Miguel Ángel Hermosilla / Notas en torno a Antropoceno como fin del diseño de Alejandra Castillo. Una lectura desde el interregnum político del cuerpo

Estética, Filosofía, Política

“El imperio es un orden colonial que implica el cercamiento de la tierra”. Alejandra Castillo.

Desde otras críticas al despliegue absoluto de los procesos de subsunción total y explotación real, y desde un topos desajustado y sustraído de cierto nihilismo unificante de la razón universitaria contemporánea, encontramos el texto de Alejandra Castillo, Antropoceno como fin del diseño, de editorial la Cebra, abriendo paso al pensamiento, cuando este trata de interrogar los nodos fundamentales de la reproducción sin límites de la acumulación y sus lógicas totalitarias.

Los trazos de lecturas que proponen estos ensayos de Alejandra Castillo, están enhebrados por un hilo reflexivo que van discutiendo en la aparición de su imagen como texto- escritura la relación directa entre la violenta expropiación- explotación del capital y la destrucción general de la vida en el planeta, cuando los marcos de la soberanía y los hegemones predominantes de la dominación onto-politica moderna y la metafísica del sujeto que la sustentan, han quedado suspendidos por la intervención fáctica de los procedimientos a-principiales de un capitalismo en etapa de desregulación generalizada.

El ejercicio crítico, y de exigencia hermenéutica que intentemos establecer aquí, entonces, es el de pensar estos ensayos en la anulación de un principio de anudación del sentido, que dice relación con extender un nexo de lectura con la cuestión del interregnum o suspensión an-hegemónica de la aceleración capitalista global y sus agentes del poder, que presentaría una configuración epistémica de la desarticulación, exponiendo el pensamiento a la intemperie; al colapso epocal de una lengua fisurada, desprovista de los presupuestos que orientaban la legitimidad de la arquitectura política moderna, a saber; las categorías de sujeto, representación, estado, soberanía, democracia y todo el aparataje técnico-jurídico que hacia posible la “positividad” helio- falo-centrada de un “diseño” o un a priori como principió de organización y prefiguración que ya siempre excedía a la visibilidad del orden material del mundo.

“No hay política sin diseño afirma la autora”, entendiendo que la armonía del expediente del poder y los procesos de modernización en América Latina estarían pre- determinados desde el siglo XIX por un proyecto de dominación colonial que organizaría la agenda de los patrones de acumulación, pero que también fijaría algunos derroteros identitarios de liberación nacional, según la misma filosofía de la historia del capital. El diseño político es, entonces, el guion teológico del progreso que hace posible la aparición en la superficie de la historia material; los modos en que esta es guiada hacia su realización, ya sea en sus formas Estado- nación – República, como re inseminaciones del bucle soberano de los patrones de acumulación, ya sea como proyecto emancipatorio de la opresión civilizatoria; la del hombre blanco y propietario:

No hay política sin diseño. El diseño de la política de la emancipación que América Latina hace propio presupone el ingreso a lo público político en la gradualidad y jerarquización prevista por el aparato escolar. Es un diseño pedagógico. Mientras más visible se es en el dispositivo pedagógico más invisible se vuelve el cuerpode quienes no son narrados por el orden dominante”.

El “diseño” determina una narrativa estética subordinante de la emancipación, y con ello somete a los cuerpos expuestos al dispositivo diegético, a una didáctica de la domesticación sensible como catalizador diferido de la misma tecnología de la dominación por reproducción mercantil de la norma equivalencial del capital.

En efecto, lo que nos interesa pensar aquí, junto a la Alejandra, es la relación de copertenencia entre acumulación y guerra, entre capitalismo y desastre en el mismo giro epistémico en el que estamos instalados, vale decir en el interregnum epocal en el que se inscribe la interrupción del relato historicista del discurso filosófico de la modernidad y su agotamiento onto-político de cancelación hegemónica; pensar en el desplazamiento de la lengua del relato progresista de la historia, la dislocación fáctica de la soberanía del capital.

