Andrea Cortellessa / Fantasma de amor

Filosofía

Quien busque a Guido Cavalcanti en Wikipedia, lo encontrará definido como «un poeta y filósofo italiano del siglo XIII» (y más adelante, en la «entrada», se recuerda la definición que de él hizo Boccaccio: «el mejor erudito que tuvo el mundo»). Y ello a pesar de que ninguna de sus obras doctrinales -si es que compuso alguna- ha llegado hasta nosotros. Pero no es necesario; es la sustancia de su poesía la que es filosófica: en un nivel que sólo alcanzará el discípulo que lo «echará del nido», Dante, y luego Leopardi. Una «línea» que de nuestra tradición literaria es la columna vertebral, como podemos ver, pero que en términos cuantitativos siempre ha sido muy minoritaria. El problema es que la koinè idealista (empezando, si nos fijamos bien, por el propio Hegel, el poeta refoulé…) siempre ha mantenido en gran desconsideración lo que Heidegger llamaría «pensamiento poético»: una koinè encarnada por nosotros de una vez por todas por el «alcalde de la literatura italiana» (como le insultó Manganelli), De Sanctis, que alabó a Cavalcanti a pesar de sus intereses filosóficos. Pero, más o menos declarada, aún hoy prevalece, para la poesía que se hace, la concepción de que los autores como Guido son «artistas y poetas sin quererlo ni saberlo»: una tesis que, según Gianfranco Contini, debería ser «más o menos derribada».