Gerardo Muñoz / Diez tesis contra la metrópoli

Filosofía, Política

1. La metropolitización del mundo es un nuevo sentido de totalidad que constituye el último topoi del Imperio.

א Si la forma imperio clásica tenía a la operación de la extracción como vórtice de su producción; la nueva organización metropolitana tiende a la modulación del valor como finalidad de su praxis. En efecto, naturaleza y orden, physis y nomos son disueltos en una misma optimización del diseño metropolitano. El nomos y la physis se vuelven dos polos compensatorios de la técnica y el humanismo. Felix Heinimann, Nomos and physis (1945).

2. La metrópoli es la especialización del dominio cibernético. En otras palabras, es la interconectividad sin afuera entre cosas, sujetos, superficies, y entes. En la metrópoli la objetualidad organiza una transparencia sin estrías.

א «Faire usage, c’est surprendre un relief devant soi, parcouru de pistes en pointillés, avec un point de fuite. Ce relief, le futur, on ne peut que le surprendre, et on ne le surprend que dans l’usage, en suivant telle piste où on s’est engagé. (Ensuite, la question sera d’apprendre à le lire comme une carte, de le parcourir, de le visualiser, ce qu’on ne peut faire qu’en sortant de l’usage).” – EDD (2019).

3. Puesto que no hay estrías palpables en la totalidad metropolitana, estamos ante un proyecto de abstracción que traduce el mundo en esfera, las cosas en objetos, y la experiencia en deseo de intercambio.

א De alguna manera la metrópolis puede ser pensada como la realización maestra del principio de intercambio sin distancia. ¿Qué significa aquí que la experiencia se traduzca en intercambio? Se trata de que cualquier experiencia en el mundo termina siendo internalizada como intercambiable con cualquier otra. En cada experiencia en lugar de encontrarnos con lo irreductible de la existencia, siempre nos angustiamos de que nos perdemos algo, de que puedo estar en otro lugar, de que mi experiencia es una excepción de mi tiempo de vida. En realidad, la pérdida de la experiencia multiplica las fantasmagorías del fin de la presencia.

4. De lo anterior se deriva lo siguiente: la metrópoli es el principio espectro-espacial que administra la experiencia. Y, sin embargo, la paradoja es que no hay ni puede haber ninguna experiencia programable. Esto es, de por sí, un sentido arruinado de la experiencia.

א Cuando el antropólogo Christian Sigrist habló de una ‘anarquía regulada’ en su libro Regulierte Anarchie (1970) refirió a una regulación que producía una fragmentación interna sin cierre hegemónico. De ahí que ningún principio anárquico puede coincidir con un mando político.

5. Buscar un afuera de la metrópoli es la condición de mínima de experiencia. Pero decir afuera no significa irse al campo o anidar en una comunidad benedictina; ésta última el sueño arcaico que busca un último refugio ante la maquinación liberal. La única aldea posible es el jardín adánico. El afuera de la metrópoli se encuentra en las superficies, y, por lo tanto, en la posibilidad de misma de mirar lo más aparente en el momento de su disolución en lo real.

א El afuera originario donde mora el hombre vuelve indistinguible toda separación entre “lo primitivo” y lo “civilizado”, el “campesino” y el “hombre de la civitas”. Como lo vio una vez Adolf Loos luego de pasearse por una aldea en 1909: “Aquí todo respira a paz. Todo es necesario: la casa de los campesinos, que no fueron hechas por un dios, es una villa. Esta es la obra de un arquitecto, ¿bueno o malo? No lo sé. Solo entiendo esta paz, esta detención, y la belleza que se ha fugado. Ante lo ojos de Dios no hay bueno o malos arquitectos…pero pregunto, ¿por qué cada arquitectónico termina dañando la orilla del lago?”

6. La metrópoli, por otro lado, anuncia la disolución del habitar de los mundos. Pero en la medida en que la historia del humano es la historia de su autoafirmación, no hay dudas que la intensidad de la experiencia y el éxtasis del singular es una fuerza que produce agujeros en la totalización metropolitana.

א Si el éxtasis es la posibilidad de mirar desde afuera, la experiencia de una intensidad nos hace mirar el afuera desde afuera. Así, no hay propiamente una mirada “excéntrica”, propia de la revolución copernicana que invistió la modernidad. La experiencia es un pliegue del afuera.