Si esto es así, entonces, la hipótesis de trabajo o la pregunta que gira en torno a la lectura del texto de Alejandra; “Antropoceno como fin del diseño”- aunque no quisiera sostener aquí que la categoría analítica de “diseño” que trabaja la autora tenga que ser leída necesariamente como figura antagónica a la de “desarticulación epocal”- sino que más bien, lo que nos proponemos como ejercicio intertextual es el interrogar y pensar con ella la lengua del antropoceno y el significante “diseño” a partir de la interrupción de la narración progresista desde donde es articulada la propia noción de “diseño” como prefiguración del mismo orden de producción, en cuyo centro de habilitación y operación estaría domiciliado el propio cuerpo del sujeto moderno posesivo, es decir pensar el antropoceno como consumación y agotamiento de la metafísica cartesiana de la presencia y la posesión, comprendida como ethos del nihilismo equivalencial generalizado del capital, es decir como valoración mercantil ampliada, o como acumulación diversificada y flexible de un aparato productivo descentrado y extendido a todas las esferas de la existencia y más allá de los límites de lo humano, es decir, pensar los modos de reproducción capitalista ampliada, en los términos de “capital y desastre” o como principio de equivalencia general, en el sentido de la subsunción real y total de todas las esferas de la vida a los imperativos disciplinantes de las lógicas sacrificiales del trabajo y el capital, describiendo los modos de explotación y expropiación capitalista en el mismo registro ya anotado por “Rosa Luxemburgo”, es decir, como las formas de reproducción de mercancía que incorpora zonas cada vez más extensas de la vida, a saber; “trabajo, saberes, producción de bienes recurso naturales y sociales”.

Afirma la autora:

el orden del dominio que produce el capital tiende a la totalidad”

y más abajo:

El tiempo de la forma valor es la aceleración, vuelta tras vuelta se van transformado cada una de las zonas de la vida como forma social de producción”.

Así, en un sin fin, el bucle soberano de la acumulación por desposesión y apropiación de la tierra, va dando lugar a la catástrofe, pensada como aniquilación de los pueblos y de las distintas formas – de- vida en diferentes lugares del planeta. Palestina- Gaza, es el especulum de la destrucción del mundo, “el mundocidio”- Karmy-, desatado por los modos de acumulación por violencia y genocidio más extremos que el orden imperio- colonial contemporáneo y sus derivas securitrias nos están haciendo padecer:

La guerra hoy ha dado un paso más, o, más bien deja ver lo que la constituye: la conquista, saqueo, destrucción, muerte y desplazamiento forzado. Esto es lo que hace el ejército israelita contra el pueblo palestino, una guerra imperial que está ocurriendo frente a nuestros ojos, no se puede pretextar no conocimiento, las imágenes no ocultan, invaden, en un continuo muestran a cada momento la destrucción”.

En el tecno-capitalismo y la cibernética de la gubernamentalidad an-antropologica, a decir, en la prescindencia y constelación a-teológica de un sujeto político fuerte, se despliegan las tecnologías de la apropiación sin límites de la soberanía de la acumulación y la mercancía, desprovistos del discurso de la legitimación y la hegemonía que habrían explicado la naturaleza del poder según las formas tradicionales de dominación en la escena del denominado conflicto central y el régimen del nómos tradicional. En la interrupción an-hegemonica de los modos de aceleración desregulada y dispersa de las formas de reproducción capitalista, en la era de la digitalización general y el índice de la acumulación por especulación financiera y algorítmica, se cierra el tiempo del capitalismo antropológico y se abre a la vez, el comienzo visible de una forma económica de reproducción “capitalista por plataforma y pantalla” que se devora así mismo en el deseo ilimitado de su autoconsumo libidinal, integrado en el imago-mercancía planetaria:

Nancy Fraser describe al capitalismodevorándose así mismo bajo la formulación de “capitalismo caníbal. Parece urgente, entonces, poner atención a la acumulación capitalista en lo relativo a la escasez, la depredación y el desastre”.

