Sergio González Araneda / La pandemia, el mundo y los cuerpos

Filosofía, Política

La tematización sobre el cuerpo, lo corpóreo y la corporalidad ha sido fundamental para el desarrollo de la filosofía. Desde la antigüedad clásica griega, hasta la modernidad, el problema del cuerpo fue fundamental para el pensamiento, pues no solo implicó diferencias en las comprensiones ontológicas y epistemológicas, sino que su tematización conducía irrevocablemente a la teorización política y todo aquello concerniente a la libertad en los individuos y las sociedades.

Podemos sostener que la tematización sobre la constitución del cuerpo como tal encuentra un estudio profundo y sistemático recién a comienzos del siglo XX, específicamente con la fenomenología de Edmund Husserl y la distinción entre cuerpo vivo (Leib) y cuerpo material (Körper). La fenomenología resultó ser un re-descubrimiento del mundo en su sentido más profundo, es decir, un volver a nacer en y por la existencia. En este sentido, los primeros estudios sobre el cuerpo que realizó Husserl se relacionan a la constitución ontológica del sujeto. Efectivamente, se sostiene que el yo “tiene una cosa material como su cuerpo porque éste está animado, esto es, porque el sujeto tiene vivencias anímicas que […] son uno con el cuerpo” (Husserl, 2014: 160).

A partir de estas breves palabras, el problema del cuerpo no se resolverá a la manera cartesiana, esto es, como una suposición de tipo epistemológica, ni tampoco siguiendo la clásica vía platónica, donde el cuerpo sería una especie de degradación ontológica. Esta vez, la tematización sobre el problema del cuerpo se inscribe como una situación-en-el-mundo, como una modalidad tempo-espacial e imaginal de desplegarnos en la existencia.

El giro fenomenológico sobre el problema del cuerpo (impulsado por Maine de Biran), reclama absoluta vigencia en nuestros días, ya sea por las necesarias e insoslayables revueltas sociales, ya sea por la operatividad de la pandemia del COVID-19. En cualquier caso, habitamos un escenario que nos interroga y pone en cuestión el estatuto del cuerpo, a la vez que devela una nueva expresión de lo contingente, de aquello dado, lo que Berardi llamó una “fenomenología del fin”.

Ahora bien, la fenomenología del cuerpo, en especial su deriva francesa, ha comprendido la cuestión por medio de lo que podríamos denominar una relación develador-develado. Pues la constitución corporal es justamente el medio por el cual es posible significar situadamente el mundo, como acontecimiento originario, a la vez que designa una vivencia aún más fundamental, a saber, mi existencia y la de otros. Sartre sostendrá que “mi cuerpo es a la vez coextensivo al mundo, está expandido íntegramente a través de las cosas y al mismo tiempo concentrado en este punto único que todas ellas indican y que soy sin poder conocerlo” (Sartre, 1993: 345). Por tanto, el cuerpo es el acceso senso-perceptivo por el cual significamos la realidad, a la vez que significamos encarnadamente la dimensión intersubjetiva.

Una teorización considerablemente más acabada y profunda sobre el cuerpo la ha realizado Merleau-Ponty, quien inicialmente señala que “el contorno de mi cuerpo es una frontera que las relaciones ordinarias de espacio no franquean” (Merleau-Ponty, 1996: 115). Es decir, aquello corpóreo es un enfrentamiento entre la espacialidad del medio y lo visible -en tanto finitud material.

Más adelante nos encontramos con una definición fundamental sobre la comprensión del cuerpo: “En el mismo instante en que vivo en el mundo, en que estoy entregado a mis proyectos, a mis ocupaciones, a mis amigos, a mis recuerdos, puedo cerrar los ojos, recostarme, escuchar mi sangre palpitando en mis oídos, fundirme en un placer o un dolor, encerrarme en esta vida anónima que subtiende mi vida personal. Pero precisamente porque puede cerrarse al mundo, mi cuerpo es asimismo lo que me abre al mundo y me pone dentro de él en situación” (1996: 248).

Estas últimas palabras son fundamentales y tensionales respecto a nuestra actualidad. Como hemos advertido, la constitución del cuerpo se encuentra mediada tanto por condiciones espaciales, temporales y significativas. En efecto, el cuerpo es el modo en que habitamos y nos encontramos en la existencia, en la actualidad de la existencia. No obstante, el cuerpo no solo es medio, sino también posibilidad, esto es, agente de transformación del medio espacio-temporal. Y es transformación en la justa medida que la carne del cuerpo (visibilidad) deviene imaginación del cuerpo (invisibilidad), imaginación de la carne que en su despliegue imaginativo no hace otra cosa que rebasar su propio modo de ser-en-el-mundo.

