeste del país. Promoción de la “prosperidad común”: redistribución de riqueza y equidad territorial. Urbanización y transformación demográfica. Aceleración del proceso de urbanización controlada. Desarrollo de ciudades inteligentes y mejora de servicios urbanos. Reforma del sistema hukou (registro de hogares) para integrar a migrantes rurales. Política exterior de desarrollo: La Nueva Ruta de la Seda. Lanzamiento en 2013 de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), con inversiones en infraestructura, energía y telecomunicaciones en Asia, África y América Latina.

Categorías críticas como la Extractivismo/ Neoextractivismo y otras, de tipo propositivo, como Buen Vivir, Bienes Comunes, Derechos de la Naturaleza, Posextractivismo, atraviesan las discusiones teóricas y las luchas socio-territoriales, generando una nueva gramática política que cuestiona la sustentabilidad de los actuales modelos de desarrollo y plantea otras relaciones entre sociedad, economía y naturaleza. Con el correr de los años y en un contexto de consolidación de los gobiernos progresistas, los debates se fueron tornando más arduos y controversiales. Por un lado, en función de las ventajas comparativas ligadas al boom de los commodities, gobiernos como el de Ecuador y Bolivia, olvidaron sus promesas de cambio de modelo de desarrollo, y afianzaron una visión ligada al crecimiento de las exportaciones, basada en productos primarios. Por otro lado, al calor de los conflictos territoriales y socioambientales, y de la multiplicación de proyectos de explotación de recursos naturales para la exportación, fue tomando cuerpo la crítica al Extractivismo o Neoextractivismo, de la mano de organizaciones sociales e intelectuales, en abierta confrontación con los diferentes gobiernos de la región.

En este marco asistimos a una consolidación de lo que en otros textos se ha denominado Consenso de los Commodities una caracterización que parte del reconocimiento de que, a diferencia de los años ´90, las economías latinoamericanas se vieron enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios. En esta coyuntura favorable, la totalidad de los gobiernos latinoamericanos tendieron a subrayar las ventajas comparativas del boom de los commodities, negando o minimizando las nuevas desigualdades y asimetrías ambientales, económicas, sociales, que traía aparejada dicha división internacional y territorial del trabajo, basada en la exportación de materias primas a gran escala. De modo que, todos los gobiernos latinoamericanos, sin importar el signo ideológico, habilitaron el retorno de una visión productivista del desarrollo, y con ello, apuntaron a minimizar los cuestionamientos y las protestas, escamoteando las discusiones de fondo acerca de las implicancias ambientales, socio-territoriales y sociosanitarias (impactos, consecuencias, daños) en torno los diferentes modelos de desarrollo. En suma, el Consenso de los Commodities trajo aparejado un nuevo escenario en América Latina, en el cual se combinan rentabilidad extraordinaria, reprimarización de la economía y conflictos ambientales, cuyo trasfondo es la creencia –desde la narrativa hegemónica- de que la actual dinámica económica basada en la demanda internacional de commodities no sólo es irrefrenable sino también benéfica, para el con junto de los países latinoamericanos.

Por fin, todo parece indicar que Chile y ciertamente la región se encaminan hacia nuevas formas de dependencia. El acercamiento acrítico a las economías asiáticas –por muy seductor que resulte-, nos aleja de los ajustes estructurales que se necesitan. Lo mínimo sería que el país, en su desarrollo económico y social, no comprometa competencias geopolíticas de terceros.

Mauro Salazar J. Ufro-La Sapienza.

Imagen principal: Edward Burtynsky, Dam #1 Yengtze River, China, 2003

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