María Luciana Espinosa / Reseña de El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos de Giorgio Agamben

Filosofía

No hay dudas acerca de la relevancia que una figura como la del filósofo italiano Giorgio Agamben (Roma, 1942) detenta en el actual contexto de los debates de la filosofía contemporánea. Su larga trayectoria se inicia en la pasada década del setenta, con una serie de publicaciones que se caracterizan por el vivo interés dedicado a repensar, desde una clave profundamente estética, la problemática general del hombre, su lenguaje y su obra en el horizonte postnietzscheano del nihilismo.

Con una fuerte impronta heideggeriana, no solo respecto de las temáticas trabajadas, sino también en el estilo escriturario (cabe recordar que en el año 1969 Agamben asistió a los seminarios que Heidegger dictó en la ciudad de Le Thor), el filósofo italiano edita sus primeros libros El hombre sin contenido (1970), Estancias: la palabra y el fantasma en la cultura occidental (1977) y El lenguaje y la muerte (1982). En ellos encontramos una postura fuertemente crítica respecto de la metafísica, así como una búsqueda orientada a indagar la trama secreta que enlaza estética y política. Será esta, justamente, la clave de lectura que permitirá al filósofo romano desandar algunos de los asuntos fundamentales de las sociedades occidentales de nuestro tiempo.

Sin embargo, si bien nunca se dejaron completamente de lado estas primeras motivaciones teóricas, poco a poco comenzaron a subordinarse ante un nuevo eje: la relación pluridimensional que tiene lugar entre teología y política. En este sentido, podríamos afirmar que, tras las huellas de Carl Schmitt, pero sobre todo en la línea de los últimos cursos dictados por Michel Foucault en el Collège de France, el objetivo agambeniano se ha dirigido a la realización de una genealogía histórico-conceptual del poder político en Occidente. Prueba de ello son Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida (1995), Lo que resta de Auschwitz (1998) o Estado de Excepción (2004), obras que si bien están orientadas a una indagación acerca del funcionamiento de la soberanía política, alcanzan su importancia decisiva en la fase actual del trabajo agambeniano, cuyo propósito, como se deja ver entre líneas tanto en Opus Dei (2012) como en Altísima Pobreza (2013) y con plena claridad en El reino y la Gloria (2008), consiste en exponer la articulación de la máquina gubernamental (aquella máquina constituida por la polaridad entre soberanía y gobierno, entre una norma trascendente y un orden inmanente, y en cuyo campo se pone en juego la captura de la vida) y los dispositivos de la gloria. En palabras de Agamben, de lo que se trata es de trazar “una genealogía teológica de la economía y del gobierno” (10).

Profundizando en esta última línea de investigación, cobra total inteligibilidad la aparición del reciente libro El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos (2013), publicado por la editorial argentina Adriana Hidalgo y traducido al español por María Teresa D’Meza (quien ya ha traducido otras obras del autor para la misma editorial). Este nuevo escrito, breve en extensión pero proteico en sus desarrollos con ceptuales, es una aguda intervención filosófico-política sobre un tema de actualidad, a saber, la reciente abdicación del papa Benedicto XVI.

Estructurado en tres partes, la primera de ellas, “El misterio de la Iglesia”, es un intento de interpretación del hecho, a primera vista extraordinario, que conmocionó al mundo el pasado 20 de febrero de 2013: la renuncia de Joseph Ratzinger al cargo de Sumo Pontífice y Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano. Por medio de una reconstrucción genealógica de la problemática naturaleza del poder eclesiástico y de su articulación respecto del poder político profano, Agamben revisita en este apartado las posiciones teológico-políticas de Ticonio y San Agustín, para poner en escena la temática teológico-política que los convoca a ambos en sus diferencias, ¿tiempo del fin o fin de los tiempos? De este modo, recuperando algunos cuestionamientos escatológicos más tradicionales, Agamben logra hacer del acto singular de la abdicación de Benedicto XVI (hecho que encuentra un único antecedente en la historia siete siglos antes en la figura de Celestino V) la ocasión para el despliegue de una breve investigación que va más allá del contexto y la tradición teológica y eclesiológica que le es propia, con lo que rehabilita un problema político mayor, clave de las democracias actuales: el problema de la justicia, la legalidad y la legitimidad.