Una lectura atenta a este texto sugiere, entonces poner la máxima atención en la relación constitutiva que existe entre capitalismo y antropoceno, como devastación general de la tierra por efectos de los modos económicos de la reproducción extendida de consumo y acumulación “sin reparar en el límite material del planeta”.

Ahora, bien, la pregunta decisiva que abre también el texto, es, ¿cuál es el status ontológico del cuerpo?, no como subjetividad cartesiana del pienso individual viril y patriarcal alojado en el yo del dispositivo persona, que ya siempre supone un cuerpo en “dominancias y exclusiones”, sino más bien en el cuerpo político dispersado en la multitud anónima e impersonal, el cuerpo como textura ignota, extraña y ominosa en la cadena flexible y virtual de la acumulación contemporánea.

Ensayar una reflexión en torno a este problema nos invita, también, a pensar de vuelta, el mito del tiempo de la economía o la acumulación originaria y su relación con el bucle de la propia apropiación “helicoidal” del despojo permanente, como cohabitación intrínseca entre violencia, derecho, cuerpo sacrificio y propiedad, en los límites de la crítica moderna y en el interregnum del cuerpo agrietado del discurso onto-político de la democracia viril y heteronormada de la hegemonía del capital:

La acumulación originaria es el despojo de bienes, el robo de tierras comunales, la transformación de la propiedad, llevadas a cabo por la usurpación y terrorismo despiadado. Es un orden de depredación en beneficio de unos pocos y la obligatoriedad reproductiva de las mujeres. Alejandra Castillo. ¿Tiene sexo la acumulación originaria?

Continúa siendo entonces, la norma inalterable de toda economía política, la de la apropiación por usurpación y violencia de un cuerpo colectivo sobre otros cuerpos explotados y excluidos; una violencia de conquista y asentamientos; “toda economía política, nos relata Alejandra en el texto, oculta el momento previo del sojuzgamiento, el robo a mano armada y asesinato”.

El capital y sus formas de acumulación se reproducen por la violencia inercial de una historia ininterrumpida de exclusión y despojo, a partir de las mutaciones de las mismas tecnologías del sometimiento. Las técnicas del borramiento de un habitar el mundo son sostenidas por la maquinaria insustancial y nihilizante de la conquista de la tierra en la fase neoliberal-fascista del capitalismo antropocénico sin sujeto sustantivo de la voluntad opresiva, diluido en una intensidad y tendencia maquínica y diseminada de afectos e inclinaciones que más tienen que ver con una “cosmosidad” informe, totalizante y en expansión de los ciclos de acumulación, donde solo hay técnica, cuerpos, consumo, mercancía y capital, pensados como una economía general cósmica de la depredación y un capitalismo supra-humano del goce y la aniquilación de la tierra, entendido como una fuerza total del intercambio y el valor y su reverso especular ; la antropomorfosis del capital como “ego colonizado” por el régimen de la acumulación y alineación total (para insistir en esta idea, revisar en la revista “Escrituras Americanas 2025” el texto antropomorfosis del capital y revolución biológica de Gonzalo Díaz Letelier).

No hay un afuera de la cosmosidad del capital, una zona des-alienada de la acumulación y la mercancía, una alteración radical del goce del consumo y el antropoceno maquínico e impersonal, la “corpo política” es el “diseño” de la república masculina y la democracia neoliberal procedimental inscrita en los presupuestos teológicos cartesianos de la modernidad occidental, que subraya el carácter puramente gestional- securitario de la política y la democracia, y que priva pensar el corpus de la “transgresión” como topos desangenciado y acontecimental, constitutivos de una democracia radical y sin diseño; donde la imaginación disidente y la potencia común de los cuerpos persevere -en el medio del interregnum- por una vida feliz en este mundo.

Imagen principal: Tadashi Kawamata, Destruction No.4, 2016

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