Comencemos por los hechos. A finales del mes de junio de 2024, el joven filósofo afroamericano Idris Robison participó junto a otro grupo de colegas en una mesa redonda sobre resistencia y liberación palestina en la ciudad de Asheville en Carolina del Norte. Durante el conversatorio un grupo de militantes proisraelíes interrumpieron el acto de la presentación con altisonantes vituperios y exclamaciones, celulares en mano. Ya desde ese momento las calumnias y las amenazas se dejaban escuchar con nitidez. Poco tiempo después el conversatorio se interrumpe y el conferencista se ve forzado a salir por la puerta de atrás. Se trataba de un conferencista que aludía a Walter Benjamin y a Franz Fanon, al Torah, al mesianismo y a la filosofía de la historia. Esta es la primera escena.
Exactamente un año después, ya hacia finales de mayo y comienzos de junio, aparecen en las redes sociales recortes audiovisuales de la presentación del profesor Idris Robinson que incitaban a contactar a su universidad con el objeto de sentar un escarmiento y dejarlo sin empleo. En un despliegue espectacular del asesinato de biografia, se identificaba con nombre y apellido a la figura, y se explicitaban nexos institucionales con el número de teléfono del rector y de la oficina del decanato de la universidad estatal de Texas. Sobre esos días, entonces, Robison fue formalmente aliviado de responsabilidades universitarias, y posteriormente advertido que sería despedido al año y un día; esto es, ahora en el próximo mes de mayo de 2026, interrumpiendo su proceso de permanencia, hasta hace muy poco una de las garantías sacrosantas de la universidad norteamericana.
Que la universidad pública norteamericana se desplome a pedazos no debería ser ya novedad; como tampoco es novedad, me parece, que Idris Robison sufra en carne propia la presión de las pinzas de la delación generalizada que grotescamente atiza a la totalidad del cuerpo social. El caso de Idris deja en evidencia que el silenciamiento a la palabra supera las tribulaciones normativas que la engorrosa doctrina de “time, place, and manner” que regula la libertad de expresión desesperadamente encubre lo que simple y llanamente no es más que una grave perversión. Como si acaso fuese necesario decirlo, la comparecencia de Idris Robinson en el encuentro de Carolina del Norte tuvo lugar literalmente a mil millas del campus universitario tejano al que él pertenece. Mil millas y dieciocho horas en coche; como se diría en inglés, such much for time, place and manner doctrine.
Una carta, esta misma, ya no le dice nada a nadie, ni mucho menos quiere abonar la ensimismada ilusión de pedir limosnas y retribuciones – ¿cómo pedir algo que no esté a la altura de la restitución de una Gaza aplanada, de los cadáveres de los niños y madres, y de las almas de todos los mártires palestinos? Aún no somos capaces de desplegar una exigencia ética que atine a la resurrección de los mundos que ya han sido. Y, sin embargo, nos queda el alivio, un secreto en lo abierto, de dar voz a quienes nos han acompañado en la amistad del pensamiento en los últimos años tan cargados de feroces nubarrones sobre nuestras cabezas. Y esa ha sido para mi la figura de Idris Robinson. Digo figura, e inmediatamente pienso que Idris ha figurado en tantas escenas del presente que nos podríamos perder en ese bosque. Idris ha figurado en las barricadas de Grecia y en el espesor nocturno de Minneapolis; y ha figurado en la imaginación chilena y en la intensidad de las conversaciones destituyentes; ha figurado en pequeñas refutaciones de la vida metropolitana antes de que fuese un concepto (como sabemos Idris es neoyorquino de origen). Idris ha figurado como un diamantino carbón encendido en las noches en las que hemos intercambiado palabras bajo los auspicios de algún que otro cigarrillo, cuyo único anhelo era desamortizar el tiempo, al menos por un momento, bajo el oscuro paño del cielo.
Fácilmente se olvida lo que se ha dicho o callado en esas veladas, pero lo que permanece es el encantamiento desprendido de Idris. ¿Qué significa encantar? En esa palabra no solo se me filtran lo divino y el canto, sino también la luminosidad del habla de la verdad, que ya no es constatación de los sucesos, sino total anonimidad de la especie humana. Y quizás sea esto mismo lo que define el comunismo de Idris, que poco tiene que ver con una osificación ideológica o de principios más o menos verificables; sino la apertura, mediante la palabra, a formas instantáneas y tácitas que bordean, sin nunca acotarlo, los umbrales y quicios del mundo. “Ganar el mundo y liberarse del mundo”, dijo alguna vez un poeta alemán para referirse al acontecimiento de la palabra encandilada. Hablar de Idris Robinson poeta puede de ser ya de por sí un torpe hipálage.
Negro, proletario, y conversador de los más remotos temas y nombres, Idris está en las antipodas de la ruinosa universidad norteamericana y lo que ésta puede ofrecernos hoy para acechar un encuentro. La injusta y anticonstitucional expulsión de un pensador de una universidad pública del país demuestra que pensar hoy solo puede darse ex universitates; ya ni siquiera contrauniversitariamente, sino completamente en sus escombros. Es en esa deriva involuntaria, como alguna vez me dijo Idris, los amigos están destinados a encontrarse. Porque en cada encuentro es como si sintiéramos que algo ha cambiado para siempre.
Hay una anécdota muy bella que han registrado varios amigos de García Lorca: cada vez que alguien preguntaba cómo había estado el tiempo tras una vista del poeta andaluz, a alguno se le ocurrió decir “Ha estado Federico”. Esta es la figura perfecta del encantamiento. Y algo análogo podríamos decir de nuestro amigo y autor deEscritos desde la tierra baldía (2025): “El mundo hoy está algo Idris”. En el refugio de ese nombre que repetimos, un poco como saludo y plegaria, podemos encontrar nuestra arista de esperanza. Esa misma arista que Idris encontró en ese otro nombre que llamamos Palestina.
Nota para los lectores:
*Para firmar la carta pública en defensa de Idris Robinson en el proceso abierto contra la universidad visitar el siguiente enlace: https://c.org/dsr8DmhwHZ Donaciones que contribuyen directamente a los servicios del bufete de abogados de la defensa del caso de Idris Robison pueden efectuarse desde la página del Sindicato Nacional de Docentes Universitarios: https://higheredlaborunited.org/2026/03/27/support-dr-idris-robinson-following-political-termination/