Plagado de referencias históricas, pero imbuido, al mismo tiempo, de interpelaciones novedosas que surgen únicamente del hecho de tratar de dar respuesta a preguntas de este tiempo, la primera parte del libro invita a dialogar con algunas de las obras anteriores del autor, sobre todo con aquellas que versan sobre las temáticas de la ley, la norma y la excepción, así como con aquellas otras que ponen el acento en el mesianismo y la escatología como vías de acceso señaladas para pensar la política.

“Mysterium iniquitatis. La historia como misterio”, es el título de la segunda parte del libro. Allí se reproduce el texto inédito de la conferencia pronunciada por Agamben en Friburgo, Suiza, el 13 de noviembre de 2012, cuando le fuera entregada la distinción honoris causa en teología. En esta sección se retoman muchos de los interrogantes de la primera parte, pero con el énfasis puesto en la pregunta que indaga sobre “el significado político del tema mesiánico del fin de los tiempos, hoy como veinte siglos atrás” (5).

Articulada a partir de una lectura y comentario del célebre escrito paulino conocido como la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, este apartado analiza el alcance y el significado de la sentencia mysterium iniquitatis (misterio de la anomia – “Mystérion tês anomías en la Vulgata se traduce como Mysterium iniquitatis” (36)–). Orientado por tal fin, Agamben despliega de manera complementaria una breve exposición sobre la concepción paulina del tiempo mesiánico, “del tiempo histórico, si es cierto que la escatología no es sino una abreviación o un modelo en miniatura de la historia de la humanidad” (43). De esta manera, por medio de una reconstrucción general de la relación entre los dos principios que estructuran la iglesia cristiana: entre la oikonomía –la acción salvífica de Dios en el mundo y, por ende, en el tiempo– y la escatología –el fin del mundo y el fin del tiempo–. Lo que aquí está en juego para el autor es una redefinición de la acción política en todas sus dimensiones, redefinición que se vuelve no solo posible sino también necesaria tanto en la esfera profana como en la teológica.

Cierra el volumen un apéndice en el que se presentan las traducciones de los fragmentos que han sido trabajados en las dos primeras partes del libro. El primer texto es la “Declaración de Celestino V”, por medio de la cual este Papa abdica a su investidura de Sumo Pontífice en diciembre de 1294. Le sigue la carta que, persiguiendo los mismos fines, presentara Benedicto XVI ante la sede vaticana en el 2013. A continuación se encuentran la segunda y la séptima regla del Liber regularum de Ticonio, mientras que cierra esta tercera y última parte el capítulo 19 del Libro XX del texto agustiniano De civitate Dei, que comenta algunos de los versículos de la Segunda Epístola a los Tesalonicenses.

Texto breve e interesante, este nuevo material se presenta como una referencia inevitable para aquellos que se dediquen a trabajar la filosofía agembeniana, así como para quienes investiguen esa zona fronteriza que tan bien ha sabido delimitar el autor, en la cual se cruzan de un modo nada caprichoso política y teología, pero también economía, estética e historia. Con una prosa delicada y plagado de cruces conceptuales e indicaciones filosóficas que remiten a temáticas trabajadas por el pensador en publicaciones anteriores, este libro es, entre otras cosas, una excelente invitación a no olvidar la importancia que tiene para el pensamiento filosófico el reconocimiento de estar siempre (aunque a veces se lo niegue) interpelado por el propio tiempo histórico. De hecho, El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos bien puede ser pensado como una intervención filosófica certera en la arena política del tiempo actual, que expone, a partir de la singularidad de una decisión histórica particular que ilumina la problemática del fin, una vía posible para la comprensión del entramado de ese fenómeno tan complejo y que parece obsesionar al autor: el funcionamiento de la máquina política de Occidente.

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Fuente: Espinosa, María Luciana, Agamben, Giorgio. El misterio del mal. Benedicto XVI y el fin de los tiempos. D’ Meza, María Teresa (trad.). Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2013. 83 pp. En Ideas y valores, vol. LXIII, n°155, agosto, 2014, Bogotá, Colombia.

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