En Fenomenología del fin Berardi nos coloca sobre un nuevo escenario de comprensión del cuerpo, su medio de sensibilidad y su potencia de sensitividad a la luz del espacio y el modelaje conductual que ha devenido en una nueva digitalización y virtualidad de la vida. Allí leemos: “nada está llegando a su fin en realidad; más bien se está disolviendo en el aire y sobreviviendo en una forma diferente bajo apariencias mutadas” (Berardi, 2017: 10).

Las palabras de Berardi son esclarecedoras para la nueva significación de nuestros cuerpos en el contexto de la pandemia. Lo que comprendimos como medio, se ha vuelto definitivamente transformación, pero no porque ha cambiado su operación sobre el mundo (significar y ser significado), sino más bien porque ha modificado su modalidad en la que se encuentra(n) nuestro(s) cuerpo(s). Ahora, el encuentro corporal, representaría un medio de propagación y contagio del virus, por lo que, antes de un lugar corporalmente habitado (Körper), nos encontramos interactuando digitalmente como cuerpos virtuales, como imágenes interconectadas unas con otras.

Lo que viene a mostrarnos este nuevo escenario no es una ruptura y finalización de nuestra creencia de vida, sino más bien evidencia la necesidad de (re)pensar el cuerpo desde una nueva perspectiva, ya no como exclusivo medio mundanal (lo que conduce a una necropolítica y una necroeconomía), sino como instancia de superación, de transformación imaginativa de la carne. De este modo, nuestra situación obliga a pensar al cuerpo como productor de su propia liberación (Guattari, 1973).

El cuerpo “no es nada menos, pero tampoco nada más, que condición de posibilidad” (Merleau-Ponty, 1964: 211). Desde este lugar, la imaginación del cuerpo y su virtualidad se tematizan como potencia creativa que sobrepasa limitaciones previas, para devenir en un nuevo modo de inscribirse en un medio determinado y un nuevo sentido para relacionarse con otros cuerpos. Esto implica una ruptura definitiva respecto de la inclinación a teorizar el cuerpo desde perspectivas ontológica y epistemológica, para abrir paso a la comprensión estética y destituyente de los cuerpos.

La pandemia, el confinamiento, la digitalización del medio, la virtualidad de la presencia, han devenido en una nueva narrativa de lo corporal. El cuerpo ya no solo es una constitución cárnica, material, física; antes que eso, el cuerpo es presencia imaginativa que se re-presenta virtualmente en nuestras pantallas: “Mi cuerpo es, por tanto, en el conjunto del mundo material, una imagen que actúa como las demás imágenes, recibiendo y dando movimiento, con esta única diferencia quizá: que mi cuerpo parece escoger, en cierta medida, la forma de devolver lo que recibe” (Bergson, 1997: 76).

La pandemia, el mundo y los cuerpos se han re-escrito en tanto comprensión del medio, interacción corporal y situación habitable. Han devenido en una nueva forma de ser-virtualmente-en-el-mundo, mundo que a su vez reclama su propia virtualidad. Como tal, el manto de problemas que se desprenden de una nueva comprensión sobre lo corporal es enorme, pues los modos de existencia son ocupaciones del espacio y el tiempo, y cada uno de esos modos condiciona y determina el espacio y el tiempo que ocupa. La virtualidad corporal no solo se articula por ambas condiciones, sino también (y necesariamente) se despliega como imaginación, como potencia imaginativa y (re)crea el mundo estéticamente, como una nueva imagen, como un nuevo fin.

Referencias

Berardi, Franco. (2017). Fenomenología del fin: sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra.

Bergson, Henri. (1997). Materia y vida. Barcelona: Ediciones Altaya.

Husserl, Edmund. (2014). Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro Segundo: Investigaciones fenomenológicas sobre la constitución. México: Fondo de Cultura Económica.

Merleau-Ponty, Maurice. (1996). Fenomenología de la percepción. Barcelona: Península.

Merleau-Ponty, Maurice. (1964). El filósofo y su sombra. En Signos. Barcelona: Seix Barral.

Sartre, Jean-Paul. (1993). El ser y la nada. Barcelona: Ediciones Altaya.

Guattari, Felix. (1973). “Para acabar con la masacre del cuerpo”. Recherches, n°12.

Imagen principal: Pixel Pancho, Pandemia, 2020

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Un comentario en “Sergio González Araneda / La pandemia, el mundo y los cuerpos

  1. Bien. Y yo agregaría » medios cuerpos virtuales» , ya que la mayoría de nosotra/os solo participamos de la vida virtual mostrådonos del ombligo para arriba.

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