Conviene reflexionar sobre un hecho tan increíble que se intenta a toda costa apartarlo, y es que el Estado que se declara el más poderoso del mundo lleva años gobernado por hombres que son técnicamente dementes. No se trata de dar así una forma extrema a un juicio político: que Trump —como sin duda Biden antes que él— deba ser considerado demente en el sentido patológico del término es una evidencia ya compartida por muchos psiquiatras, y que cualquiera que observe su modo de expresarse no puede dejar de compartir.Va de suyo que lo que aquí nos interesa no es el caso clínico de los individuos llamados Trump y Biden; más bien, la pregunta que no podemos dejar de plantearnos es: ¿cuál es el significado histórico del hecho de que un país como Estados Unidos —que en cierto modo está al frente de todo Occidente— sea gobernado por un enfermo mental? ¿Qué radical decadencia espiritual y moral, antes aún que política, puede haber conducido a una consecuencia extrema semejante?Que el destino de Occidente estuviera marcado por el nihilismo es algo que Nietzsche ya había diagnosticado hace más de un siglo junto con la muerte de Dios; pero que el nihilismo tuviera que adoptar la forma de la demencia no era algo descontado. Quizá sea de algún modo por compasión y piedad por lo que Dios, que quiere perder a Occidente, lo conduce a su fin no en la conciencia y la responsabilidad, sino en la inconsciencia y la locura.
Fuente: Quodlibet.it