7. Las más recientes revueltas denominada “experienciales” son irrupciones turbulentas contra el laboratorio de la metropolitización que moviliza Silicon Valley. Por eso no es casual que el lema de la revuelta de octubre en Chile haya sido “evasión”. Esto, ya no se trata de una “ocupación” o una movilización en nombre del “intelecto general”, sino un gesto abiertamente contrametropolitano.

א Pudiéramos hablar de la turbulencia como una expresividad como etapa superior de la representación. Una contra-representación atélica que, como vio el historiador de arte Robert Klein, constituye una impresión manierista por la cual el “modelo interno ya no imita la naturaleza o la persona…es el concetto, una creación contingente de la mente y del gesto”. Maniera es todo momento de desvío experiencial.

8. La metrópoli como problema disuelve los términos ideológicos, y así aparecen nítidamente los dos Partidos del presente: de un lado hay na fuerza experiencia contrametropolitana, y del otro hay una defensa de la interconectividad como último diseño del Imperio. De ahí la honestidad intelectual de sus mejores guardianes imperiales: Hans Gumbrecht y Niall Ferguson. El primero lleva a cabo una defensa hegeliana del despliegue antropotécnico; el segundo desarrolla el dispositivo del “network” como último (a)nomos de la regulación imperial.

א Como escribe Niall Fergesun en “Metropolis”, uno de los últimos capítulos de su libro The Square and the Tower (2018): “Yet it would also unmistakably be a network, with most nodes connected to the rest of the world by more than one or two edges. The key question is how far this network of economic complexity now poses a threat to the hierarchical world order of nation-states comparable to the threat that networks of political complexity have recently posed to established domestic-political hierarchies. To put the question more simply: can a networked world have order?”

9. No hay crítica de la metrópoli sino vías de deserción de sus flujos. El afuera está siempre en una diagonal; en la irrupción del no-valor al interior de lo intercambiable.

א Como se ha visto recientemente con la devaluación del precio del petróleo en el mes de abril a causa de la pandemia del coronavirus, el “otro lado” del valor, la sombra del no-valor, no es una posibilidad a crédito futuro ni tampoco una apuesta mesiánica ‘por venir’. Es lo que ya ha acontecido como no-saber nocturno en la tierra. Ver, «Precious valuelessness: on the negative oil prices April 2020» de Rosa, Tillfällighetsskrivande, 2020.

10. No nos interesa responder a la indigesta pregunta de qué viene “después” de la metrópoli. Sin embargo, sabemos que la fragmentación del mundo antecedió a la polis. Devolverle la mirada a los surcos que constituye un mundo en separación prepara una ciudad encantada, esto es, una kallipolis.

א Parte del descontento ante la metrópoli está en el hecho de que es una estructura incapaz de garantizar lo que el filósofo árabe Alfarabi llamaba una “ciudad de excelencia”. Según Alfarabi en su tratado sobre la ciudad feliz (Siyāsah), solo es posible habitar (sakana) en una ciudad en la medida en que esta se proyecte como una polis de excelencia, y, por lo tanto, la “vía de salida” se justifica siempre y cuando la ciudad haya caído en “manos de ignorantes”. Desde luego, para Alfarabi la ciudad ignorante no es una cuestión de un déficit epistemológico de sus liderazgos políticos o administrativos, sino más bien el sentimiento que acontece en el singular cuando la ciudad atenta contra “una forma de vida y sus hábitos”. Transfigurando la postura antidemocrática del platonismo, para Alfarabi la verdadera democracia no es una “unidad de las partes”, sino la posibilidad misma de conjugar los hábitos singulares con la felicidad (mahdi) para así garantizar el “bien en común”.

Imagen principal: Raúl Esterás, Metropolis, 2017

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Un comentario en “Gerardo Muñoz / Diez tesis contra la metrópoli

  1. Si, sin ninguna duda, el turista es el «habitante» de la metrópoli, el cual ya no necesita viajar para encontrarse en tierra extranjera (como en Shijie de Jia Zhangke), ¿quién sería pues el habitante del afuera?

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