Partamos el día escuchando atentamente. En Ficción de la razón presentamos el álbum HULDA de la artista sonora y compositora sueca Felicia Sjögren. La música de este álbum fue creada e interpretada en un órgano de lengüetas de dos manuales y pedales, construido por Alfred Cedergren, un artesano sueco activo entre 1870 y 1925 en Vänge, en la isla de Gotland. En esa misma localidad vivía, por aquellos años, una joven llamada Hulda Veström. A los catorce años, Hulda dejó atrás a su madre y hermanas para viajar al encuentro de su padre en Los Ángeles. En la primavera de 1912, subió al Titanic junto a su tía, también llamada Hulda. Una fotografía de ambas mujeres se conserva en la capilla de madera de Vänge, el mismo lugar donde hoy se reúnen los órganos construidos por Cedergren.
escucha profunda
Annea Lockwood / World Rhythms
SonidoPocas figuras han encarnado con tanta coherencia la curiosidad radical y la paciencia como Annea Lockwood. Nacida en Christchurch en 1939, formada en la Royal College of Music de Londres y en la Hochschule für Musik de Colonia bajo la tutela de Gottfried Michael Koenig, Lockwood se sumergió desde los años 60 en la exploración de los límites materiales y perceptivos del sonido. Sus Glass Concerts (1967–1970) —donde el vidrio se convierte en fuente de timbres insospechados— y la serie Piano Transplants (1969–1972), con gestos tan radicales como quemar (Piano Burning) o sumergir pianos en estanques (Piano Drowning), son testimonio de una búsqueda donde el objeto sonoro es transformado, expuesto a los ciclos de la naturaleza y el tiempo, y donde la frontera entre música, escultura y performance se disuelve. World Rhythms (1975) representa el punto de inflexión donde Lockwood trasciende el objeto y se sumerge en la escucha del mundo mismo. Concebida originalmente para un sistema de diez canales, la obra despliega durante 46 minutos un tapiz de grabaciones de campo no procesadas: el pulso cósmico de la Vela Supernova, erupciones volcánicas, terremotos, géiseres, ranas arborícolas, olas oceánicas, aves y el crepitar del fuego. Cada fuente es presentada en su crudeza, sin manipulación, permitiendo que la energía inherente de cada fenómeno resuene en el espacio, envolviendo al oyente en una experiencia de inmersión total.
