Julio Cortés Morales / Bicicleta blanca

Filosofía, Política

1.-“My white bicycle” (Nazareth)

Los rockeros escoceses de Nazareth tuvieron uno de sus primeros grandes éxitos radiales en 1975 con la canción “My white bicycle”, que decía más o menos así:

Mi bicicleta blanca, mi bicicleta blanca

Pedaleando por la calle

Cuatro en punto de la mañana y todos duermen

No estoy cansado y es tan tarde

Moviéndose rápido todo se ve grandioso

Después glorifican la sensación de ir pedaleando sin importar la lluvia en la cara ni el viento que azota el pelo mientras pasan las gaviotas, y prosiguen refiriendo un encuentro con un agente del control social:

Un policía me grita pero no lo veo

Ellos son algo en que no creo

Busca acusarme y no se va

Alza las dos manos, su cabeza desgraciada

Ninguna luz me ilumina

A través de la oscuridad, seguimos avanzando

Mi bicicleta blanca y yo.

Mauro Salazar J. / Crónica de una ciudad sin duelo. Servicios sin huella

Filosofía, Política

«Quien aquí entre, abandonad toda esperanza» Infierno, Dante. Comedia. Canto III, verso 9.

Santiago y sus grises anonimatos. La ciudad neoliberal tiene un modo particular de digerir la muerte: no la niega, la administra. No la esconde sino que la desplaza. El cadáver interrumpe el tránsito del Metro de Santiago y el transeúnte del andén se irrita. Lo que el enojo revela, en el fondo, es un pasajero sin derecho a duelo y el silencio pavoroso del que sigue vivo, explotado y no puede permitirse leer la escena como advertencia sin quebrarse él mismo. El enojo funciona entonces como mecanismo de distancia narrativa: convertir al otro en obstáculo o escombro, es más soportable que tolerar la imagen que devuelve el espejo. Entonces, es mejor cerrar los ojos. Vivos y muertos conviven, sin derecho a duelo, en el tiempo circular del andén.

Julio Cortés Morales / Convivencia vial. Breve guía práctica para usuarios de aceras y bicicletas en tiempos de gobiernos de emergencia

Política

“La bici forma parte de la historia de cada uno de nosotros. Su aprendizaje remite a momentos particulares de la infancia y adolescencia. Gracias a ella, todos hemos descubierto un poco de nuestro propio cuerpo, de sus capacidades físicas, y hemos experimentado la libertad a la que está indisolublemente ligada” (Marc Augé, Elogio de la bicicleta).

“La bicicleta se ha transformado en una ideología” (Louis De Grange).

“El joven trabajador en la motocicleta convierte el trabajo en Dios porque andar en moto le gusta. Su verdadera alegría al andar en moto consiste en que se emiten sonidos anales. Quedamos como tontos si llevamos las explicaciones demasiado al detalle” (Max Horkheimer en conversación con Theodor W. Adorno).

Presentación

Coincidiendo con los anuncios de instalación del primer gobierno abiertamente pinochetista del siglo XXI, los habitantes de la larga y angosta faja de tierra tuvimos que asimilar, además del bencinazo del ministro Quiroz, noticias relativas a limitaciones al Transantiago y negativa a la construcción de más ciclovías por parte del ministerio conducido por De Grange, y más recientemente diversos anuncios en seguridad que se concentran en el “vandalismo” y las “incivilidades” para así poder criminalizar de manera reforzada a los más pobres.

En medio de tanto anuncio de estos patriotas se me echó a perder mi tradicional bicicleta negra, y me demoré cerca de un mes en enviarla a un taller para ser reparada. En esas largas semanas recordé lo infernal del metro y los buses en horario punta, además de la tradición que tiene el Transantiago de hacer desfilar casi pegaditos a dos o tres buses del mismo recorrido, para luego dejar de pasar por cerca de media hora. Vi chóferes y pasajeros estresados, lanzazos y empujones, cuando no agarrones y turbazos. Desde el otro lado del vidrio de la micro miraba con envidia a los ciclistas que pedaleaban y avanzaban mucho más rápido que todos los vehículos motorizados juntos, y eso me motivó finalmente a enviar a al taller a la “flaca negra híbrida” (ese sería su nombre técnico), para poder seguir pedaleando en medio del cemento y el smog.

Giorgio Agamben / La política en el tiempo de la imposibilidad de la política

Filosofía, Política

En la séptima carta, Platón vincula su decisión de consagrarse a la filosofía a las desastrosas condiciones políticas de la ciudad en la que vivía. Tras haber intentado de todas las formas participar en la vida pública, escribe, al final se dio cuenta de que todas las ciudades estaban políticamente corrompidas (kakos politeuontai) y se sintió entonces obligado a abandonar la política y a dedicarse a la filosofía.

Gerardo Muñoz / Americanismo y muerte social: una postal

Filosofía, Política

“¿Hemos llegado?”, preguntaba en voz baja y con algo de inseguridad. “Qué va falta algo, queda cruzar toda Market Street hacia el río, ahí está Doremus, y para allá los contenedores”. Muy cerca de allí Delaney Hall, donde han detenido a cientos de inmigrantes indocumentados. Y hacia el norte en paralelo encontramos la Springfield Ave, la misma que en el verano de 1967 ardía por la notable insurrección afroamericana de Newark que dejó cientos de heridos y una docena de muertos. Hoy la Avenida Springfield corta en diagonal hacia el centro de Newark desde Vauxhall, y desemboca en una tienda de móviles T-Mobile con una horrorosa fachada rosada y negra. En la fría mañana de diciembre estas grandes avenidas siguen siendo pobladas por una alta demografía afroamericana, junto a los caribeños, principalmente dominicanos y puertorriqueños. Según el más reciente censo, alrededor del 57% de la población de Newark es afroamericana y el 47% vive bajo el nivel de pobreza liderando los renglones de la cifra promedio de todos los estados de la región.

Javier Agüero Águila / Una calle como cualquier otra

Filosofía

Hay una calle que es como cualquier otra, una que conozco bien y que también me conoce bien. La he caminado tantas veces que sé cuantos son los pasos exactos que hay entre ella y la siguiente; lo que me demoro en atravesarla según sea el apuro, el lugar hacia donde voy, lo que debo hacer, en fin. En ella se repiten una tras otra casas pareadas, antiguas pero no tanto y que, según cuentan los vecinos, fue en principio una calle que le pertenecía al obispado (por eso, ahora entiendo, el barrio en el que está se llama “Seminario”). Al día de hoy esas casas forman un mosaico algo vintage que le dan un aire pequeño burgués. También hay una inmensa mansión estilo Art decó de principios del siglo XX que resalta por su arquitectura tan típica a la vez que impredecible. Altillos largos, ventanas sobresalientes, enormes y redondas. Es verde. Un poco más allá hay un zapatero y más acá una modista.